El Blog de Enrique Dans

“Makers”, de Chris Anderson: un libro de los que hacen afición

Escrito a las 8:46 am
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A Chris Anderson tuve la oportunidad de conocerlo en el año 2006, cuando me tocó presentarlo en una charla en el Recommenders de Bilbao: acababa de publicar The long tail, un libro que me parece que ha jugado un papel muy importante en la comprensión de muchas cosas que hemos visto pasar a lo largo de los últimos años. Pues bien, su último libro, Makers, es de los que hacen afición. Y que lo califique como tal en el título de la entrada no es solamente una forma de hablar: a medida que lo lees, te entra una curiosidad enorme por probar cosas, por hacerlas, por experimentar. Llevaba bastantes años sin manejar un soldador… me compré uno hace unos días. Y entre eso, el Raspberry Pi, una placa Arduino y algunas cosas más que ya contaré en cuanto sean algo más tangibles, me he montado una especia de hacklab en casa que parece el laboratorio de Dexter (si me echan, no descartéis que no intente pedir asilo político en casa de algún lector habitual :-)

Pero el libro va mucho más allá de fomentar una afición que llevaba tiempo rumiando, y es mucho, mucho más ambicioso que la simple idea de la fabricación en modo hobby: habla de una auténtica transición histórica. De una transición comparable en su magnitud a la Revolución Industrial, de una verdadera fuerza transformadora en forma de continuación lógica que fluye como consecuencia de la transformación digital que va a redefinir la forma en la que hacemos muchas cosas.

La idea puede entenderse con una cita:

The digital revolution has been largely limited to screens. We love screens, of course, on our laptops, our TVs, our phones. But we live in homes, drive in cars, and work in offices. We are surrounded by physical goods, most of them products of a manufacturing economy that over the past century has been transformed in all ways but one: unlike the Web, it hasn’t been opened to all. Because of the expertise, equipment, and costs of producing things on a large scale, manufacturing has been mostly the provenance of big companies and trained professionals. That’s about to change.

El libro define de qué manera se está produciendo ese cambio. Los síntomas, los casos de éxito, las herramientas que lo están provocando, el open hardware, la reinvención de los procesos industriales en niveles que van desde el garaje a las enormes factorías de la industria de automoción, la evolución hacia la fabricación personalizada, las fuentes de financiación… el capítulo 10, “Financing the Maker movement”, dedicado entre otras cosas a Kickstarter es un auténtico bonus track, de esos que cualquier emprendedor o persona que se plantee llegar a serlo en algún momento debe leer.

En torno a este tema se están moviendo muchas cosas: impresoras y escáneres 3D, cortadoras láser, máquinas de control numérico, hardware abierto, electrónica… muchos conceptos que están generando auténticas caídas de barreras de entrada que habían permanecido ahí desde la Revolución Industrial, que impedían hacer demasiadas cosas si no se tenía una escala determinada. El libro provoca unas ganas enormes de asomarse al mundo de los hacklabs, donde muchas de estas herramientas se ponen a disposición de los usuarios junto con algo de adiestramiento en su uso. En mi caso, tuve la suerte, además, de que la exploración de estos temas coincidiese en el tiempo con la lectura del libro: el pasado lunes pude experimentar varias de estas tecnologías en el TechShop Detroit de Allen Park, una iniciativa financiada por Ford que define en muchos sentidos una de las frases que me llamó la atención en el capítulo 8 del libro, que permite ver cómo el cambio va mucho más allá del simple hobby y del fabricar estatuillas en plástico fundido, y que tiene todo un punto de gracia que te coincida leerlo cuando precisamente visitas Detroit:

There’ no manufacturing business like the car business. If that can be transformed, anything can. 

