El Blog de Enrique Dans

Hablando sobre Satya Nadella y Microsoft, en Cinco Días

Escrito a las 10:05 am
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Microsoft elige a un veterano de la casa para liderar su transformación - CincoDíasMarimar Jiménez, de Cinco Días, me envió el pasado viernes algunas preguntas por correo electrónico acerca del entonces inminente nombramiento de Satya Nadella como CEO de Microsoft, en sustitución del nefasto Steve Ballmer, y hoy me cita en su artículo al respecto publicado tras la confirmación de la noticia. El artículo se titula en papel “Microsoft elige a un veterano de la casa para liderar su transformación” (pdf) y en la red, “Microsoft cierra la era Gates-Ballmer y pone al frente a Satya Nadella“.

Mi impresión general es que Nadella es una elección lógica y con sentido: persona que conoce la casa muy bien – aunque en Microsoft son necesarios cambios radicales, la idea de esos cambios llevados a cabo por alguien que viene de fuera, ajeno a la cultura de la compañía, me daría un cierto miedo, – con carácter abierto y conciliador, y que viene de una de las divisiones que realmente ha demostrado saber adaptar su estrategia a los tiempos actuales. Tras un directivo irreflexivo, que tomaba decisiones por impulso y por glándulas, que se creía “invencible” y que casi consigue abocar la compañía al desastre, pasamos a uno sereno, planificador y con la aproximación madura a la estrategia que Microsoft – y cualquier otra empresa – merece y necesita.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que crucé con Marimar:

 

P. ¿Te parece acertado el elegido? ¿Qué destacarías de el que no tuvieran los otros candidatos?

R. Muchos llevábamos tiempo hablando de Nadella como el candidato más razonable de entre los que se mencionaban. Es la visión del candidato interno, del menos mediático, pero del que se sabe que ha conseguido llevar a cabo algunos de los mejores proyectos de la compañía a pesar de la constante destrucción de valor llevada a cabo por Steve Ballmer, seguramente el peor directivo de la historia de la tecnología. Microsoft es una compañía muy especial: tiene una cultura muy sólida que ha conseguido mantener a pesar de Ballmer y que tiene un valor potencial muy elevado, un funcionamiento que es bueno conocer con detalle, y profesionales impresionantes. Si vienes de dentro, tienes mucho camino recorrido en términos de conocimiento de la organización e identificación de talento, y si vienes además de una división que lo ha hecho muy bien y adornado por una trayectoria indudablemente exitosa, tienes garantizado el reconocimiento y la aceptación de autoridad. Por otro lado, es una persona con carácter abierto y dialogante, sereno y reposado, lo que más necesita una organización que ha sufrido regida por las convulsiones constantes y las declaraciones extemporáneas de Ballmer. Microsoft tiene que poner en valor sus muchos recursos internos, y esta es una buena manera de empezar a hacerlo.

P. ¿Cuales son los principales retos para el nuevo consejero delegado?

R. El principal reto es convencer al mercado de que la compañía tiene claro a donde va, y que su planteamiento estratégico no es el de “más de lo mismo”. Nadella ha conseguido que una gran parte de la compañía se oriente hacia el futuro, ahora tiene que convencer al mercado de que es un muy buen proveedor para ello. Eso implica hacer una compañía infinitamente más abierta en todo, porque el valor principal que atrae de sus competidores es el de las arquitecturas y licencias abiertas, no propietarias. Tu proveedor tecnológico tiene que ofrecerte transparencia y apertura, sistemas basados en el valor de todas sus piezas, estén dentro o fuera de la compañía, desarrollos con una velocidad que se basa en el funcionamiento de muchas piezas organizadas de manera difusa en torno a una plataforma, desarrolladores independientes, etc. Nadella ha conseguido que muchas empresas consideren Azure una plataforma adecuada para sus negocios, ahora debe consolidarlo en función de la experiencia de usuario y del valor percibido. Además, debe completar la transición de las herramientas a la nube, lo que implica llevar a cabo una gigantesca transición del parque instalado y una sustitución completa de los flujos de ingresos. No es en absoluto sencillo, y en cómo lo gestione está jugándose el nivel de relevancia que Microsoft tenga en el futuro, no tanto en términos de ingresos, como de valor de la marca como tal.

