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Taggeando a Miss Daisy

Una noticia en la BBC, comentada también en The Register, comenta unas declaraciones del Ministro de Ciencia del Reino Unido, Malcolm Wicks, en las que opina positivamente sobre el tagging electrónico de personas mayores con problemas de demencia senil, Alzheimer y enfermedades afines que pueden provocan pérdidas de memoria, desorientaciones espacio-temporales, dificultades en el habla y otros problemas relacionados.

El proceso se llevaría a cabo únicamente con el permiso de los afectados o de sus familiares más cercanos, y se comenta que podría utilizar posiblemente el mismo tipo de sistema utilizado por el sistema penitenciario del Reino Unido para arrestos domiciliarios desde 1999, con el fin de evitar la saturación de las prisiones: una pulsera en el tobillo provista de una etiqueta RFID que es detectada por una estación base situada en un teléfono, y permite el libre movimiento de la persona en un área determinada predefinida. No tengo claro que dicha tecnología resulte demasiado idónea, dado que en el caso de la persona mayor en muchos casos no se trata tanto de que exceda los límites de un área determinada, como de poder localizarlo en caso de haber presuntamente desaparecido, por ejemplo, durante un paseo por el barrio. De hecho, se barajan otras posibilidades que me parecen más razonables, como el seguimiento mediante GPS (que también fallaría si la persona se pierde en un interior, algo relativamente habitual (zonas de tiendas, shopping malls, el mercado…) Posiblemente lo más adecuado puedan ser sistemas de geolocalización basados en triangulación mediante telefonía GSM, pero seguro que hay expertos en el tema que pueden dar una mejor asesoría al respecto.

Resulta interesante el balance entre las lógicas precauciones derivadas de la evocación del Gran Hermano de Orwell, y las necesidades de determinados colectivos. En este caso, la demencia senil en sus variadas manifestaciones afecta a unas setecientas mil personas en el Reino Unido, una de cada ochenta y ocho. Entre personas de más de sesenta y cinco, la probabilidad de padecer demencia senil, incurable, es de una entre veinte, probabilidad que asciende a una entre cinco cuando se superan los ochenta.

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Enrique Dans:
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