Desde el movimiento DIY, Do It Yourself, hasta modelos como Etsy, hasta llegar a las fábricas en la nube, al Alibaba.com de Jack Ma o a los nuevos planteamientos en la industria de la automoción, incluso con derivaciones macroeconómicas de calado sobre las ventajas comparativas de los países y el peso de la mano de obra en los procesos. Está pasando algo muy, muy gordo, y este libro me ha parecido una muy buena manera de entrar en contacto y de tener algo de criterio sobre ello. Puedes leer mis subrayados del libro en mi página de Kindle.com. Recomendación total y entusiasta. No digáis que no he avisado :-)

Dell Ophelia: la deconstrucción del PC

Escrito a las 12:27 pm
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Algo importante está pasando en Dell. Por un lado, fuertes rumores de cambios en la estructura y de una posible salida del NASDAQ de la mano de algún tipo de  management buyout. Por otro, un proyecto, Ophelia, con nombre inspirado en el personaje de Hamlet, y un aspecto completamente atípico para la compañía: un dispositivo de un tamaño no muy superior al de un disco USB, que enchufado a una pantalla y conectado por vía inalámbrica a la red y a un teclado permitiría la ejecución de prácticamente cualquier sistema operativo en la nube, y que se vendería a un precio final de unos cincuenta dólares.

Estrictamente, estaríamos hablando de un dispositivo ultra-compacto de conexión a la nube (ultra-compact cloud connection device) con un sistema operativo Android 4.1 Jelly Bean capaz de correr instancias virtualizadas de cualquier otro sistema operativo en un servidor en la nube. Un concepto que provendría de la reciente adquisición de Wyse, y que podría tener muchísimo interés como posible disrupción en este entorno. Que la compañía que llegó a ser en su momento líder del mercado de ordenadores personales terminase, en medio de una fase de profunda reestructuración y reinvención de sí misma, por sacar al mercado una especie de “anti-PC” o “deconstrucción del PC” por un precio de cincuenta dólares sería una forma enormemente poética de justificar el nombre del dispositivo. Imaginemos el potencial de reducción de coste para entornos corporativos de tener puestos de trabajo consistentes simplemente en una pantalla con conexión USB, un teclado Bluetooth y una WiFi.

Por el momento, poco se sabe de Ophelia más que la nota de prensa, una foto al lado de unas gafas como referencia de tamaño, una cita en Slashdot, y algunos artículos más en International Business Timesen Ars Technica o en Quartz que especulan sobre el tema. Pero parece claro que una Dell  reinventada y reestructurada, fuera del negocio de los smartphones y redefiniendo el entorno de la era post-PC con un movimiento así podría ser una compañía radicalmente diferente a la que conocemos. Y potencialmente, muy interesante.

 

ACTUALIZACIÓN (07/02/2013): Marimar Jiménez cita esta entrada en su artículo “Dell busca una identidad difícil“, publicado en Cinco Días al hilo de la operación de salida del NASDAQ de la compañías tras veinticinco años cotizando en él.

Las interesantes consecuencias de la era post-PC

Escrito a las 1:05 pm
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De acuerdo, las estadísticas de acceso a esta página no son representativas de la web en general: sus demográficos son muy característicos de un segmento de usuarios más avanzados, con mayor nivel de formación y con unos demográficos no comparables al total de la población. Pero con eso y con todo, me ha llamado la atención especialmente ver esta gráfica en mis estadísticas: si bien Internet Explorer hace ya mucho tiempo que no es el navegador más utilizado para acceder aquí, el que aparezca ya no como segunda ni tercera, sino como nada menos que ¡quinta opción! resulta particularmente curioso.

Dejando aparte la ya conocida y progresiva erosión de la cuota de mercado del navegador de Microsoft frente a Chrome o Firefox, la responsabilidad de la caída es una característica clara de lo que se ha dado en llamar “la época post-PC”: los tablets ya venden más que los ordenadores portátiles en las citas comerciales más señaladas, y se espera que a partir del último trimestre de este año ya pasen a superarlos en las cifras consolidadas sectoriales. La consecuencia es clara: en una página de contenidos, el crecimiento de accesos desde este tipo de dispositivos crece de manera muy pujante, y con él, crece el uso de navegadores como Safari, que revierte su tendencia a la baja al incorporar los accesos de un iPad líder de la categoría que redefinió, y de otros navegadores de otros tablets y dispositivos móviles que evolucionan hacia el duopolio. Al tiempo, un Chrome con versiones muy recomendables y bien optimizadas en todos los dispositivos mantiene su fuerte crecimiento, mientras, el navegador de Microsoft, carente de una línea de movilidad fuerte en la que apalancarse, pierde progresivamente importancia. Hasta los ex-directivos de Microsoft utilizan un iPhone, y los analistas hacen ya un primer recorte a las expectativas de ventas del Surface… a nada menos que la mitad.

