Artículos sobre content-industry
John McCain, la propiedad intelectual y la justicia divina
Escrito a las 7:11 am
La oficina de campaña de John McCain se ha encontrado con un problema: varios de los vídeos de apariciones de candidato en televisión que tenían en su página, hospedados en YouTube, han sido eliminados, en virtud del cumplimiento de la DMCA, tras las correspondientes takedown notices de las televisiones en las que habían sido emitidos. Hasta aquí, todo normal: uno más de tantos excesos cometidos en virtud de una ley perniciosa que, al dictado del lobby de una industria de los contenidos de gatillo fácil, se aprobó para proteger los intereses de quienes aspiran a ser reconocidos como los únicos con derecho a crear.
El punto de “justicia divina” aparece al darse cuenta de que, por esas cosas de la política, el Senador McCain, hoy candidato, fue hace unos diez años uno de los impulsores activos de la aprobación de esa misma DMCA que hoy tan incómoda y molesta le resulta. La sensación continúa cuando revisas el programa de tecnología de John McCain (buena cosa que Obama haya convertido en norma el presentar un programa de tecnología), y te encuentras con que todas sus líneas generales siguen esa misma vocación, esa concepción de “economía de la escasez” y de contenidos como patrimonio exclusivo de unos pocos con derecho a gestionarlos: protección a ultranza de la industria de los contenidos por encima de todo, la visión talibán, de persecución de eso que llaman despectivamente “piratería”, la idea de propiedad intelectual como un activo industrial que hay que proteger de las hordas de bárbaros que la intentan robar. Ahora, McCain se encuentra con que en su programa electoral defiende a capa y espada a esa industria que le impide tomar su propia imagen emitida en una televisión, y reutilizarla para su campaña electoral, en uno de esos rizos absurdos y contra natura que suelen ofrecernos los planteamientos de un concepto tan inadaptado a los tiempos que corren como el de la propiedad intelectual. A McCain, la cámara no le ha tomado simplemente unas imágenes: le ha robado el alma. Y ahora, se niega a devolvérsela.
Con su pasado y su programa, ver ahora a los responsables de la campaña de McCain reclamando su derecho al fair use, una de las excepciones de la DMCA, está entre lo irónico, lo patético y lo ridículo. Es lo que tiene favorecer a quien no debes: que acabas tomando de tu propia medicina.
Hipocresía en la vida moderna
Escrito a las 11:40 am
Por mucho que nos hayamos acostumbrado a verlo de manera completamente natural, no deja de llamarme la atención la profundísima y patente hipocresía de la vida moderna. Hablo con frecuencia con políticos, con profesionales, con personas de la calle, y en todos los casos, a partir de un cierto nivel de uso de Internet, todo el mundo utiliza Internet para bajarse música, películas y básicamente lo que les viene en gana. Todo el mundo. De manera completamente natural. Con diferentes patrones de uso, unos más regulares, otros más intensos… el que “se lo bajó todo” durante una temporada de uso muy intenso pero ahora lo usa menos, el que lo hace de manera aislada, el que no lo desconecta en todo el día, el que no lo hace porque no sabe pero lo hacen sus hijos… No hablo necesariamente del P2P, de la mula ni del torrent: hablo de buscar en Google, de descargar videos de YouTube, de RapidShare y Megaupload, de pasar una canción por Bluetooth en el patio del colegio… hablo de que, en la red de hoy, los contenidos son tan, tan profunda y fácilmente accesibles en todo momento con un simple clic, que el que paga simplemente lo hace porque le da la gana. Que no digo que esté mal, me parece perfecto que alguien escoja iTunes o cualquier otro sitio de pago porque le apetece, porque no se quiere molestar en buscar o porque se siente más a gusto pagando, pero que la opción de descargar gratis está ahí y está accesible de manera ubicua es completamente real, es premisa cierta. Y a medida que pasa el tiempo y cuando ya tenemos la perspectiva suficiente como para apreciarlo, la facilidad es cada vez mayor.
