El Blog de Enrique Dans

Innovando en formatos docentes

Escrito a las 4:49 pm
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#ieLIVEclass - Storify

Hoy toca entrada en formato “querido diario”: el pasado jueves 26, en el curso de “IT and Innovation” que imparto al IE – Brown Executive MBA, probamos una metodología de “clase twitteada“, precisamente para una sesión dedicada a hablar de la estrategia de Twitter. La propuesta venía del departamento de Marketing, que obviamente buscaba exponer las metodologías utilizadas en una clase a potenciales candidatos, pero me sirvió además para dotar a la clase de un dinamismo muy interesante en la discusión: utilizando los dos monitores del aula, mantuve la presentación que utilizaba como guión de contenido en una de ellas, y dejé el hashtag #ieLIVEclass en la otra para ser utilizada por los alumnos y por cualquiera que quisiese aportar algo a la discusión.

El resultado, desde un punto de vista puramente comercial, fue muy interesante: 101 tweets procedentes de 21 cuentas, con exposición teórica a 216,093 personas. Los resultados están recogidos en este Storify. Además, puse en práctica otra innovación que llevo algún tiempo practicando: pedir a una persona de la compañía, en este caso Alex Gibelalde, director de marketing de Twitter España, que se pasase por la clase en la última media hora (de sorpresa :-) para complementar algunos aspectos de la discusión – discusión que llevaba desde el principio de la clase siguiendo a través del hashtag. Específicamente, pedí a Alex que se centrase en definir la oferta comercial de Twitter, algo en lo que una perspectiva interna enriquecía sensiblemente la información que yo – que no he utilizado nunca Twitter como soporte publicitario – podía dar como profesor.

Me interesa el efecto que produce que un caso que está siendo discutido en clase se “materialice” de repente con la entrada de un invitado, que va mucho más allá del simple “efecto espectáculo”: desde hace un cierto tiempo, vengo introduciendo muchos más “mini-casos”, un par de páginas de contexto al que se añade un conjunto de enlaces a temas específicos, en lugar de casos tradicionales habitualmente bastante más largos. En mi caso, el motivo es claro: los casos, en mi área, tienden a quedarse desactualizados a gran velocidad, lo que me desincentiva claramente su uso. Esto me lleva a una dinámica de elección de casos mucho más ágil – en algunos cursos incluso llego a “negociar” con los alumnos los casos a utilizar en el curso – y a la posibilidad de plantear una preparación de los mismos basada en situaciones que están teniendo lugar prácticamente en el momento de la discusión: si además se complementa con un invitado – algo que evidentemente no puede hacerse en todas las sesiones y que depende, lógicamente, de numerosos factores logísticos – la experiencia de los alumnos, desde un punto de vista puramente didáctico, mejora sensiblemente.

Para terminar de complementar la experiencia, el examen que tuve hoy con este mismo grupo tuvo también un componente práctico: tras plantear la lectura de un mini-caso de dos páginas que ilustraba un proceso de toma de decisiones en BigML, empresa puntera en el área del machine learning con la que colaboro, los alumnos tuvieron la oportunidad de conocer a través de un hangout a Francisco Martín, cofundador y CEO de la compañía, que intervino desde Corvallis (Oregón) y mantuvo una sesión de algo más de media hora de preguntas y respuestas. Una forma de plantear un examen como una experiencia de aprendizaje más: las preguntas planteadas por la empresa corresponden a una situación real, en la que potencialmente podrían beneficiarse del análisis llevado a cabo por los alumnos, y los alumnos responden a ellas en ese mismo contexto de realidad.

Formas de adecuar las metodologías de clases presenciales a un entorno en el que la tecnología permite, cada día más, extender su alcance y relevancia. Qué bonito es tu trabajo cuando te dejan hacer estas cosas… :-)

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Innovating teaching methods“)

La mentalidad de operadora ataca de nuevo

Escrito a las 1:56 pm
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IMAGE: Gavril Bernad - 123RF

