Artículos sobre control
¿Está tu empresa en la edad de piedra digital?
Escrito a las 11:36 am
Un artículo en Business Week, “Go ahead, use Facebook: Unilever tries bridging the tech divide“, me llama la atención sobre uno de los temas que comento habitualmente en clases y conferencias: la amenaza que supone para las compañías que su entorno tecnológico corporativo se convierta en algo que recuerda a la Edad de Piedra con respecto, sobre todo, a las percepciones que tienen colectivos como empleados, posibles nuevas incorporaciones, clientes, socios, etc.
El artículo comenta lo ocurrido en Unilever, una empresa que notaba el efecto de la desactualización de su informática corporativa de una manera tan brutal, que empezaba a tener problemas de disciplina interna, sobre todo entre las nuevas incorporaciones: personas acostumbradas a mantener toda una vida digital en redes sociales, mensajería instantánea, movilidad, etc. y que de repente se veían atados a una serie de prácticas profundamente restrictivas. En algunos casos, la reputación de una compañía en este sentido puede convertirse en una verdadera rémora a la hora de atraer talento, o simplemente en una fuente de mala imagen, efecto que Unilever ha pretendido evitar nombrando a una persona responsable de “evangelizar” a la compañía, sobre todo a aquellos nacidos antes de 1985.
El efecto de las nuevas tecnologías lleva a la creación de colectivos claramente diferenciados: mientras para unos la red resulta un complemento prácticamente indispensable en sus vidas, otros lo ven como un conjunto de extravagancias peligrosas y dignas de personas que sufren algún tipo de trastorno en sus prioridades y escalas de valores. El problema, claro está, es que mientras los primeros están en su gran mayoría iniciando su vida laboral y resultan además indispensables para entender a una parte cada vez más significativa del mercado, los segundos están en muchos casos en fases de madurez o, cada vez más próximos a la jubilación: la pura y simple evolución demográfica favorece la progresiva implantación de los avances tecnológicos implantados en los colectivos más jóvenes.
En muchos casos, las restricciones provienen de visiones del propio Departamento de Sistemas: personas a las que en muchos casos se mide por parámetros casi únicamente relacionados con la estabilidad de los sistemas son, lógicamente, conservadores por naturaleza, porque toda novedad es susceptible de perjudicar a la misma. Visiones estrechas de las tecnologías de la información, muchas veces impulsadas por una alta dirección convertida en “generación perdida”, que entienden la tecnología como un recurso que solo puede ser utilizado para la labor productiva, negando la evidencia de que el trabajador es una persona que se informa, que se relaciona y que no se limita a pensar exclusivamente en el trabajo las ocho horas que se le supone dedicado a él. Directivos anclados en los oscuros tiempos del más ferviente taylorismo. Empresas que, como en esta noticia de anteayer en El Ideal de Granada, limitan el acceso a Internet de sus empleados “para que no pierdan el tiempo navegando”, censuran páginas concretas, o monitorizan las actividades de sus empleados en la red haciendo pagar a justos por pecadores, y dando lugar a un negativo clima de desconfianza que en nada ayuda a las relaciones laborales, a la captación de talento o a la imagen de la empresa en general. La dirección de las empresas se justifica diciendo que combate los abusos, que los hay como en todo, pero… ¿justifican esos abusos el establecimiento de esa especie de “ley marcial”, de un clima de restricción generalizado?
¿Está tu empresa en la edad de piedra digital? ¿Te censuran, te vigilan o te sancionan de manera injustificada en función de tu relación con la tecnología? ¿Puede un “nativo digital” aspirar a sentirse cómodo en tu empresa, o se vería como si lo hubiesen soltado de golpe en medio del Paleolítico? ¿Qué elementos percibes en la política tecnológica de tu empresa que te llevan a pensar que está diseñada por trogloditas tecnológicos?