Internet Explorer ha mejorado muchísimo sus prestaciones en sus versiones más recientes, ha dejado de obsesionarse con reinventar los estándares a su medida, y puede ser una opción perfectamente digna. El equipo de desarrollo de Explorer está entre los más eficientes y prestigiosos de la compañía, e indudablemente ha hecho un buen trabajo con el producto. Pero eso, ahora, ya no parece ser suficiente: además de tener un buen producto, tienes que lograr asentarte en aquellas categorías de dispositivos que de verdad marcan el crecimiento: tablets y smartphones, segmentos que pertenecieron originalmente a quien los reinventó, y que por el momento tiene a todos los efectos una sola alternativa, y a los que se irán uniendo otros dispositivos que pueden ir desde las consabidas televisiones hasta toda una amplísima gama que va desde las gafas a los automóviles. Son, sencillamente, las consecuencias de ir entrando en la era post-PC.

Hablando sobre Google, en ZoomNews

Escrito a las 10:26 am
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Aurora Muñoz, de ZoomNews, me llamó hace unos días para hablar sobre Google, su hegemonía y su posible crisis comentada como tendencia en un artículo de The Economist, y el pasado domingo publicó un artículo titulado “Google capea el temporal de críticas y ataques legales“, en el que me cita.

Mi tesis al respecto, que tengo desarrollada en una sesión que utilizo a menudo en mis cursos en IE Business School, es la de una supremacía de Google que dura ya más de una década, basada en haber definido las reglas de una web que pasó a ser de verdad una web social cuando empezó a organizar su funcionamiento mediante el sacrosanto algoritmo que toma como base los enlaces entrantes, el PageRank. Tomar como verdad universal y métrica aceptada de la relevancia lo que fuentes externas a la tuya dicen de tu contenido tiene muchas posibles connotaciones y no todas ellas correctas (¿Sensacionalismo como arma? ¿Poder de quienes publican contenidos y establecen vínculos frente a quienes no lo hacen? ¿Efecto “rebaño”?, etc.) pero sin duda ha sido el arma perfecta para la compañía: ayudada por una legión de SEOs que se dedican por un lado a proponer una mejora continua del algoritmo cuestionándolo todos los días y que, por otro, venden sus servicios a las compañías para que “el mundo entero funcione optimizando las reglas dictadas por Matt Cutts“, la empresa de Mountain View ha conseguido ser la que marca cómo se hacen las cosas, anulando las pocas ocasiones en las que otros, como Facebook con el “Like” y Twitter con sus trending topics han conseguido posicionar métricas alternativas basadas en la relevancia en tiempo real.

Mientras la inmensa mayoría de sus competidores sigan interpretando los enlaces entrantes como la métrica universal de la relevancia y sigan, por tanto, jugando al mismo juego que ella en el que invierte más recursos y mejor dirigidos que ningún otro, Google seguirá más o menos cómodamente sentada en su trono. Para la inmensa mayoría de sus usuarios (la compañía jamás ha sufrido una fuga de usuarios debida a ningún tipo de problema, como sí ha ocurrido con otras), Google es un servicio que le proporciona lo que buscan y muchas más cosas de manera gratuita, a cambio de una propuesta de valor intrínsecamente positiva: que los anuncios que ven estén mejor adaptados a sus intereses. Y lo hace, además, con unas reglas razonablemente controlables por aquellos usuarios con inquietudes al respecto, con un dashboard en el que gestionar la mayoría de las variables implicadas o incluso en el que eliminar aquella información (o toda la información) que no queremos ver ahí.

No, la compañía está muy lejos de ser perfecta, tiene comportamientos a menudo cuestionables en términos de competencia inevitables para quien ha sostenido un modelo exitoso durante más de una década y no siempre tiene sus prioridades claras frente a sus usuarios, pero esas cuestiones no van a hacer peligrar su liderazgo. Solo una manera diferente de estimar la relevancia propuesta por alguien que consiga posicionarse como superior en un mercado sujeto a una muy escasa fidelidad (recordemos lo rápida que fue la transición en la llegada de Google frente a los grandes de la “época A.G.” como Altavista, Lycos, Excite y otros) podría hipotéticamente mover la silla de un gigante que es mucho, muchísimo más que una empresa de publicidad, digan lo que digan sus cifras.