Hace alrededor de un año, dediqué una entrada a la “mentalidad de operadora“, a cómo una cultura directiva inadaptada y una concepción errónea del mercado puede provocar problemas a la hora de diversificar actividades más allá de la gestión de infraestructuras, a pesar de contar con un acceso a recursos de capital, directivos o de marketing prácticamente ilimitados. Los directivos de las operadoras pueden hoy dividirse nítidamente en dos grupos: uno, el que entiende que el éxito y la viabilidad de su empresa en el futuro está en alejarse lo mas rápidamente posible de esa “mentalidad de operadora”, y los que, cuando se la haces ver, se ríen, te insultan, y se sitúan en la posición de superioridad que emana de esa posición supuestamente privilegiada. Las operadoras ocupan consistentemente el lugar más bajo en satisfacción del cliente y el más alto en volumen de quejas en todos los países, y hay directivos que al verlo, en lugar de preocuparse y hacer lo que esté en su mano para solucionarlo, te miran con una sonrisa y te contestan con un… “¿y qué?”

En esta ocasión, la auténtica “prueba del nueve” de la mentalidad de operadora viene de Brian Roberts, CEO de Comcast y la persona que posee el dudoso mérito de presidir la operadora más odiada de todas en el contexto de la industria más odiada de todas: en la Code Conference en California, trató de explicar su visión con respecto a la neutralidad de la red, haciendo una analogía con la distribución física y con la idea de “pagar al cartero”:

Netflix pays hundreds of millions of dollars to mail DVDs to its customers but now expects to be able to deliver the same content over the internet for free (…) They would like it all to be free. I would like to not have to pay for cable boxes.”

(Netflix paga cientos de millones de dólares para enviar DVDs por correo a sus clientes, pero espera poder enviar ese mismo contenido a través de internet gratis (…) Querrían que todo fuese gratis. Yo querría no tener que pagar por mis equipos.”

La evidente falta de brillantez del razonamiento no ha dejado a nadie indiferente: en el caso del cartero, el coste del envío es abonado por el remitente, y el cliente no tiene que pagar por recibir, simplemente se lo encuentra depositado en su buzón. Además, el servicio de correos transporta lo que sea, siempre que no sea abiertamente ilegal: tú le pones el sello correspondiente y ellos lo transportan, sin tomar decisiones sobre quién lo envía.

En el caso de la red, es el cliente soporta el coste del envío abonando religiosamente unas cuotas de conexión a su operadora. ¿Qué quieren las operadoras? Que les pague tanto el remitente como el receptor. Cobrar dos veces por lo mismo. Roberts quiere que las empresas de internet “paguen al cartero”, cuando el cartero ya está siendo más que pagado por los usuarios. Y de paso, quiere convertirse en aduanero, poder decidir qué contenidos van rápido y cuáles van lentos, y erigirse en jueces de la competencia, capaces de lanzar productos y servicios mejores que los de los demás gracias a su privilegiada posición.

Cómo un directivo con la experiencia y la posición de Roberts puede haber utilizado una metáfora tan sumamente mala, tan contraproducente y que hace tan fácil ver lo erróneo de su razonamiento es un caso claro de mentalidad de operadora: está tan convencido de que las cosas son de una manera, que no se para a cuestionárselas. Los directivos como Roberts ejemplifican lo peor de la industria, la evidencia de que internet se ha convertido en algo demasiado importante como para dejarlo en manos de las empresas de telecomunicaciones.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Telco mentality strikes again: the postman always wants to charge twice“)

¿Quién gestiona al gestor de comunidad que gestiona tu comunidad?

Escrito a las 3:10 pm
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Photo credit: clasesdeperiodismoEl community management está convirtiéndose en una de las bolsas de empleo de mayor crecimiento en los últimos tiempos. Con el rápido crecimiento de la popularización de las redes sociales, las empresas se han encontrado de manera cada vez más acuciante con la necesidad de estar presentes en un entorno en el que no estar significaba que la conversación transcurriese sin su participación, sin ningún tipo de interlocución válida, y se han lanzado a la contratación de community managers de los más diversos perfiles.

El mercado, como no podía ser de otra manera, ha respondido. De la noche a la mañana, surgieron cursos de community management de debajo de las piedras, como una moderna versión de la fiebre del oro. Y una vez más, los que ganaron dinero fueron los que vendían palas, cedazos y mapas. En la oferta formativa había como siempre, de todo: cursos buenos, regulares, malos y muy malos, y en realidad, la evidencia de que, como en todas las cosas, la formación puede contribuir a la excelencia, pero no es ni con mucho el único factor. La experiencia en la red gestionando comunidades, el hecho de llevar tiempo gestionando una página propia, la sensibilidad, el sentido común o el conocimiento de la industria seguían siendo factores fundamentales a la hora de desarrollar una buena labor de community management. Labor que, por otro lado, se iba probando más y más estratégica a medida que surgían problemas derivados de una gestión ausente o imprudente.