La veracidad del argumento la compruebas cada vez que hablas, por ejemplo, con políticos. Todos ellos admiten, tras preguntarlo de la manera adecuada, que se bajan contenidos de la red por todo tipo de métodos. Ellos, sus hijos, sus amigos… todo el mundo que quiere y sabe hacerlo. Lo admiten, y si eres “de los que saben de eso”, hasta te preguntan dudas, trucos y sistemas que lo optimicen entre guiños de complicidad. Sin embargo, todos sin excepción se ponen la máscara a la hora de legislar: deciden ignorar la realidad, dan la espalda incluso a lo que conocen por experiencia, hablan de “piratería”, afirman que “es terrible”, que “pobrecitos artistas”, que “la música se muere”, que hay que “compensar a los creadores”, que se “destruye valor”… todas las mentiras habituales, una detrás de otra, como quien lee un guión malo. Al ser presionados por los lobbies de los artistas, de los editores, de los intermediarios de la propiedad intelectual o de esos que se hacen llamar “creadores” en modo excluyente como si el resto no lo fuéramos, los políticos ponen gesto contrito, esconden esos argumentos del tipo “es que tenéis que adaptaros a los tiempos” que en algún momento les pasaron por la imaginación pero que no terminaron de cuadrar bien, y se alinean para legislar estupideces inútiles y sin sentido como perseguir a los ciudadanos, anular derechos tan basicos como el de la intimidad, nombrar vigilantes a los prestadores de servicios de conectividad, cortar el acceso a la red, llevar a juicio a quienes hacen lo mismo que ellos, confundir términos interesadamente entre quien tiene ánimo de lucro y no lo tiene, etc.
La palabra es “estupor”. Por mucho que un político sea alguien a quien se paga por poner cara de “A” mientras dice “B” y piensa “Z”, el nivel de hipocresía y de falsedad al que hemos llegado es tan profundamente absurdo, tan de pastiche, de sainete, que por algún lado se tiene que romper. No podemos seguir aceptando sin pestañear que exista una industria que por un lado se aproveche de los creadores, de los que realmente generan el valor, mientras por otro pone en el mercado productos innecesarios y del siglo pasado, y además se lo lleven crudo por métodos tan simples como robarnos con permiso de la ley cada vez que compramos determinados productos. Que hacer dos clics en dos vínculos de mi navegador sea una acción ilegal, pero estafarme diez euros por una tarrina de CD que vale ocho no lo sea es un contradiós tan grande y tan absurdo que simplemente clama al cielo.
¿Somos todos conscientes de que todos esos argumentos sobre la propiedad intelectual son hoy en día basura incomestible, inútil en los tiempos que corren y que es preciso reescribir de arriba a abajo? ¿Que el Convenio de Berna se escribió en una época en la que Internet no existía, y hoy solo vale para legitimar que algunos se sigan enriqueciendo sin generar valor alguno? La respuesta es sí: son conscientes, del primero al último, incluyendo a políticos, artistas y hasta sociedades de gestión. Las discográficas y las productoras suben sus propios contenidos a las redes P2P para que circulen mejor y más rápido, pero todo da igual, aunque bajárselos de ahí sea presuntamente ilegal. Todo vale. Mientras dure, duró. Paguemos entre todos su negativa a reinventarse, que es más fácil seguir como estamos y eso de reinventar da mucha pereza. Sea injusto, sea absurdo, o tengamos que mantener el gesto hipócrita detrás de la careta, aquí lo importante es lo importante: que podamos cambiar las leyes a nuestro antojo mediante métodos tan viles y alucinantes como las “enmiendas torpedo” introducidas por la puerta de atrás (ironía intencionada) o que podamos chupar del bote noventa y cinco años en vez de cincuenta. Cada día que pasa, con cada nuevo intento de cambiar la ley, de redefinir la verdad, de recortar libertades o de anunciar el apocalipsis, se nos queda más cara de imbéciles, se nos agota el recurso a la sorpresa. Es contrario a la lógica, al sentido común, y a todo lo que se nos ocurra. Es, simplemente, la hipocresía en la vida moderna.