Y por cierto, enormemente recomendable para entender la compañía la entrevista del Fortune de esta semana con Larry Page (casi toda la revista de esta semana, incluyendo los artículos sobre personajes tan dispares como Will.i.am o Amancio Ortega, merece una lectura reposada).

TPB AFK, una película que decididamente quiero ver

Escrito a las 2:07 pm
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Veo en Boing Boing que ya está en la red en trailer de TPB AFK, la película documental dirigida por Simon Klose, protagonizada por los mismísimos Peter Sunde (brokep), Gottfrid Svartholm (anakata) y Fredrik Neij (TiAMO), y financiada colectivamente mediante Kickstarter.

La historia reciente de un despropósito y de un abuso de ley de calibre internacional, con presiones y amenazas a nivel de Estado sobre Suecia, jueces parciales, corrupción de la justicia, intentos fallidos e irregulares de cierre y todo tipo de ingredientes sucios. Muchos años después, y a pesar de los bloqueos y la persecución a sus fundadores, The Pirate Bay no solo sigue existiendo, sino que sigue siendo posiblemente la mejor fuentes de torrents del mundo.

La descripción de la película:

TPB AFK is a documentary about three computer addicts who revolutionized the world of media distribution with their hobby homepage. How did Tiamo, a beer crazy hardware fanatic, Brokep a tree hugging eco activist and Anakata, a paranoid cyber libertarian, get the White House to threaten the Swedish government with trade sanctions? TPB AFK explores what Hollywood’s most hated pirates go through on a personal level.

 

Y el tráiler,

 

 

La película estará disponible para su descarga gratuita, pero si quieres contribuir a financiar al equipo que la ha hecho posible, puedes pre-reservar su descarga por $10 o pedir un DVD por $20.

Pronto, en un disco duro cercano…

Aaron Swartz y el #PDFtribute: la investigación académica debe ser libre

Escrito a las 5:56 am
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Durante todo el día de ayer, infinidad de académicos e investigadores subieron sus papers libres a la red en formato pdf y lo anunciaron en Twitter con el hashtag #PDFtribute como homenaje a Aaron Swartz, el joven hacker y activista de 26 años que se quitó la vida el pasado viernes en Nueva York. Puedes leer la noticia de su muerte en Wired, The New York Times y en todas partes, o los obituarios publicados por personas que le conocieron y trataron, como Cory Doctorow, Lawrence LessigCyrus Farivar o Dave Winer.

El suicidio de Aaron se asocia fundamentalmente con la fuerte presión psicológica a la que lo tenía sometido el Departamento de Justicia norteamericano, que le reclamaba una multa de cuatro millones de dólares y cincuenta años de cárcel por haber descargado y publicado en abierto cinco millones de documentos del archivo del MIT y de JSTOR, un servicio de repositorio de papers por suscripción. Según un testigo experto, los cargos eran completamente desproporcionados.

Con solo catorce años, Aaron Swartz participó en la definición del estándar RSS. Posteriormente fundó Infogami, compañía que dio origen a Reddit. Además, trabajó con Lawrence Lessig en la definición de Creative Commons, y colaboró en incontables causas, entre otras recientes la campaña de oposición a SOPA/PIPA del pasado año. Anteriormente, había puesto en marcha RECAP, un repositorio libre a la jurisprudencia de los Estados Unidos, como alternativa a PACER, un sistema de pago que cobraba a cada usuario por acceder a la información pública, lo que le había granjeado el odio del Departamento de Justicia. La venta de Reddit a Condé Nast, la editora de Wired, había proporcionado a Aaron recursos económicos con los que colaboró en incontables causas relacionadas con el ciberactivismo. The Washington Post califica a Aaron Swartz como héroe americano. Aunque JSTOR había optado por abandonar el caso, el hecho de que MIT no lo hubiese hecho sirvió como lamentable pretexto al Departamento de Justicia para sostener una especie de vendetta a todas luces desproporcionada que consiguió no solo agotar los recursos económicos de Aaron, sino también llevarlo hasta la depresión y, en último término, el suicidio.