P. Viendo la evolución de Microsoft, ¿crees que están dando ya los pasos adecuados: compra de Nokia, estrategia en la nube…? ¿Qué deberían cambiar?

R. La compra de Nokia no es necesariamente un paso adecuado, porque conlleva competir con aquellos que pretendes que adopten tu sistema. Veremos a dónde les acaba llevando, porque de entrada no parece una posición sencilla, y podría redundar en una pérdida de posiciones en dispositivos móviles. Es una estrategia que paraleliza la de Apple, no la de Google, y todos vemos cómo están evolucionando una y otra. En cuanto a la nube, sí parece una estrategia buena, porque orienta a la compañía hacia el escenario del futuro – o del presente – e intenta posicionarla como un competidor adecuado para que las muchísimas empresas que utilizaban sus productos lleven a cabo una transición, algo que parece en muchas ocasiones más sencillo, aunque no necesariamente lo sea, que cambiar radicalmente de proveedor. Si muchas empresas pasan con Microsoft desde sus plataformas centradas en ordenadores a plataformas centradas en su nube, la compañía puede tener una base muy buena para edificar su futuro. Si además lo hace con esquemas abiertos que permiten que otros se suban y los potencien, más aún. El gran reto, en el caso de Microsoft, es la apertura. Abrirse, o convertirse en cada vez más irrelevante.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Discussing Satya Nadella and Microsoft in the Spanish media“)

Hablando sobre comunicación, en Gestión

Escrito a las 3:15 pm
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Enrique Dans: "Contratar una agencia supone poner esteroides a tu comunicación" - GestiónMiguel Ugaz, Jefe de Comunicaciones en la Universidad del Pacífico, me hizo una entrevista a través de Skype – no esperaba que la entrevista fuese a ser con imagen, no me busqué un sitio adecuado, y la iluminación quedó un tanto patibularia – y hoy la reseña en su artículo en Gestión titulado “Contratar una agencia supone poner esteroides a tu comunicación“.

Hablamos sobre cuál debería ser el papel de las agencias de comunicación, al hilo de los dos artículos  que dediqué recientemente al tema.

El reconocimiento facial ya está aquí

Escrito a las 6:13 pm
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NameTag by FacialNetworkEl pasado mes de diciembre se presentó NameTag, una aplicación para Google Glass desarrollada por FacialNetwork.com capaz de analizar los rasgos de una cara, buscarla en su base de datos en la nube, y presentar al usuario con una colección de datos relevantes sobre la persona que ha identificado.

El desarrollo no debería pillarnos de sorpresa: es algo sobre lo que llevamos hablando cierto tiempo como un destino inexorable, imposible de evitar, una de esas cosas que va a ocurrir nos guste o no, lo que los norteamericanos llaman “an idea whose time has come”.

 

 

Basta con ver el vídeo para hacerse una idea: sí, aún tarda bastante en devolver los resultados y está haciendo pruebas con caras que ya están en su base de datos, pero la idea está clara, y nunca la velocidad de transmisión o de proceso ha supuesto un freno para nada: miraremos a una persona, y nos devolverá información relevante de la misma, con todo lo que ello conlleva.

La idea, como decimos, no es en absoluto nueva. Además de llevar tiempo siendo utilizada a nivel de usuario final para cuestiones como etiquetar fotografías en Picasa o en iPhoto, también es usada por la policía en algunas jurisdicciones, además de ser protagonista de un desarrollo importante por parte de, como no, algunos departamentos federales de los Estados Unidos. La posición de Google al respecto ha sido hasta el momento clara: no está dispuesta a admitir desarrollos que utilicen tecnologías de reconocimiento facial en aras del respeto a la privacidad al menos hasta que haya desarrollado protecciones en ese sentido, pero eso no ha impedido que incluyese en su Google I/O de 2013 una sesión impartida por dos ingenieros de la compañía y titulada Voiding your warranty: hacking Glass, con el claro mensaje “Disclaimer: you’ll be stepping into uncharted and unsupported territory!”, que viene a ser precisamente el mensaje que todos sabemos que tenemos que dar a un hacker para que se decida a seguir una dirección determinada en sus desarrollos. De hecho, es lo que está ocurriendo: los desarrolladores están generando aplicaciones, y buscándose maneras de hacerlas llegar a los usuarios de Google Glass del mismo modo que podemos instalar apps no oficiales en nuestros teléfonos móviles.