Parece claro que el perfil de community manager no tenía nada que ver con “un jovencito que sepa mucho del Facebook”. Que las relaciones directas con clientes o personas interesadas en tu empresa que querían recibir atención directa a través de las redes sociales no era algo que pudiese ser llevado a cabo por el primer supuesto “joven habilidoso” que pasase por delante de la puerta. Lo que necesitábamos era alguien con experiencia, no un “entry-level job”. Alguien que, preferentemente, hubiese pasado por varios departamentos, y conociese el tipo de problemas que habitualmente aquejaban las relaciones de la compañía con sus usuarios, clientes o con la sociedad en general. Que pudiese plantarse en la puerta de un director general sin pestañear, y decirle que necesitaba unas declaraciones suyas porque la magnitud de un problema determinado así lo requería. Y sobre todo, de alguien que entendiese que sin la necesaria coherencia en el resto de las maneras de actuar de las compañías, su trabajo era un suicidio, porque sin consistencia, no se puede gestionar ninguna relación con nadie que tenga un mínimo de dos dedos de frente.

No, el papel del community management no era hacer concursos y rifas, ni jugar a tener más “Me gusta” o más “followers”, como si eso significase algo cuando algunos llegaban a ser tan imbéciles que incluso jugaban a pagar para tener como seguidores absurdas cuentas vacías creadas por robots. Pero la culpa del fracaso de la mayoría de las estrategias centradas en torno al community management no fue de los propios community managers, sino del modelo de gestión que pretendimos imponer a los mismos. Llevados por un mecanicismo muy habitual en las compañías, intentamos rodear la labor del community manager de métricas de todo tipo. Como de alguna manera nos sonaba a “intangible”, tratamos de convertirlo en algo riguroso, en porcentajes de incremento, en números fríos, en magnitudes comparables. Objetivos mensuales, rutinas absurdas y procedimientos rígidos que generaban aburrimiento y desencanto, reglas escritas en piedra sobre la forma de evaluar tal o cual acción…

Decididamente no era esa. El énfasis en el community management no tenía nada que ver con replicar los errores en la atención al cliente pasando a cometerlos a través de otro canal. De hecho, cuando una empresa contrata a un community manager, debería estar diciendo “voy a abandonar la forma que tenía de tratar a mis clientes, y voy a reorientarla de tal manera que el community manager tenga de verdad algo notable que contar”. Preocuparse de la comunidad de clientes implica no considerarlos simplemente “animales que cazar”, “impactos que conseguir a cualquier precio”, o fríos números en una gráfica de cuota de mercado. Supone establecer relaciones, y poner al community manager a gestionarlas cuando esas relaciones demandan atención personal. Implica que las empresas, por un defecto de forma y una limitación técnica de los canales que utilizaban, se han pasado muchas décadas lanzando mensajes unidireccionales y no contestando a nada de lo que hubiese al otro lado salvo que fuese una demanda judicial, y eso tiene que cambiar. Se trata de entender que para una empresa, no puede tener ningún sentido engañar a los clientes, porque en la era de la red y la comunicación instantánea, esto se sabe en seguida. De nada sirve que nuestro community manager sea amabilísimo y encantador, si ante la queja legítima de un cliente por la razón que sea no puede hacer absolutamente nada, porque la mentalidad y las rigideces de la compañía no lo permiten.