En mi caso, no pude liberar mis papers académicos ayer por la sencilla razón de que ya eran completamente libres desde hacía mucho tiempo. Escribí mi tweet como tributo, pero publicando una modesta contribución que, en realidad, siempre había estado en abierto en mi web de profesor. Siempre he creído que la investigación académica debía ser de libre acceso, lo que de manera consecuente me llevó, desde mi primera publicación en un journal, a poner sistemáticamente el pdf disponible en abierto en mi página web, independientemente de que que de manera formal y como requisito para su publicación hubiese tenido que ceder el copyright del mismo a la editorial del journal. Si eres investigador y no lo has hecho aún, aprovecha para hacerlo ahora, y súbelo a Twitter: que nuestra investigación esté disponible en abierto es, además de bueno, el mejor tributo que podemos hacer a una persona que sufrió la persecución precisamente por querer liberar la investigación académica.

Los journals son un sistema envenenado: bajo el pretexto de ejercer un sistema de revisiones ciegas que supuestamente aseguran la calidad de lo publicado, se han convertido en varas de medir que condicionan la promoción de los profesores en el escalafón académico, y en una desmesurada fuente de ingresos a través de las suscripciones de dichos profesores y de departamentos y bibliotecas. El sistema, indudablemente, funciona desde el punto de vista económico: los revisores no cobran, los autores tampoco – en algunos casos, incluso pagan por enviar el paper – pero las editoriales sí (y en general no precisamente poco). Dado que lo habitual en el mundo académico es tener presencia web, cada día es más habitual que los autores publiquen sus papers en abierto en su página web. Animo a todo investigador a hacer lo mismo: se puede optar por el paso agresivo de publicar en abierto la misma versión maquetada por el journal, o por la aproximación intermedia de publicar como working paper y con formato propio una versión idéntica a la publicada por el journal. No conozco ningún caso en el que esto haya tenido ningún tipo de consecuencias para el autor – y si hipotéticamente amenazase con tenerlas, sería tan sencillo como subirlo anónimamente. El torrent de 35GB con los papers que Aaron publicó está, por supuesto, disponible en la red.

 

ACTUALIZACIÓN: Artículo referenciado en Yahoo! Finanzas y en Informativos Telecinco.

Entendiendo a la generación Y

Escrito a las 7:05 am
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Si tienes relación con la llamada Generación Y o eres parte de ella – viene a incluir a quienes están ahora entre los 18 y los 36 años – te interesara leer el resumen de este panel del Consumer Electronics Show (CES) recientemente clausurado en Las Vegas. He encontrado referencias al tema en C|Net, How Generation Y really feels about online privacy, y en Contently, What Generation Y really wants. Seis personas entre los 18 y los 28 años respondiendo a preguntas acerca de la privacidad, la comunicación, la publicidad y la relación con el entorno.

¿Que expectativas tiene la primera generación que creció en un entorno hiperconectado y que escribió sus primeras palabras en un teclado? Contrariamente a lo que se piensa, no son irresponsables con respecto a su privacidad: simplemente reinterpretan su valor de acuerdo a las herramientas y al mundo que han experimentado. Básicamente, “viven en público”, en un mundo que da acceso a una gran cantidad de información a cualquiera que sepa buscarla, y entienden que “son lo que comparten”, lo que les lleva a preocuparse más de su propia marca personal que de ninguna otra. Resulta interesantísimo ver hasta qué punto el vivir en una sociedad hiperconectada les ha llevado a considerar el compartir lo que hacen y piensan como una parte fundamental de su vida: las cosas no “terminan de ocurrir” hasta que las compartes con tu red, y no hacerlo llega al punto de generar frustración.

En las marcas que consumen y con las que se relacionan esperan encontrar una voz humana y creíble: transparencia, confiabilidad, y acceso a contenidos relevantes contextualizados desde cualquier dispositivo, en cualquier momento. Y por supuesto, velocidad de reacción: como marca, no solo debes tener una voz en Twitter y en otros canales disponible 24 horas y siete días a la semana, sino que debes además contestar a todos los que se dirijan a ti en el plazo de una media hora o menos. No odian la publicidad, simplemente esperan que se adapte a sus intereses, y esperan experiencias con respecto a la marca y a sus contenidos. Si aspiras a obtener su atención o a venderles algo, déjate de clichés y vete preparándote…

¿Opiniones desde dentro de la Generación Y o desde fuera de ella? Si hacemos caso a Nielsen, los visitantes de esta página están repartidos aproximadamente un 6% entre los 18 y los 24, un 38% entre 25 y 34, un 19% entre 35 y 49, y un 30% por encima de 50… ¿Os parecen correctas las ideas apuntadas en el artículo? ¿Tenéis otras percepciones al respecto?