El argumento fundamental de la RIAA se hunde
Escrito a las 8:59 am
El re-examen del caso Jammie Thomas va a traer mucha cola: la Electronic Frontier Foundation (EFF) ha presentado una sólida argumentación que ataca directamente la línea de flotación de todos los casos en los que la Recording Industry Ass. of America (RIAA) ha presentado acusación por infracciones al copyright, incluyendo todos los casos en los que este cártel industrial ha denunciado a personas que, ante la carencia de recursos económicos para plantear una defensa legal, han tenido que recurrir al pacto extrajudicial.
La argumentación presentada por los abogados de la EFF es completamente sólida: el privilegio concedido mediante una licencia de copyright otorga la exclusividad en el derecho a “distribuir copias o grabaciones al público del trabajo sujeto a copyright”. Su infracción, por tanto, exigiría demostrar al juez que dicha distribución ha tenido lugar, lo cual va mucho más allá de demostrar a un juez que los archivos objeto de la denuncia se hallaban simplemente en un directorio compartido, en el que dichos trabajos no eran “sujetos a distribución” por parte del acusado, sino que eran simplemente “puestos a disposición” de terceros. Dado que la licencia de copyright no dice nada sobre los derechos exclusivos de puesta a disposición, sino únicamente de los de distribución, el hecho de poner una obra en un directorio o carpeta compartida no puede ser considerado una infracción al copyright: en ningún caso la acusación ha demostrado que tuvo lugar una transferencia de los archivos en cuestión iniciada por el denunciado, sino únicamente la presencia de los archivos en tales directorios o carpetas. “Poner a disposición” no es lo mismo que “distribuir”.
Además, la acusación no sólo tendría que demostrar que la distribución tuvo lugar, sino que debería hacerlo sin el concurso de sus propios agentes: la obtención de archivos por organizaciones como MediaSentry o las participadas por las propias discográficas no podrían ser consideradas como prueba, dado que, lógicamente, un derechohabiente no puede infringir su propio copyright.
Los argumentos suponen un auténtico torpedo en la linea de flotación de los “señores del copyright”, algo que sin duda podría traer mucha cola y abundantes contrademandas colectivas (class actions) reclamando la devolución del dinero injustamente cobrado por la RIAA mediante amenazas falsamente fundadas y no ajustadas a derecho, usando falsos argumentos legales a modo de chantaje. Y mientras esto se discute en los Estados Unidos, aquí en España, el lobby del copyright asociado en organizaciones como la Federación Anti Piratería (FAP) y otras, pretende convencer a la opinión pública de que una mentira repetida quinientas veces se convierte en verdad: que la descarga de contenidos de la red es un delito. Pues no, mire usted. Va a ser que no. Que yo tome una canción que no es mía, la grabe en un disco y distribuya y venda dichos discos es un delito, no cabe duda. Pero que yo me baje una canción para escucharla yo mismo, no lo es. Que no, que no es de recibo denunciar a los usuarios por bajarse contenidos cuando los mismísimos propietarios de esos contenidos están ellos mismos poniéndolos en las redes P2P como herramienta de marketing de los mismos, y cuando están además cobrando un canon aberrante e injusto para presuntamente compensar el efecto de los mismos. Ni piratas, ni chorizos, ni delincuentes, ni nada, únicamente usuarios haciendo un uso lógico y normal de la tecnología. No tenéis caso. No tenéis razón. No estáis defendiendo la cultura, porque nadie la está poniendo en peligro. Vuestro fallido modelo de negocio del siglo pasado no es nuestro problema.
¿Piratería? No me hagas reir…
Escrito a las 12:47 pm
Enorme la entrada de Pepe Cervera en su Retiario, “Contra Educación para la ‘piratería’“, en respuesta a uno de esos típicos artículos falsamente moralistas en El País, en esta ocasión de Jose María Irisarri, que pretenden tomarnos a todos por imbéciles y reacuñar los conceptos de “piratería”, “justicia”, “educación” y “propiedad intelectual” en la manera en que le interesa a los grandes intermediarios y parásitos de la industria de los contenidos.