Las métricas pueden ser necesarias, pero son de otro tipo. Tienen que reflejar que cada cliente es una historia, y que cada historia es importante en sí misma. Que lo que las empresas realmente tienen que conseguir no son amiguitos en Facebook o seguidores en Twitter, sino personas tan satisfechas con sus productos, sus servicios o su nivel de interacción y diálogo que se conviertan en auténticos embajadores de la marca. Que las empresas tienen que hacerse tan sumamente transparentes, que realmente la labor del community manager pase a consistir en señalar aquellos recursos que las personas necesitan ver para entender por qué pasan las cosas, recursos que, de por sí, ya estaban a la vista en la red. Eso, y hablar. Hablar mucho, con mucha gente. Convertirse en referencia sobre la empresa y sus productos o servicios, desarrollar un canal que permita que otras personas de la empresa puedan expresarse y demostrar autoridad cuando la tienen, conseguir un modelo de comunicación que haga que las cosas buenas que la empresa vive en su interior se puedan ver en el exterior. Comunicar con voz humana, como se decía en aquel libro de finales de los ’90 hoy completamente disponible en la red, The Cluetrain Manifesto.

Las métricas no son necesariamente malas. Pero mientras no gestiones así al community manager que gestiona a tu comunidad, las métricas te servirán de poca cosa. No, no son métricas. Es un cambio de filosofía.

 

(This article was previously published in English at Forbes, “Who manages the community manager that manages your community?”)

Empresas, datos y transparencia

Escrito a las 11:46 am
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Empresas, datos y transparencia - Expansión (pdf)Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Empresas, datos y transparencia” (pdf), y pretende transmitir una idea para mí fundamental: que no se trata de cuántos datos recopila una empresa sobre nosotros, sino de variables como la forma de hacerlo, el nivel de control que ofrece al usuario sobre ese proceso, la claridad en las razones para la recopilación de esos datos, la transparencia en los análisis efectuados, y el resultado final que el usuario o cliente percibe tras el proceso. No es tanto el recopilar datos, sino el hacerlo bien y ser respetuoso.

Las paradojas son claras: se me ocurren empresas que, aunque saben de mí mucho más que lo que yo puedo llegar a saber de mí mismo, únicamente me generan como efecto secundario que la publicidad que recibo esté mejor adaptada a mis intereses, algo que en principio percibo como positivo. Y que además, me dejan decidir en cada momento qué datos quiero que guarden, cuáles quiero que eliminen, y me ofrecen herramientas para hacerlo yo mismo en tres clics de ratón. Y otras empresas a las que una vez les di unos datos, y a partir de ahí y por haberlo hecho, me llaman quinientas otras empresas diferentes a la hora de la cena para molestarme con productos y servicios que no me interesan. Una gestión, la de los datos y la información del cliente, que va mucho más allá de los derechos ARCO y de las normativas legales, y que diferencia cada vez más a las empresas del siglo pasado de las de este siglo.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Empresas, datos y transparencia

¿Qué saben las empresas sobre nosotros? Cada día producimos más información, y las empresas tratan de capturarla y analizarla. Gustos, sentimientos, tendencias, obtenidos a través de información que publicamos en redes sociales. Estamos “fichados” en tantos sitios, que conocer los detalles sobre todo lo que el big data es capaz de analizar en cada momento sobre nosotros resulta cada vez más complejo.

La respuesta no es dejar de usar unas herramientas que nos ofrecen propuestas de valor muy importantes en nuestro contacto con las personas o en el acceso a la información. Al contrario: lo que como usuarios debemos demandar es claridad y transparencia.

Que una empresa recopile datos sobre nosotros puede resultar razonable, si se hace bien. ¿Y qué es hacerlo bien en este contexto? Sencillamente, que como usuario pueda saber en cada momento qué datos está manejando la empresa sobre mí, qué está haciendo con ellos, y qué resultados pretende obtener.

Cuando lo pensamos así, los resultados son sorprendentes: resulta que la cantidad de datos no es lo que más nos preocupa, sino el uso que se hace de ellos. Una empresa puede llegar a conocernos mejor que nosotros mismos, pero lo que de verdad nos debe preocupar es qué consecuencias tiene ese conocimiento. Si va a ser usado para perseguirnos más, para agobiarnos, o para vender datos a terceros perdiendo el control de su uso, querremos – razonablemente – evitarlo. Por el contrario, si el resultado de conocernos mejor es que nos ofrece mejores productos, en mejores condiciones, o más adaptados a nuestros gustos, es más posible que estemos de acuerdo.

No son los datos: es la voluntad clara e inequívoca de permitirnos entender qué pasa con ellos, para qué se usan. ¿La palabra clave? Transparencia.