Un artículo reciente en The New Yorker, titulado Through a face scanner darkly siguiendo la obra de, como no, el gran Philip K. Dick, explora precisamente las consecuencias de este desarrollo tecnológico: una “memoria con esteroides” que nos permite “recordar” a todo aquel que se cruza con nosotros – o no recordarlo, sino directamente reconocerlo aunque no nos uniese ningún tipo de relación anterior – y que nos asocia de manera inexorable e indeleble con nuestro ego-search, con todo lo que una aplicación o motor de búsqueda pueda extraer de nosotros utilizando nuestros rasgos faciales como clave maestra.

El escenario es el que es: ya resulta perfectamente posible cruzarse con una persona por la calle, hacerle una foto con un mínimo de calidad en cuanto a orientación (frontal y con relativa poca distancia) teniendo en cuenta que ya existen aplicaciones para hacer una foto simplemente guiñando un ojo y sin tener que decir en voz alta eso de “OK Glass, take a photo”, enviar esa fotografía a una base de datos para que la busque, y obtener una selección de detalles personales de quien tenemos delante que pueden incluir su nombre, ocupación, perfil en redes sociales… o, en países como Estados Unidos o el Reino Unido, si está registrado como agresor sexual.

Esto ya está aquí. No hablamos de ciencia-ficción ni de visiones distópicas del futuro. Conviene ir pensando sobre ello, y en parte con la aproximación tecno-fatalista de “en realidad, va a ocurrir igual me guste o no”. Porque, en el fondo, hablamos de dispositivos cuyo funcionamiento es imposible chequear individualmente, de bases de datos cuya existencia es prácticamente imposible controlar, de una cara que no nos podemos quitar, y de procedimientos ya desarrollados para poner esa información, literalmente, delante de nuestra vista. En todos los sentidos, un mundo diferente.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Facing up to facial recognition“)

Pues nada… vamos a ver “Her”

Escrito a las 3:31 pm
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HerEsta tarde voy a ver Her. ¿Qué tiene eso de especial? ¿Qué me lleva a escribir un artículo sobre el simple hecho de ir a ver una película? Pues algo tan sencillo como que dicha película, a pesar de haberse estrenado en los Estados Unidos el 18 de diciembre, no se estrena en España hasta el… 21 de febrero.

Efectivamente: sesenta y cinco días después. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… y así hasta sesenta y cinco. ¿Alguien se ha parado a pensar lo que, en un mundo completamente interconectado, significan sesenta y cinco días? ¿Alguien con una mínima sensibilidad por el cliente ha pensado en lo que significan sesenta y cinco días de espera por un producto que de verdad te interesa, mientras lees opiniones de mil y un críticos sobre lo que les pareció dicho producto? ¿De verdad alguien en su sano juicio pretende que espere sesenta y cinco días para ver ese producto, cuando tengo una alternativa a un clic de distancia?

Así que ayer, tras comentarme un buen amigo que ya la había visto en su casa y que no había sido en screener, me fui a The Pirate Bay y me la bajé en versión original y en perfecta calidad. Me niego por principio a ver screeners, me niego a escuchar toses y ruido de palomitas mientras de vez en cuando pasa un tío por delante de la pantalla. No solo me cuestiono la moralidad y la decencia del tipo que se planta en un cine con una cámara para conseguir la película, sino que sé que generalmente ese fenómeno está ligado a mafias y a impresentables que pretenden lucrarse con la propiedad intelectual de un tercero sin repercutir absolutamente nada a ese tercero. En el fondo, creo que el culpable es el tonto que decide esperar sesenta y cinco días a traer su producto a mi mercado, que deja un dinero encima de la mesa que otros simplemente buscan llevarse, pero me niego a colaborar económicamente con algunos de los que se lo llevan, a los que no reconozco ningún tipo de posición moral con la que me apetezca relacionarme.