Ya han pasado bastantes años desde que esto empezó. Bastantes años de demostración de que los equivocados son ellos: la música no se acaba, como apocalípticamente nos querían hacer creer, porque nos la bajemos de Internet. En estos años, hemos pasado de Napster a KaZaA, a la mula, al Torrent, o simplemente a búsquedas de descargas directas en Google… la tecnología ha mejorado tanto, que hoy en día tardamos menos en localizar y bajarnos un contenido, que en propiamente escucharlo o visualizarlo. Y aún así, la música está mejor que nunca - se produce más música y se distribuye infinitamente mejor - , hay músicos que viven mejor que antes porque aprenden a hacer que la red trabaje a su favor, y los únicos que se quejan son los inútiles intermediarios del pasado que se niegan a cambiar y que intentan mantener sus negocios mediante estupideces conceptuales como el canon, que empobrece al artista al hacerle pagar, en promedio, más de lo que ingresa…
No, señor Irisarri… La descarga de contenidos de la red no tiene NADA que ver con la educación. Para falta de educación, la suya al calificar erróneamente un comportamiento que es simplemente natural, normal, lógico y recomendable. Acceder a un recurso de la manera más eficiente es simplemente el fruto de una ley de mercado, de un comportamiento racional de los actores económicos: la ley no lo impide, porque no debe ni puede impedirlo, y por mucho que se empeñe en calificar usted como quiera a quienes lo hacemos, no cambiará la realidad. Ni yo soy un pirata por descargarme contenidos, ni por recomendar a otros que se los descarguen, cosa que hago además encarecidamente. Su propuesta de intentar deformar mentes infantiles convenciéndoles de su realidad alternativa es simplemente absurda, digna de quien no quiere ver más allá de su propia hipocresía: la descarga de contenidos es algo completamente difundido y aceptado socialmente, tanto que seguramente hasta su propia familia o la del ministro de Cultura lo hagan… y si no lo hacen, será porque les falta el nivel de usuario y de cultura mínimo imprescindible para ello, porque nada, nada hay ética o moralmente reprochable en ello, por mucho que se empeñe en proclamar lo contrario.
Vamos a seguir descargándonos contenidos, señor Irisarri. Todo lo que nos dé la gana. Y no va a poder usted evitarlo: ni usted, ni nadie, porque la tecnología avanza mucho más rápido que la capacidad de influenciar a los legisladores y a los políticos acerca de cosas que ni la misma lógica y sentido común sostienen. Hasta la famosa “vía Sarkozy” tan idealizada por su industria se está demostrando una absoluta estupidez inaplicable e ineficiente. El progreso de la tecnología no puede ser controlado ni regulado, gracias a dios, por su caduca industria. No es cierto que la descarga empobrezca a nadie, ni que haya que educar a nadie, ni que el gobierno deba perseguir a nadie… todo es mentira. La única verdad aquí es la negativa a evolucionar de una industria de los contenidos dispuesta a hundirse con su barco. Húndanse como y cuando quieran, pero déjenos en paz. Vamos a dejarnos de estupideces e hipocresías, señor Irisarri. Si su industria no quiere evolucionar y aprender a generar ingresos en el siglo XXI, como ya se ha demostrado que puede hacerse, no lo haga. Eduque usted a quien le corresponda, si es que puede y sabe, y déjenos a los demás en paz.