 

(This article has been republished in English in my Medium page, “Corporate strategies, data and transparency“) 

 

Sobre drones y futuro

Escrito a las 2:01 pm
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Del uso militar al futuro comercial de los drones en América Latina - UniversiaKnowledge@WhartonAna Escalante, de UniversiaKnowledge@Wharton, me llamó, al hilo de este artículo que publiqué recientemente, para hablar sobre los diferentes usos de los drones. Además del uso militar, en el que no entré demasiado, comentamos sobre los distintos tipos de drones, desde los pequeños que vuelan en superficie y pueden plantearse para usos civiles, logísticos, etc., hasta los que utilizan energía solar para llevar a cabo vuelos de hasta cuatro años y se pretenden utilizar para proporcionar acceso a internet en determinadas zonas.

También hablamos de la regulación de este tipo de aparatos, y de hasta qué punto un retraso en la pronta adaptación de la misma al estado del arte tecnológico puede llegar a generar una pérdida de competitividad para los emprendedores locales frente a países que adapten más rápidamente sus sistemas.

El artículo se ha publicado hoy bajo el título “Del uso militar al futuro comercial de los drones en América Latina“.

El cambio en la educación: mucho más que ordenadores

Escrito a las 8:00 pm
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IMAGE: 1tjf - 123RFUna combinación de iniciativas privadas y públicas en torno a la importancia de integrar una formación de alta calidad en tecnología en la educación en los Estados Unidos ha dado como resultado dos efectos interesantes: por un lado, se ha disparado la demanda de carreras relacionadas con las ciencias de la computación.Podemos decir lo que queramos sobre las expectativas profesionales de los graduados en este tipo de estudios, pero lo que sabemos del mercado norteamericano es que son sencillamente impresionantes: el país “importa” todos los años programadores e ingenieros hasta cubrir todos los cupos de visados reservados en este área, y los sueldos medios parecen no tener ningún techo fijado, así que su aporte de valor a la economía parece difícil de discutir.

Por otro, una notable apertura de perspectivas en todo lo relacionado con la educación en fases anteriores a la universitaria: ya que introducimos las ciencias de la computación y la programación como un referente en lugar de simplemente enseñar herramientas como hacíamos hasta ahora, podemos pensar en modificar las rígidas y tradicionales metodologías educativas para dar cabida a otro tipo de cosas. Después de todo, el modelo de “un profesor que cuenta cosas a los alumnos” no ha cambiado demasiado en las últimas décadas o incluso siglos, y nada dice que no podamos aprovechar algunos de los avances desarrollados en este sentido.

Por ejemplo, ¿qué tal convertir a nuestros alumnos en hackers? Recordemos terminología básica: un hacker no es ningún villano ni un malvado que se dedica a estropear ordenadores o a entrar en sistemas ajenos… por muy mala prensa que le hayan querido dar, un hacker es simplemente una persona motivada por el descubrimiento, que no puede ver una puerta cerrada sin sentir el deseo de abrirla, y que está dispuesto a esforzarse para entender cómo funciona algo. Decididamente, cualidades con connotaciones notablemente positivas en el desarrollo de un proceso educativo. Se me ocurren muchas cosas que podrían mejorar en la educación aplicando metodologías y éticas relacionadas con el mundo hacker, e inspirándose y poniendo en valor los muchos modelos positivos que emanan de esa cultura.

¿O qué tal, relacionado con esto mismo, fomentar las metodologías basadas en aprendizaje activo? En muchas áreas de la enseñanza, los modelos de aprendizaje activo se relacionan claramente con mayor motivación, mejores notas y menos tasa de fracaso escolar. Unas metodologías que, lógicamente, se ven favorecidas cuando introducimos componentes tecnológicos en el proceso de aprendizaje: hacer cosas frente a simplemente escuchar a un profesor, flipped classroom, etc… La propuesta suena a lógica aplastante, pero aún así, son pocos los países en los que las metodologías estén cambiando de manera drástica en este sentido.