Así que, tras encontrar una versión de la película que obviamente proviene de un DVD o copia obtenida de la fuente y que se ve y se escucha perfectamente, la voy a ver esta tarde. Eso implica, muy posiblemente, que no la veré en el cine, que es lo que a mí realmente me gustaría hacer. Sí, me gusta ver las películas en el cine. Me gusta aislarme y centrar mi atención en una pantalla, con el teléfono apagado, con la habitación completamente a oscuras, sin estímulos adicionales que no sean la propia película, cuando de verdad te puedes “meter dentro” de la historia. El cine es caro, sí, absurdamente caro, pero a pesar de que no soy en absoluto rico, tampoco soy especialmente sensible a su precio. Habría estado no encantado, sino encantadísimo de ver esta película en un cine, pagando su entrada y mis palomitas a precio de oro. Pero no, no voy a poder hacerlo. Esta tarde voy a ver “Her” en una pantalla que no está mal para el salón de una casa estándar, pero a mucho menor tamaño y con una experiencia mucho menos inmersiva de lo que habría deseado, solo porque a alguien le ha dado por pensar que tenía sentido esperar sesenta y cinco días para ofrecer dicha película en mi mercado.

Sí, sé que el doblaje lleva tiempo. Pero ¿no pueden pensar en comenzar el trabajo antes, para hacer un estreno mundial el mismo día, o pocos días después? Si en cualquier caso no iba a ver la película doblada, no tengo interés en una versión falsa en la que no escucho la verdadera voz de los actores ni sus inflexiones… habrá muy buenos actores de doblaje en España, pero me parece sencillamente demencial cargarse una obra así. En mi caso, no quiero ni siquiera subtítulos, que me distraen, pero podría aceptarlos si el mercado los pide. ¿No pueden pensar en segmentar su público, ofreciendo el mismo día del estreno la versión original subtitulada, y la versión doblada más adelante cuando se haya terminado su grabación? ¿No? ¿Suena de verdad tan absurdo?

Pues como suena tan absurdo, voy a verme “Her” dentro de un rato, privando a su creador de unos ingresos que se merecía, privando a las salas de cine de unos ingresos que podían haberse merecido, y a la salud de quien tuvo el buen detalle de filtrar una versión decente a las redes P2P. ¿Soy un delincuente por pretender consumir un producto antes de que me lo hayan destripado infinitos análisis en la prensa internacional que leo todos los días? ¿Por no poder acceder a un material que percibo como necesario para mi trabajo, para aquello a lo que me dedico? ¿Lo soy? Pues denúnciame. Yo seré un delincuente, pero el responsable de que yo tenga que obtener el producto así es un perfecto ignorante, que se merece esto y mucho más.

 

ACTUALIZACIÓN: la película es MUY buena. No voy a dar más detalles para no hacer spoilers, pero vale la pena verla.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The only way – for the next 65 days – to see Spike Jonze’s ‘Her’“)

The internet of everything

Escrito a las 5:29 pm
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Un pequeño vídeo de tres minutos que me hicieron en IE Business School hablando sobre la superposición de tendencias como la internet de las cosas, los wearables o la sensorización, evidenciada en la amplísima variedad de dispositivos presentados en el Consumer Electronic Show de principios de este año o en la compra de Nest Labs por parte de Google, y que vienen a conformar eso que se ha dado en llamar “the internet of everything”, o la “internet del todo”, lo que ocurre cuando lo conectamos todo a la red. Un mercado mundial, según Gartner, que puede alcanzar los 1,41 billones de euros.

Por el momento ha sido publicado en Gestión (Perú), en Líderes (Ecuador) y en Mundo Ejecutivo (México).

Columna de Expansión: Motorola, ¿mal negocio?

Escrito a las 10:55 am
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Motorola, ¿mal negocio? - Expansión (pdf, haz clic para no dejarte los ojos)Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Motorola, ¿mal negocio?“, y trata de explicar los entresijos de una operación de ida y vuelta en la que, obviamente, se ha producido una importante pérdida económica para Google, pero que responde a razones que no dejan de tener su cierta lógica.

Google adquirió Motorola en el medio del verano de 2011 por 12.500 millones de dólares, fundamentalmente con el fin de hacerse con su cartera de patentes. En medio de una guerra importante en la que las patentes eran las armas con las que luchar intentando obligar a otros a pagar por ellas, Google se encontraba sin armas, en parte debido a su entrada tardía en este área, y en parte derivado de una posición casi ideológica en contra del uso de las patentes como forma de disuadir la innovación. Para armarse, Google se dirigió a una de las empresas más importante y con más solera de ese entorno, una Motorola mítica en los inicios de la telefonía móvil, pero que no se encontraba ya en su mejor momento. En su momento, y a pesar de no estar compitiendo con ninguna otra empresa por la adquisición de Motorola, Google elevó su oferta para incluir en el trato la totalidad de la cartera de patentes de la compañía, que era a todas luces el objetivo principal de la adquisición.