Google Reader Share with Friends: parecía una buena idea
Escrito a las 7:28 pm
Hay cosas que en su momento, podemos decir que parecían una buena idea. Sin duda, cuando las mentes pensantes de Facebook crean Beacon, no piensan que eso va a provocar oleadas de protestas, mala prensa, acusaciones de falta de respeto por la privacidad de los usuarios, e incluso bajas en el servicio. Por eso, tan importante como desarrollar un nuevo servicio, es aprovechar el inmediato feedback que proporciona la red para dar marcha atrás o corregir el tiro cuando es preciso, evitando así males mayores.
Esto mismo es lo que Google no está sabiendo hacer con Google Reader Share with Friends. Algo que inicialmente parecía una buena idea, permitir que tus amigos en GMail o Google Talk puedan ver tus suscripciones en Google Reader (y viceversa), que se convierte, debido a la ausencia total de sistemas de control en el lado del usuario, en un infierno de reclamaciones no atendidas, protestas y bajas en uno de los servicios de más crecimiento de Google. El tema está ya en sitios como Slashdot o TechCrunch, y sobre todo, en un interminable listado de airadas protestas en el foro de ayuda de Google Reader.
¿Dónde la ha liado Google? Simplemente, en el no ofrecer mecanismos de control sobre los datos del usuario. Sin duda, Google Talk es una buena herramienta, pero adolece de una cierta falta de control: en muchas ocasiones, aparecen contactos que simplemente están ahí porque has cruzado algunos e-mails con ellos, personas que son autorizadas para pasar del síncrono al asíncrono sin que aparentemente te hayan pedido permiso para ello. Además, en el listado de contactos de GMail o Google Talk puede haber personas de todo tipo, y no necesariamente con todas ellas te apetece compartir tus suscripciones de Google Reader. Las suscripciones que lees pueden revelar muchas cosas de ti mismo, desde tus intereses hasta tus tendencias políticas, y son en muchos casos un dato de ti mismo que deseas controlar. Para muchos usuarios de Google Reader, el Share with Friends se está convirtiendo directamente en una razón para abandonar el servicio.
La lección es clara: hubo una época en la que el usuario aceptada sin problemas perder el control sobre algunos de sus datos, a cambio probablemente de algún tipo de servicios que valoraba sobremanera. Ya no es así. En la Web 2.0, el usuario exige control sobre todo aquello que se haga con sus datos, incluyendo por supuesto algo tan sensible como con quién se comparten. Incumplir esa regla implica aumentar la cota de impopularidad. Google ha llegado con una idea, la ha impuesto directamente a los usuarios de una manera increíblemente desconsiderada (aparece directamente un día cuando entras en tu Google Reader, y ves ya en el fondo cómo se está llevando a cabo sin tu permiso), y no ha permitido prácticamente control sobre dicha función: la única manera de evitar la compartición es eliminar las suscripciones de la carpeta principal, y pasarlas a ocultas.
En realidad, la función no difiere demasiado de lo que otros lectores de feeds hacen: cualquiera puede entrar en Bloglines y ver cuáles son mis suscripciones públicas. Pero esto ha sido así desde el principio del servicio, no corresponde a ningún cambio de política, y sobre todo, no es tan directo como que de repente tus amigos (o ni siquiera amigos, sino simplemente contactos) puedan ver dichas suscripciones sin previo aviso. Es más un problema del cómo se hace, no tanto del qué se hace. Si unimos a ésto una escasa sensibilidad en un tema tan crítico para Google como la privacidad, y unas respuestas categóricas y decepcionantes a los comentarios y protestas, el tema se termina de liar, y acaba derivando en un problema.
Por el momento, el servicio está definido como “experimental”. Veremos que acaba haciendo Google con él.
A veces, uno recupera la fe…
Escrito a las 12:59 am
… estamos ante un momento de cambio de paradigma en el que lo viejo intenta poner trabas al futuro que ya está aquí, de manos de Internet, y por eso quiere controlar la red. Pero Internet se basa en el principio de intercambio libre de información. Los militares norteamericanos engendraron un monstruo llamado Internet. No dejemos ahora que nadie lo domestique.”