Sobre el bloqueo de publicidad de Free en Francia

Escrito a las 1:03 pm
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Varias personas me han pedido en los últimos días que escribiese sobre el asunto del bloqueo llevado a cabo por Free, el ISP francés de Xavier Niel de cuya disruptiva propuesta hablamos el pasado septiembre, sobre la publicidad de Google.

En modo resumen breve y con los enlaces que me han parecido más clarificadores: Free decidió unilateralmente bloquear por defecto la publicidad de Google a todos los usuarios de sus líneas con el fin de presionar a Google para exigirle un pago por el uso de su infraestructura, pero tuvo que dar marcha atrás ante las presiones del gobierno francés para que depusiese su actitud.

La batalla, tal y como se ha planteado, me parece clarísimo: la decisión de Free es una barbaridad a todos los niveles, e incumple lo que ya debería ser el principio fundacional protegido por ley de toda la red, la tantas veces mencionada neutralidad de la red. Si los principios de la neutralidad de la red estuviesen clara y taxativamente protegidos por ley, un ISP no podría plantearse bloquear unilateralmente nada a sus usuarios: quien hoy bloquea publicidad, mañana puede bloquear cualquier otra cosa, incluyendo contenidos en función de una agenda política o religiosa determinada. Para entender realmente la barbaridad que supone el bloqueo de Free, hagamos un poco de economía-ficción: imaginemos que un jeque árabe que fuese además fundamentalista islámico decidiese adquirir Telefonica. ¿Qué nos parecería si, de la noche a la mañana y de manera unilateral, todos los clientes de la red fija y móvil de Telefonica dejasen de tener acceso, por ejemplo, a contenidos en los que apareciesen personas ligeras de ropa o relacionados con el alcohol? Pues hablamos exactamente de lo mismo: un ISP, cuyo papel debe limitarse a transmitir por su red aquello que yo le pido que transmita, decide tomarse la libertad de bloquear determinados contenidos por mí.

La elección de Xavier Niel en este caso es muy inteligente: por un lado, presiona a Google con algo que redunda de manera inmediata en una pérdida de ingresos. Por otro, aparenta “proteger” a sus usuarios de algo que muchos estiman molesto: la publicidad. No, ningún usuario va a protestar por el hecho de que la publicidad desaparezca de su pantalla, porque la consecuencia última de convertir en económicamente insostenibles algunos de los servicios de que disfruta se ve como una consecuencia muy lejana. Pero Free, en este caso, no defiende ningún tipo de interés de sus usuarios, sino solo los suyos: defiende el supuesto derecho a cobrar a terceros por el uso de su red. Pues no, mira: si tu negocio es alquilar red, alquilas red con todas sus consecuencias, y no debes poder discriminar qué bits pasan o dejan de pasar por la red que alquilas. Eso de “y ahora te cobro más porque haces mucho negocio” es un recurso que bajo ningún concepto debe valer, que debe ser taxativamente excluido de las reglas del juego.

