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La libertad de panorama es un término derivado de la palabra usada en la legislación alemana para definir la excepción que autoriza a las personas a hacer fotografías o crear imágenes (como pinturas, etc.) de edificios, esculturas y otras obras que estén situadas de manera permanente en lugares públicos, sin infringir por ello los derecho de autor de esas obras y publicación de las imágenes. La libertad de panorama supone una limitación de puro sentido común que evita que los propietarios de las obras tomen acción legal por violación de derechos contra el fotógrafo, o cualquier otra persona que distribuya la imagen resultante. 

En el mundo, la libertad de panorama existe como tal en una amplia mayoría de países. En otros países, tales como Francia, Italia, Bélgica, Islandia, Grecia, las repúblicas bálticas, Arabia Saudí y algunos más, la libertad de panorama no existe como tal… pero en la práctica, a poco les importa. En realidad, es uno de esos derechos que han sido tomados por asalto por el progreso de la tecnología: a partir del momento en que tomar una fotografía es algo que todos podemos hacer en cualquier momento, y hacerla pública es un acto que llevamos a cabo mediante unos pocos toques del dedo sobre la pantalla, la realidad es que hablamos de una restricción que en muy pocas ocasiones se ve llevada a la práctica. Si alguien en algún momento pretende venir a intentar restringirme el uso de la imagen de la torre Eiffel que acompaña este texto y pretende cobrarme derechos de autor a favor de los herederos de Gustave Eiffel, mis carcajadas, emitidas desde el centro de la península ibérica, van a poderse escuchar en la misma torre Eiffel sin necesidad de megafonía.

¿De dónde viene, entonces, la preocupación por la libertad de panorama que estamos presenciando en las últimas semanas? ¿Qué lleva a tantas personas que jamás habían siquiera escuchado el término ni se habían planteado si podían o no hacer fotografías a un monumento a significarse en favor de algo así? Sencillamente, en mi opinión, una interpretación excesivamente literal de algo que, a día de hoy, simplemente ya no tiene sentido. ¿Realmente tendría la Wikipedia que eliminar todas las imágenes de lugares públicos en caso de no consagrarse por ley la libertad de panorama? ¿Supone realmente el nuevo paquete legislativo sobre derechos de autor en Europa un ataque a la libertad de panorama que vaya a dar lugar a algún tipo de cambio en nuestros usos y costumbres?

En mi modestísima opinión (insértese aquí la habitual precaución que los norteamericanos resumen con el acrónimo IANAL, “I Am Not A Lawyer”, o “no soy abogado”), no es así. Mi impresión es que, en realidad, hablamos más de un problema artificial, de una idea que ha sido introducida en el paquete legislativo por su autora, Julia Reda, más como una distracción sin importancia o como una consecuencia no prevista y, en cualquier caso, con escasa importancia real. Julia es, actualmente, la única europarlamentaria del Partido Pirata. Es sin duda una persona brillante, como lo demuestra el hecho de haber conseguido posicionarse como la autora del paquete legislativo que revisa las leyes de propiedad intelectual en Europa. Que sea Julia y no otra personas la que escriba el borrador de ese proyecto de ley es algo indudablemente positivo para todos: no solo es una especialista en propiedad intelectual, sino que además, sus tesis están mucho más próximas al revisionismo y a la adaptación a los nuevos tiempos y al redefinido entorno tecnológico que vivimos que a un hipotético conservadurismo o continuismo que habría cabido esperar de la inmensa mayoría de eurodiputados en otros grupos parlamentarios.

En todo el paquete legislativo, que supone un indudable avance en la concepción e interpretación de los derechos de autor a nivel continental, la libertad de panorama es simplemente un fleco. Y en mi opinión, un fleco sin importancia. El hecho de que sea la propia Julia la que lo subraya y lo trae a colación en su página responde únicamente a que, seguramente, esperaba que ese tema pasase sin ningún tipo de problema la fase de enmiendas, y en su lugar, se ha encontrado con la férrea resistencia de un eurodiputado francés, Jean Marie Cavada, que supuestamente pretende que el estándar francés sea aplicado al resto de Europa para protegernos de la voracidad y pujanza de gigantes tecnológicos como Facebook o Wikimedia. Las razones de esta persona para enmendar algo como la libertad de panorama no están del todo claras, pero no parecen especialmente fundamentadas en la realidad ni, de nuevo en mi opinión, especialmente preocupante. De hecho, tengo mis dudas de que el propio Jean Marie Cavada haya realmente pretendido establecer restricciones a la libertad de panorama en Europa durante el debate, y me inclino más a pensar que quiera simplemente dejar la libertad a los estados miembros de oponerse en determinados casos puntuales. Me parece, simplemente, una supuesta restricción que quedaría tan diluida en la ulterior transposición legislativa a los estados miembros que carecería de impacto alguno. ¿Quién sería el que ejercería el supuesto derecho que forzaría a la Wikipedia a eliminar sus imágenes? ¿Quién se supone que nos perseguiría para que no publicásemos nuestras fotografías de Notre-Dame, de la torre Eiffel, de la catedral de Colonia, de la fachada del Obradoiro o de la mismísima torre de Hércules en las redes sociales? Sinceramente, quiero conocer al que pretenda intentar algo así.

¿Debemos protestar ante el intento de homologar la libertad de panorama con los países más patentemente absurdos en este sentido, con los que poseen marcos legislativos que nadie realmente podría poner en funcionamiento en los tiempos que vivimos? Por supuesto. Protestar hasta quedarnos sin voz. Firmar peticiones en Change.org. Escribir a nuestros representantes, hacerles ver que todo el asunto es una soberanísima estupidez y que no hay ni por donde cogerlo. Que es simplemente una torpeza legislativa que no va a ningún sitio, y que resultaría completamente anacrónica en caso de volverse a legislar en pleno 2015. Pero… ¿realmente nos jugamos algo en ello? Con sinceridad… creo que no. Creo que este debate no va a ningún sitio, que proviene únicamente o bien de una estrategia de distracción puesta en marcha por Julia Reda para evitar que la discusión se centre en otros temas mucho más importantes, o de una torpeza o exceso de inocencia a la hora de plantear su paquete legislativo. Mi impresión, que por supuesto admite todo tipo de posiciones en contra como no podía ser de otra manera, es que este debate no resiste ni el primer asalto, y que incluso aunque la situación se diese la vuelta y toda Europa sufriese una absurda restricción de la libertad de panorama, estaríamos hablando de algo que no tendría ningún tipo de consecuencia real. Tanto yo como todos vosotros vamos a seguir publicando todas las fotos que nos salgan de nuestros santos objetivos, del mismo modo que vamos a demonizar y crucificar a todo aquel que pretenda eliminar una sola foto de nuestra sacrosanta Wikipedia. ¿Qué es lo siguiente? ¿Tener que pedir permiso expreso a todos los integrantes de una multitud para poder publicar una fotografía en la que aparecen? Las leyes que más desgastan a los gobiernos son aquellas cuyo cumplimiento resulta sencillamente imposible.

¿Defender la libertad de panorama? Sí, y mil veces sí, porque no hacerlo iría en contra de toda lógica. ¿Preocuparnos por ello? Sinceramente… creo que no. Que todas las batallas sean como esta.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Should we really be worried about freedom of panorama?

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Enrique Dans :