Pedro Martínez, Teniente Fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid
“Controlar Internet“, El País, 16 de Agosto de 2007.
Educación, trolls y netiquette
Escrito a las 10:45 am
En el PC Actual de este mes, ya en los quioscos, “Educación, trolls y netiquette“, un artículo introductorio que intenta reflexionar sobre el fenómeno del trolling en Internet y las dificultades que supone de cara al establecimiento de diálogo y al desarrollo de una genuina sociedad participativa sin caer en la censura.
“Los trolls son un mal necesario de Internet, una lacra, una enfermedad de la Web cuya incidencia irá probablemente disminuyendo a medida que aumente el nivel de cultura media del ciudadano, a medida que nos vayamos convirtiendo en habitantes de la Red. Con el tiempo, ignorar a un troll, no darle la más mínima importancia, considerarlo como una parte del ruido de fondo, una anomalía pasajera que será borrada en escasos minutos será algo tan embebido en nuestras costumbres habituales que ni nos daremos cuenta de que están ahí, y mucho menos nos plantearemos cómo gestionarlos”.
Patada en la puerta, en Libertad Digital
Escrito a las 11:01 pm
En mi columna de esta semana de Libertad Digital, titulada “Patada en la puerta“, mi opinión acerca de la mal llamada “Ley de Impulso de la Sociedad de la Información”, un proyecto de ley directamente antidemocrático, que parece hecha a propósito para, en lugar de impulsar nada, crear un ámbito que proteja y favorezca a determinados actores obsesionados con que en Internet se producen constantemente nosequé delitos flagrantes que resultan en muchos casos no ser ni flagrantes, ni tan siquiera delitos. Al final, delitos como el phishing y las farmacias ilegales, que deberían ser combatidos simplemente con educación, utilizados como excusa para intentar arrebatar a Internet la posibilidad de ser el foro de mayor libertad que el hombre ha podido crear en toda su historia. La crítica sigue los argumentos ya expuestos en esta entrada de hace pocos días, pero profundiza más en la vertiente e implicaciones políticas de este infausto proyecto de ley.
La triste obsesión por el control de Internet
Escrito a las 11:55 am

Pocas cosas hay más patéticas que la obsesión de los políticos que no entienden Internet por censurar sus contenidos. Mañana, día 27, concluye el plazo para presentar alegaciones al proyecto de Ley de “Impulso” de la Sociedad de la Información (interesante manera de “impulsar” nada), con el que el Gobierno pretende otorgar potestad a los organismos administrativos para clausurar páginas web sin necesidad de que medie para ello un mandamiento judicial. Una posibilidad que, sin ir más lejos, contraviene frontalmente las libertades garantizadas en la Constitución Española, en su Artículo 20.
Es, sin lugar a dudas, uno de los ataques más duros a la libertad de expresión que un Gobierno de este país habrá comentido nunca, al mismo nivel de medidas tan tristemente famosas como la “Ley Corcuera”, conocida como la ley de “la patada en la puerta”. Y por supuesto, aunque la red ha dado sobradas pruebas de su oposición a este proyecto de ley, los responsables (o mejor, “irresponsables”) de su puesta en marcha permanecen completamente al margen de lo que pueda decirse en un medio cuya naturaleza y funcionamiento no sólo desconocen, sino que además hacen gala de desconocer. Pretender controlar Internet, secuestrarlo como quien secuestra un periódico o una emisora de radio, es en sí un intentao tan patético como inútil. Como mucho, lograrán introducir ruido en el sistema, una serie de inconvenientes que habrá que saltarse de la mejor manera posible, engorros que obligarán a los responsables de determinadas páginas web a radicarse en servidores extranjeros, o a no considerar directamente opciones de hosting en nuestro país para evitar caer bajo el ámbito de aplicación de una ley tan injusta como arbitraria. Internet trata la censura como un daño al sistema, y se las arregla para buscar formas de evitarla. De la misma manera que ha ocurrido dentro del sector privado, en el que intentos de censura acaban dando como resultado un impacto mucho mayor de aquella información que se pretendía censurar, una ley como la que se pretende aprobar daría como resultado una amplificación de aquellos contenidos sujetos a una censura que pueda considerarse arbitraria
Esperemos que los Reyes Magos les traigan a algunos aprendices de censores y amantes del precinto un poco de sentido común. En el contexto político actual, sin duda, el menos común de los sentidos.