Por principio me opongo a todo tipo de bloqueo de la información que los usuarios demandan voluntariamente de la red por parte de un tercero, hablemos de publicidad, de contenidos políticos o (y sé, obviamente, que esto será polémico) de pornografía infantil. Me da exactamente lo mismo de qué contenido hablemos: la decisión de bloquearlo debe corresponder a su receptor, nunca al propietario de la vía por la que se transmite. Precisamente la pornografía infantil, por su característica de poner de acuerdo en su rechazo a la práctica totalidad de la sociedad, supone un buen caso para ilustrar el tema: aquellos países que la bloquean a nivel de ISP se equivocan, y no obtienen ningún tipo de resultado efectivo más allá de “esconder el problema bajo la alfombra”. Si la pornografía infantil o cualquier otro tipo de contenidos son ilegales, se debe luchar contra ellos en la fuente, persiguiendo a quienes producen y ponen el la red esos contenidos, o en el destino, localizando mediante la adecuada investigación policial a aquellos que los consumen o intercambian. Prohibir la circulación, en cambio, no tiene ninguna lógica, más allá de conseguir que tanto productores como consumidores busquen otros medios alternativos basados en el cifrado o en otro tipo de métodos. Y sobre todo, bloquear en el ISP tiene un siniestro efecto: que una vez utilizado para bloquear pornografía infantil, materiales sujetos a derechos de autor, información sobre como construir bombas o cualquier otra información que la sociedad considere nociva o ilegal, genera inmediatas tentaciones de bloquear otras cosas, sujetas potencialmente a otro tipo de agendas. Una vez que un ISP bloquea un contenido, la idea de seguir bloqueando otros contenidos está a la vuelta de la esquina. No, nunca es “un solo sitio y ya está“. Y eso termina por llevarnos invariablemente a la Gran Muralla China, al halal-internet iraní y a otras aberraciones similares. Es en ese sentido donde la neutralidad de la red toma su verdadera importancia: porque es indispensable retirar a los proveedores de acceso a internet la posibilidad de bloquear contenidos.

No, no se trata de defender los intereses de Google, que ya se defiende muy bien ella solita. Se trata de reclamar que por mis cables lleguen exactamente los bits que yo he solicitado, y que sea yo el encargado, con mis clics, de decidir lo que quiero o no quiero ver. Si lo que yo veo o descargo es peligroso, molesto o potencialmente ilegal, ya es problema mío, nunca de mi proveedor de servicios. Ya me encargaré yo de instalarme un bloqueador de publicidad, de dejar de entrar en según qué sitios o de afrontar las posibles consecuencias. Si Free quiere presionar a Google, puede enviar un correo a todos sus suscriptores explicándoles cómo bloquear la publicidad de Google: seguramente, un determinado porcentaje de ellos opten por seguir ese procedimiento. Pero de eso, que deja la elección en manos del usuario, al bloqueo unilateral por defecto, va un largo y, sobre todo, muy peligroso trecho. La posición de Free es supuestamente “proteger” a sus usuarios, pero en realidad, no es más que un puro y duro chantaje económico. Por favor, no me “protejan” tanto. Y menos si es por esas razones.

El ordenador de 28 euros, en mi columna de Expansión

Escrito a las 10:18 am
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Mi columna de Expansión de esta semana, tras el parón vacacional de dos semanas, se titula “El ordenador de 28 euros” (pdf), y habla, obviamente, del Raspberry Pi. Una verdadera sorpresa agradable que ha pasado de ser teóricamente un simple cacharrito de bajo coste para que los niños aprendiesen informática, a representar todo un arsenal de posibilidades: desde convertirlo en receptor para Airplay o en centro multimedia, máquina de juegos retro Arcade para ese gamer de los ’80 que aún hay en ti, añadirle un proxy para Siri y abrir tu garaje desde el iPhone, montarte un supercomputador uniendo sesenta y cuatro máquinas, o básicamente lo que se te ocurra. Por tener, ya tiene hasta su propia tienda de aplicaciones.

La clave está en la caída de las barreras de entrada a la experimentación: con un ordenador que te ha costado 28 euros, te atreves a intentar prácticamente cualquier cosa.

 

A continuación, el texto completo de la columna:

 

El ordenador de 28 euros

La mejor sorpresa tecnológica del año, desde mi punto de vista, es el Raspberry Pi. Si no ha oído hablar del tema, investíguelo: merece la pena. Una fundación británica sin ánimo de lucro ha diseñado un ordenador para reducir drásticamente las barreras al aprendizaje de la computación, pensando en escuelas y niños. Pero está teniendo un recorrido muchísimo más amplio.

La configuración es digna de verse: un procesador ARM razonablemente potente, 512MB de RAM, y sistema operativo en una tarjeta de memoria. Todo el conjunto cabe en una cajetilla de tabaco, y llega listo para enchufarle teclado y ratón, un cable HDMI a la televisión o a un monitor, y conectarlo a un cargador de móvil. Se enciende simplemente enchufándolo, se apaga desenchufándolo. Así de sencillo. En la configuración que trae de fábrica, el arranque da lugar a un interfaz gráfico totalmente sencillo, en el que todo está a un clic de ratón.