La RIAA fantasea con instalar filtros en nuestros ordenadores
Escrito a las 6:43 pm
Esto sirve únicamente para poder comprobar como de aberrante, depravada y deformada está la mente de algunos con respecto a Internet: veo a través de Ars Technica, “RIAA boss: Move copyright filtering from ISPs to users’ PCs“, como el jefe de la RIAA, Cary Sherman, ha comentado en una conferencia que el filtrado de los contenidos en la red para evitar lo que llama “piratería” deberá realizarse en el ordenador de cada usuario, porque realizarlo a nivel de ISP no serviría y llevaría a una guerra tecnológica por la encriptación de los contenidos para hacerlos indetectables, guerra que no hay posibilidades de ganar. Concretamente, las palabras de Sherman han sido
“One could have a filter on the end user’s computer that would actually eliminate any benefit from encryption because if you want to hear [the music], you would need to decrypt it, and at that point the filter would work”
“Habría que instalar un filtro en el ordenador del usuario final que eliminase el beneficio de la encriptación, porque si quieres escuchar [la música], tendrías que desencriptar, y en ese momento el filtro actuaría”
Y claro, como el propio Sherman se da cuenta de que seguramente no le resultaría muy sencillo convencer a los usuarios de que se instalasen ese filtro para “protegerse de esa temible música pirata”, sigue desarrollando la idea y sale con que sería algo que los ISP tendrían que instalar obligatoriamente en los módems o routers de sus clientes. Por supuesto, ignorando que un cliente podría comprar un dispositivo por su cuenta (a lo mejor pretende que estos filtros vayan incluidos de fábrica) o modificar el que le han dado para eliminar este filtrado…
Cuando le han vuelto a preguntar sobre sus sorprendentes declaraciones, la RIAA ha contestado que Sherman sólo estaba pensando en alto y divagando con respecto a una pregunta que le habían hecho. Y el caso es que para mí, lo verdaderamente preocupante no es que pretenda implantar semejante idea estúpida, sino simplemente el hecho de que se le pase por la cabeza algo así.
¿Se ha fumado algo especialmente fuerte y le ha sentado muy mal? No, simplemente es que es así, así funciona su cerebro. Y como él, muchos más en esa industria, y tristemente en la política también. Todavía creen que Internet es un sitio donde pueden campar a sus anchas, reinar por decreto, prohibir lo que no les gusta o perseguirlo todo. Es simplemente eso, un problema en la cabecita. Un defecto del animal.
¿Quién sube contenidos a las redes P2P?
Escrito a las 3:21 pm
Interesante tema al que llego a través de la Chica de la tele, y que viene a demostrar cómo las empresas de contenidos están jugando un papel activo en la llegada de sus propias producciones a las redes P2P: un ejecutivo de Warner TV confiesa haber sido él quien filtró el episodio piloto de Pushing Daisies al hijo de su vecino, un consumado usuario de redes P2P, con la intención de que llegase a dichas redes y beneficiarse de la difusión correspondiente (vía Boing Boing y AllYourTV). Indudablemente, en el caso de un episodio piloto de una serie que se está buscando promocionar, el efecto positivo de la difusión del mismo en las redes P2P resulta evidente, pero resulta interesantísimo ver la implicación directa de los estudios en el uso de la misma herramienta que insisten en demonizar, y hacerlo, además, con toda la doble moral habitual en estos casos: una política de tipo “que alguien lo haga, pero que no se lo cuente a nadie”.
Las declaraciones del ejecutivo en cuestión no dejan lugar a dudas:
“Well….to be specific, I didn’t upload it myself. But my neighbor’s kid loves swapping files through Usenet and Bittorrent sites. Actually, we’ve had a bit of an argument about it before. But I wanted to make sure the show got out there, and I didn’t see why I couldn’t help the cause. And (name withheld) was happy to do it, because he got a lot of…some kind of uploading credit. It allowed him to download other stuff he wanted.”
“Bueno… siendo preciso, no lo subí yo mismo. Pero el hijo de mi vecino adora compartir ficheros a través de Usenet y BitTorrent, algo sobre lo que hemos tenido discusiones anteriormente . Pero quería estar seguro de que el show llegaba ahí, y no vi porqué no podía ayudar a la causa. Y (nombre eliminado) estuvo encantado de hacerlo, porque así conseguía… cierto tipo de créditos por subida que le permitían bajarse otras cosas que quería. “
Y también resulta evidente la política del estudio al respecto:
My boss? Oh, God no. I mean… it’s a bit like the military’s ‘Don’t’ Ask Don’t Tell’ rule. I think a lot of people think in theory that getting a show out there ahead of time is a good idea (…) But it’s not like anyone I know would admit to that while they’re on the clock, and it’s not even something you would bring up seriously as a suggestion.”
¿Mi jefe? Oh, Dios, no. Quiero decir… es un poco como la regla de los militares, ‘no preguntes, no lo cuentes’. Creo que un montón de gente piensa en teoría que sacar un show ahí fuera antes de tiempo es una buena idea (…) Pero no es algo que nadie que conozca admitiría abiertamente, ni siquiera algo que llegarías a sugerir seriamente.”