No, no es solo poner ordenadores en clase ni enseñar a programar – que de hecho, no es fácil, y no es bueno que nadie nos lleve a creerlo. Lo que hay que hacer con la educación es cambiarla de arriba a abajo: modificar el papel del profesor, cambiar los procesos educativos, matar de una vez a ese maldito libro de texto que enseña que todo el conocimiento está en un solo sitio, introducir la tecnología como una parte natural del aprendizaje y como un objetivo más de adaptación del alumno al entorno en el que va a vivir, y extender esos cambios a todas las asignaturas que no son tecnología. Un cambio radical que tiene que promoverse desde todos los estamentos, y que tiene que dejar al margen a todos los descreídos y escépticos que hoy ocupan puestos de responsabilidad en las estructuras de la educación. En países como los Estados Unidos, el Reino Unido, Estonia y algunos otros está sucediendo. Las consecuencias las veremos en el futuro.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Change in education: much more than just computers in the classroom“)

Zappos: ¿encajas o no encajas en esta compañía?

Escrito a las 7:16 pm
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Zappos recruiting

Me ha llamado la atención un artículo en el Wall Street Journal de hoy, Zappos zaps its job postings, sobre Zappos y la innovación en sus prácticas de recruiting, de selección y búsqueda de talento: la compañía está desarrollando una red social propia, a la que los candidatos interesados en trabajar en la compañía podrán tener acceso y participar junto con empleados actuales, para poder evaluar temas como competencias reales y encaje cultural.

La idea es, sin duda, innovadora y agresiva: pon a los candidatos en contacto con empleados de la compañía, para que estos puedan decidir si efectivamente son personas con las que les gustaría trabajar. Lógicamente, no vale para cualquier compañía y cualquier mercado: para quien no conoce ni ha oído hablar de Zappos, pensar que una tienda online de zapatos pueda generar tanto atractivo y tener tanto tirón como para justificar que una persona con potencial dedique su tiempo a entrar en una red social específica y mostrarse en ella durante un tiempo para intentar conseguir una parte de su “billete de acceso” resulta como mínimo curioso. Pero quienes conocen o han oído hablar de Zappos saben perfectamente que no hablamos de “una simple tienda de zapatos”, sino de una empresa que se ha convertido en auténtico exponente de filosofías de dirección de empresas como la holacracia, en la que lo más importante es una cultura empresarial destinada a conseguir la felicidad tanto de sus empleados como de sus clientes, y en la que el clima está entre lo relajado e informal, y lo directamente “chocante” o “raro”. Una empresa en la que los trabajadores recién contratados reciben una oferta de dos mil dólares por irse, con el fin precisamente de asegurarse su disposición a quedarse y a encajar en la cultura.

La idea de desarrollar una red social propia y específica tiene bastante sentido en su caso: en lugar de dedicarse a buscar o a recibir candidatos procedentes de redes sociales convencionales de búsqueda de empleo o redes profesionales como LinkedIn, la empresa asegura no solo una proactividad y un interés por el lado del candidato, sino también un panel de jueces que realmente están genuinamente interesados en que la persona que se incorpore tenga un encaje adecuado con la empresa. Para una compañía, ser capaz de abastecer de buenos candidatos un sistema como este supone una auténtica “prueba del nueve”: estoy haciéndolo lo suficientemente bien como para que el mercado de trabajo me perciba como un sitio por el que vale la pena esforzarse. Pero por otro lado, tiene una consecuencia como mínimo curiosa: beneficia a aquel que tiene una mayor soltura en el entorno digital y que es capaz de expresarse en él adecuadamente. Si alguien alguna vez tuvo dudas sobre si el uso de redes sociales era o no beneficioso para el desarrollo de la persona, que las vaya aclarando: la experiencia y la gestión de las relaciones en la red te puede llevar a trabajar en empresas que realmente te apetezcan.

Mi impresión es que la experiencia de Zappos va a estar siendo cuidadosamente observada por unos cuantos…

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Zappos: would you fit into this company?“)

… y no les votamos

Escrito a las 11:43 am
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Resultados elecciones europeas España mayo 2014En las elecciones europeas de ayer 25 de mayo, una amplísima mayoría del electorado se decantó por opciones diferentes a las del bipartidismo tradicional. Bien por la triste opción de no votar – llámese desencanto, desinterés, lejanía con las instituciones europeas o lo que sea – o por fuerzas políticas diferentes a las dos que llevan alternándose en el poder sin solución de continuidad durante las últimas décadas, las responsables del patético estado de nuestro país y de que la clase política sea clasificada de manera consistente entre las máximas preocupaciones de los ciudadanos en cada oleada del CIS.