¡¡¡Hay que controlar la poesia!!!
Escrito a las 6:05 pm
Creo que es de responsabilidad cívica llamar la atención sobre este tema: me parece importantísimo, absolutamente necesario que se instauren de manera inmediata instrumentos de control y vigilancia sobre los poetas y la poesía. A ninguna mente poseedora de sentido común y en plenitud de sus facultades mentales escapa que una herramienta tan peligrosa y tan eficaz como la poesía, capaz de proyectar fácilmente equívocos y dotarlos de auténtica carta de naturaleza no debe, no puede bajo ningún concepto estar en manos de cualquiera que pueda tomar una hoja de papel, un instrumento de escritura, y escribir poesía así sin más, exponiendo al lector a su fortísimo poder de convicción y de transmisión de emociones. Hablamos de un arma terriblemente peligrosa. Claramente, se necesitaría algo parecido a lo que serían controles en cuanto al buen sentido y calidad de lo que se incorpora a un poema.
Por supuesto, no soy poeta ni sé prácticamente nada de poesía. Mi único contacto con la poesía se limita a haberme aprendido de memoria la “Canción del Pirata” cuando estaba en 4º de EGB. Pero vengo, opino, digo cuatro tonterías sobre algo de lo que no sé nada ni he sabido nunca, y me quedo tan ancho.
Y como yo no soy poeta,
le mando a usted a la puñeta,
señor Gamoneda.
“Control, contenidos y marabuntas”, en Libertad Digital
Escrito a las 2:15 am
En mi columna de esta semana en Libertad Digital, titulada “Control, contenidos y marabuntas“, toco el tema de los riesgos derivados de la aparición de determinado contenido en sitios sociales, al hilo que la intención de un juez italiano de pedir responsabilidades a Google por la difusión, a través de Google Video, de los malos tratos de los alumnos de un colegio italiano a un compañero con síndrome de Down.
Controlar Internet, columna en Libertad Digital
Escrito a las 1:50 am
Mi columna de esta semana en Libertad Digital se titula “Controlar Internet“, y explora las posiciones y actitudes de estamentos como las empresas, los políticos o los medios de comunicación con respecto a un medio como Internet, que convierte a sus hasta entonces pasivos espectadores, prácticamente couch potatoes, en personas activas, dispuestas a entrar en conversación, denunciar situaciones, intercambiar puntos de vista o producir material - mejor o peor - sobre nosotros, nuestros productos o nuestra empresa. ¿Interesa a políticos, empresas o medios de comunicación desarrollar un público objetivo así?
¿Qué come mi chaval?
Escrito a las 11:45 am
Mandar al chaval con dinero al colegio para que se compre la comida es un engorro. Lo pueden perder, se lo pueden robar, o le puede dar por gastárselo en vicios. Así que se desarrolla un sistema para darle una tarjetita monedero prepagada que sólo vale en la cafetería, y que se la compre él. Pero como este sistema puede hacer que se pongan ciegos a “comistrajear” en lugar de comer como dios manda, y acaben hechos unos ceporros, ahora el sistema incluye, a petición de los padres, la posibilidad de que los padres, en tiempo real, monitoricen lo que sus chavales han comprado, incluso aunque lo hagan en metálico, y les puedan abroncar duramente al llegar a casa por esas calorías de más… (vía Slashdot).
Vivir para ver. El sistema se llama MealPay, y en su web sólo admiten visitas con MSIE.