Más claro, agua. Por un lado, se demoniza a los usuarios y a las redes P2P por ser la gran amenaza para el negocio, por otro se las utiliza como medio de promoción para sus productos. ¿Con qué cara van a ir ahora a os tribunales a denunciar a los usuarios por incurrir en un comportamiento que ellos mismos inician desde dentro?
¿Quienes son los piratas?
Escrito a las 3:01 pm
Muy interesante artículo largo en The Register, “How to enjoy media in any region“, en el que se detallan muchos de los trucos necesarios para poder saltarse protecciones regionales, ver contenidos grabados en diferentes formatos (PAL, SECAM y NTSC) y, en general, poder ver cualquier contenido estés en el lugar del mundo que estés. El artículo describe como en Dublín, donde nadie tiene la absurda sensación de estar haciendo algo ilegal por saltarse cosas como el Regional Coding Enhancement (RCE), los vendedores en los grandes almacenes te aconsejan sobre qué reproductor comprarte si tienes contenidos procedentes de otros países: cuáles son más fácilmente hackeables, cómo hacerlo, hasta el punto incluso de imprimirte unas instrucciones. La gran mayoría de los reproductores se fabrican en plantas enormes de las que salen máquinas uniformes que es preciso codificar posteriormente para una región determinada, para poder hacer así frente a la diferente intensidad de la demanda de cada región. Dicha codificación, específica para los contenidos de una región determinada, puede cambiarse habitualmente mediante procedimientos sencillos, que los fabricantes intentan mantener en secreto, pero que invariablemente siempre acaban siendo filtrados al exterior y apareciendo en sitios de trucos de Internet con solo buscar el modelo específico que se pretende hackear.
Se trata de un problema que cualquiera que haya vivido en un país de otra región de codificación durante un cierto tiempo ha tenido en su momento. Yo mismo, tras cuatro años de vida en los Estados Unidos con una hija que llegó con dos años y volvió con seis, tengo una ingente cantidad de contenidos en formatos que no podría reproducir de no contar con aparatos multinorma y trucos de ese tipo. Pero más allá del detalle de tener acceso a los trucos, conviene hacerse una reflexión un poco más profunda: una industria decide, unilateralmente, codificar sus contenidos de manera que se conviertan en “xenófobos”, que no puedan visualizarse en una región diferente a aquella en la que fueron vendidos. ¿Qué pretenden con algo así? Pura y simplemente, dificultar su movilidad, fragmentar los mercados artificialmente, crear ventanas de explotación, intentar que haya personas que tengan que comprarlos varias veces, y conseguir que una persona que haya adquirido legalmente unos contenidos no pueda reproducirlos tranquilamente en un aparato de su propiedad. Llegan incluso hasta el punto de conseguir declarar ilegal el que esa persona tome su aparato, de su propiedad, adquirido de manera completamente legal, y lo manipule para conseguir que reproduzca los contenidos de otra región… ¿Pero ésto qué es? ¿Qué forma de ganar dinero es esa? ¿Cómo puede cualquier persona de bien y con un mínimo sentido común aceptar algo tan patentemente absurdo e inmoral? Diseñar un sistema así es algo que únicamente puedes hacer si eres, sencillamente, un sinvergüenza, no calificable de ninguna otra manera. ¿Y esa industria, capaz de semejantes malas artes, es la que se atreve a llamarnos a nosotros “piratas”?
En un mundo completamente globalizado en el que los clientes tienen cada día una mayor movilidad, el sistema de codificación regional es algo que, además de ser una pura y simple desvergüenza, resulta ridículamente anacrónico. Una industria tan pirata como para diseñar algo así y, además, comprar voluntades políticas para conseguir convertir en ilegal su manipulación merece todo lo que le está pasando y mucho más. En el fondo, el P2P y la descarga de contenidos hay que verlo como el fruto de una auténtica “justicia cósmica” que pone las cosas en su sitio.