Los resultados dejan un mensaje claro: necesitamos una nueva manera de hacer política. La democracia no puede seguir siendo un cheque en blanco para que unos representantes que no se representan nada más que a sí mismos y a sus intereses se dediquen a hacer lo que quieran durante cuatro años, rodeados de todo tipo de esquemas de corrupción generados y alimentados por ellos mismos, beneficiándose ellos y beneficiando a sus amigos con los recursos públicos de todos, y sin prestar la menor atención a los deseos e intereses de aquellos que tuvieron la ocurrencia de votar por ellos.

La democracia es otra cosa. El vínculo entre representantes y representados es fundamental: tenemos que ser capaces de trazar perfectamente lo que aquellos a los que hemos votado hacen con nuestro voto: a quién o quiénes benefician, en virtud de qué intereses hacen lo que hacen o dictan las leyes que dictan, por qué razones firman lo que firman. No hay decisiones impopulares, hay decisiones mal explicadas. Queremos y reclamamos explicaciones y transparencia constantes, comunicación… RESPETO. No es tan difícil de entender.

Lo que tenemos no es una democracia, es una partitocracia, una casta solo preocupada por sostenerse a sí misma. Necesitamos que muchos de los sistemas que llevan tiempo funcionando en otras industrias lleguen a la política. Evaluación constante, exclusión inmediata de quienes no están a la altura, y un sistema de poderes y contrapoderes que no esté lastrado ni sesgado. Necesitamos que la disrupción llegue a la política. Este país reclama una ley electoral que verdaderamente represente en las cámaras lo que los ciudadanos votan en las urnas, que unos políticos preparados y no corruptos respondan a quienes les votaron, que los jueces sean verdaderamente independientes, y que existan controles ciudadanos para la exigencia de responsabilidad política en todo momento.

Algunos mensajes tardan en calar… pero terminan calando.

Sobre el control de Twitter, la libertad de expresión y la caza de brujas

Escrito a las 9:09 am
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La doble vara de medir en Twitter: ¿libertad de expresión o simple caza de brujas? - VozPopuliPatricia Morales, de VozPópuli, me llamó hace unos días para hablar sobre la obsesión que le ha entrado a la clase política por poner bajo control los comentarios en las redes sociales, por tratar de imponer un clima “políticamente correcto” al diálogo y al intercambio de opiniones en sitios como Twitter. Hoy lo ha publicado bajo el título “La doble vara de medir en Twitter: libertad de expresión o simple caza de brujas?“.

Mi opinión sigue siendo exactamente la misma: las leyes que regulan delitos como las injurias, las calumnias, las amenazas, los ataques al honor o la incitación a delitos ya existen, están perfectamente tipificadas, y hay amplia jurisprudencia en la que los jueces pueden basarse a la hora de emitir sus veredictos. Twitter y la red no son en absoluto diferentes a otros canales.

¿Hay insultos en Twitter? Por supuesto, pero también existen herramientas para bloquearlos y reportarlos. El que insulta, el que es incapaz de mantener una actitud civilizada en la conversación, se retrata a sí mismo, y al receptor del insulto le toca decidir si es suficiente con un simple bloqueo que aleje a esa molestia de su vista o si estima que ha sido objeto de una acción que merece la intervención de los jueces. Judicializar la conversación y convertir en delito cosas que en la vida normal o en la barra de un bar no lo serían es un error. Dejemos que Twitter y que las redes sociales vayan desarrollando sus protocolos de uso, que las personas vayan dándose cuenta que lo que se expresa públicamente en la red puede – si lo merece – tener sus consecuencias con arreglo a la legislación vigente, y dejemos de obsesionarnos con el control de la red y de imaginar mundos color de rosa donde la conversación es siempre cordial y sin sobresaltos.

 

ACTUALIZACIÓN: Gabriel Navarro me cita hablando sobre este mismo tema (pdf) en La Verdad de Murcia. En La Voz de Galicia, María Cedrón, con quien mantuve también una conversación telefónica, me cita en su artículo en el semanal titulado “¿Hasta dónde podemos llegar en la red?” (pdf). Y también Sònia Valiente en su columna en Las Provincias, y Jordi Évole en la suya en El Periódico.