¿Dónde está la gracia del tema? Básicamente, en que al costar únicamente veintiocho euros, cualquiera se atreve a experimentar con él. A jugar a cosas. A conectar varios para construir un ordenador más potente. A convertirlo en media center conectado a la televisión. A conectarlo a una placa Arduino, paradigma del llamado “hardware abierto”, y hacer que controle cualquier objeto electrónico interactivo. O a enseñar a programar a un niño, con el lenguaje Scratch del MIT, Kids Ruby o similares. Y para todo ello, páginas y páginas en la red creadas por usuarios dedicadas al tema.

Con ese precio, la percepción de riesgo es tan sumamente baja, que se abre la puerta a la experimentación. Con su ordenador de sobremesa o con su portátil, la mayoría de los usuarios prefieren ser eso, simples usuarios. Con un Raspberry Pi, los límites a la experimentación se difuminan, y tomar un papel activo no cuesta tanto. Jugar. Y eso es, precisamente, lo interesante del tema.

Hablando sobre Instagram y los términos de uso, en 360 Grados Press

Escrito a las 11:32 am
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Laura Bellver, de 360 Grados Press, me contactó por teléfono para hacerme algunas preguntas sobre el asunto Instagram en particular y los términos de servicio en general, y hoy ha publicado su artículo titulado “Condiciones de uso… ¿o de desuso?, en el que me cita.

Mis respuestas se reafirmaron en lo que he comentado hasta el momento sobre ese tema: que el cambio en los términos de servicio no era nada grave, no pretendía usos “siniestros” que de todas maneras habrían resultado por lógica insostenibles (no, Instagram nunca permitió “vender” nuestras fotos, y haberlo hecho habría desencadenado que el servicio muriese en cuestión de pocos días), y no era más que una adaptación a los términos de servicio de Facebook, que obviamente tiene un problema de mala reputación en ese sentido que dista mucho de gestionar bien.

Pero tanto la rápida reacción de la compañía como la realidad que había detrás del cambio han llevado a que el asunto sea lo que anticipamos en su momento: mucho ruido, mucho sensacionalismo, y básicamente nada más. Los términos de servicio de Instagram  no difieren en nada de lo que habitualmente firmamos sin siquiera mirarlo para muchas otras aplicaciones, la denuncia colectiva es meramente oportunista y terminará en un pacto extrajudicial a cambio de pocos dólares por usuario con el fin de evitar un proceso más costoso, y la “terrible caída de usuarios” simplemente no lo es, no existe, es un efecto estacional proveniente de una mala interpretación de cifras puntuales, pero las cifras agregadas mostrarán una serie temporal con crecimiento neto y sostenido. Instagram, de hecho, ha sido y seguirá siendo bastante tiempo la aplicación reina de Facebook.

Dicho esto, no dejo de pensar que el “Instagram-gate” tiene su lado positivo. Los términos de servicio (TOS) de las aplicaciones son una batalla que vale la pena luchar: no es sano ni razonable que utilicemos constantemente servicios de los que ni siquiera hemos leído las condiciones. Existe un balance entre la necesidad de ser muy preciso en el lenguaje jurídico y la de redactar con claridad para que los usuarios entendamos lo que realmente estamos firmando, y hay condiciones específicas en entornos sociales que necesitan claramente de un replanteamiento. La tendencia a la sobreprotección de las empresas debe claramente equilibrarse con los derechos razonables de los usuarios, y no ser una especie de carta blanca o de blindaje ante cualquier reclamación. La tendencia es a TOS escritos cada vez más “en el lenguaje de las personas normales” aún manteniendo una parte de idioma “legalés”, o incluso explicando la motivación de cada párrafo: los TOS más recientes que he visto y que me hayan llamado la atención en ese sentido han sido los de Simple, “el banco para los que están hartos de los bancos“, pero hay muchos más ejemplos, creo recordar que algunos muy buenos en nuestro país, y agradeceré referencias al respecto, porque el tema me parece decididamente una tendencia, y además estimo que muy adecuada a los tiempos que vivimos.

 

ACTUALIZACIÓN(19/01): Como anticipé en su momento, todo eso de la supuesta caída de usuarios era una tontería sin ningún tipo de fundamento. Instagram aumenta en número de usuarios, contrario a reportes y rumores.

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