Cuando ya no puedes fiarte de las noticias (o por qué una red neutral es imprescindible)

Escrito a las 6:10 pm
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IMAGE: Santitep Mongkolsin - 123RFUn interesante estudio de Pew Research Center demuestra hasta qué punto el debate sobre la neutralidad de la red en los Estados Unidos está siendo eliminado de la luz pública gracias a la omisión interesada de toda noticia referente al tema por parte de las televisiones, parte obviamente interesada en el tema.

Un muestreo realizado sobre 2.820 programas de noticias emitidos entre enero y mayo muestra que el debate sobre la neutralidad de la red, un tema fuertemente controvertido, fue mencionado en tan solo veinticinco ocasiones, de las cuales seis tuvieron lugar en Al Jazeera America, no precisamente el canal más popular. A todos los efectos, si un norteamericano quiere informarse sobre la neutralidad de la red, solo puede hacerlo a través de la red: el resto del panorama informativo que podría representar una parte mayoritaria de su dieta informativa ha sido, de manera efectiva, censurado.

¿Hasta qué punto están filtradas o condicionadas las noticias que recibimos? ¿A nadie en España le llama la atención la auténtica basura sesgada que emiten Antena 3 y La Sexta, propiedad de Jose Manuel Lara, cada vez que hablan de temas como internet o los derechos de autor? ¿O hasta qué punto desaparecen o son filtradas las noticias referentes al vergonzoso canon de la AEDE (que es además parte del problema) en los medios pertenecientes a esa asociación? ¿Cómo pueden todos los medios y periodistas españoles quedarse tan tranquilos cuando tres de los medios más importantes del país cambian en menos de un mes sus directores y su línea editorial?

Que los medios de comunicación tengan una línea editorial definida es algo que entra dentro de lo razonable, o tal vez de lo inevitable. La línea editorial de un medio forma parte de su identidad, y en muchos casos, se convierte en uno de los criterios por los que sus lectores y espectadores los eligen: curiosamente, las personas prefieren que la realidad les sea presentada de maneras que refuercen sus creencias y sus valores, en lugar de optar por la objetividad, la imparcialidad o la presentación aséptica. Pero que algunos medios directamente sustraigan noticias relevantes del debate público en función de sus intereses económicos o empresariales resulta mucho más grave, porque no responde a un interés ideológico, sino a una prostitución directa de su función informativa.

En un país como España, en el que el panorama mediático ha sufrido un progresivo proceso de concentración, la obsesión del gobierno con los medios ha llegado a un punto verdaderamente preocupante. Si quieres que un problema se diluya o desaparezca, no tienes más que evitar su presencia en los grandes medios, y para eso, en nuestro país, tienes que hablar cada vez con menos personas. Si aunamos a eso la dependencia de esos medios de factores como la publicidad institucional o la posibilidad de obtener recursos de empresas de internet, el panorama aparece cada vez más claro. En ese contexto, el reciente interés por criminalizar el uso de las redes sociales aludiendo a una supuesta “impunidad” de las mismas no muestra más que un interés por poner bajo control uno de los pocos espacios que quedan en los que las personas pueden comunicarse con libertad.

La red es, cada día más, el recurso fundamental para intentar mantener la calidad democrática de un país. El único sitio en el que las barreras de entrada son suficientemente bajas como para que una persona o grupo de personas pueda informar de una manera independiente, sin tener que someterse necesariamente a presiones o intereses. Y la neutralidad de la red es, precisamente, lo que podría comprometer el valor de la red en ese sentido. Por el momento, cualquiera puede abrir una página en la red y hablar de lo que estime oportuno, con el punto de vista que le parezca más adecuado, independientemente de lo que opinen las empresas de telecomunicaciones que soportan las infraestructuras necesarias para la difusión de esa información. Una vez que la neutralidad de la red desaparece, ese principio también lo hace, y pasaremos a ver cómo solo aquellos medios en la red que pueden pagar la tasa son los que salen en la foto, mientras los demás se diluyen y desaparecen.

Ese, y no otro, es el verdadero valor de la neutralidad de la red. Y esa, y no otra, es la amenaza que estamos viviendo hoy. Tardamos muchos años en conseguir un medio como la red. Pero podríamos tardar muy pocos en matar su principal propuesta de valor.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “When you can no longer trust the news (or why a neutral internet is so important)

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