Google adquirió una empresa en bajas horas en cuanto a la popularidad de sus modelos, con un posicionamiento no demasiado bueno en smartphones, pero con patentes relacionadas acumuladas desde el inicio de los tiempos. Tras adquirirla, vendió la parte de Motorola Home por 2.350 millones de dólares a Arris en diciembre de 2012, y vende ahora la división de fabricación y comercialización de terminales a Lenovo por otros 3.100. En el medio, todo indica que el uso de las patentes de Motorola no ha sido en absoluto lo que se esperaba: las patentes en este entorno tienen una caducidad de facto relativamente rápida, y una serie de fallos desfavorables a la compañía han llevado a estimar que, en efecto, la compañía sobreestimó el valor de esa cartera.

El caso es que, con la cartera de patentes, Google se hizo cargo de un fabricante de terminales. Y eso, en la estrategia de hardware de Google, suponía un problema importante. El negocio de Google está en convencer a otros fabricantes para que incorporen su tecnología, algo que claramente entra en conflicto con el hecho de ser su competidor. Las pérdidas potenciales de posibles movimientos de abandono de los grandes fabricantes de terminales por la posible desconfianza que pudiese surgir del hecho de poseer Motorola eran demasiado elevadas. Así que, a pesar de haber invertido recursos importantes en poner Motorola al día, en reestructurarla y en lanzar líneas de productos competitivas, Google tiene que aplicar una regla de oro: los costes históricos no deben influir en la toma de decisiones. EL precio pagado por Google en su momento da lo mismo, lo estratégicamente importante ahora es preservar las relaciones con los fabricantes de terminales, con el fin de mantener el crecimiento del parque de Android. ¿Mal negocio? Evidentemente, la cantidad que falta en esta operación es importante, y la cartera de patentes no parece ser digna de ese valor. Pero las cosas hay que hacerlas cuando hay que hacerlas, y el negocio de Google es así: dominar el hardware, sin fabricar hardware. Lo demás, es atribuirle objetivos que, salvo de forma puntual, nunca tuvo, y que sería muy complicado que llegase a tener.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Motorola: ¿mal negocio?

Google vende el negocio de móviles de Motorola a Lenovo por 2.910 millones de dólares, demostrando que el hardware, aunque crucial para el despliegue de su estrategia, es para la compañía un elemento entre lo marginal y lo accidental.

La adquisición de Motorola fue una de las grandes sorpresas del verano de 2011: una operación de 12.500 millones de dólares que otorgaba a Google la propiedad de un fabricante mítico que no pasaba por su mejor momento, pero que poseía una enorme cartera de patentes que podían resultar fundamentales de cara al complejo escenario de litigios que se planteaba.

Por otro lado, la adquisición suponía un problema: si la estrategia de Google con Android era hacerse atractivo a todos los fabricantes de smartphones, ¿cómo podían estos digerir la complejidad de que aquel que les vendía una parte tan crítica como su sistema operativo compitiese a la vez con ellos con su propio fabricante de terminales? Hacerse fabricante era una incoherencia peligrosa para Google.

Finalmente, Google compró Motorola por 12.500 millones de dólares, invirtió para hacer competitiva la compañía – los modelos que surgieron de la colaboración, Moto X y Moto G, son sumamente prometedores – y la vende por 2.910, reteniendo su cartera de patentes. ¿Mal negocio?

La estrategia de hardware de Google es de una eficiencia apabullante: con un sistema de licencia abierta y gratuita, ha conseguido que su sistema domine de manera aplastante el mercado smartphone, escale progresivamente posiciones en el de tablets, y se posiciones agresivamente en el de ordenadores mediante Chromebook.

El hardware, como medio para conseguir un fin. Ser el alma de las máquinas que fabrican otros. Microsoft dominó durante muchos años el escenario tecnológico gracias a su sistema operativo. Google pretende seguir el mismo camino.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Google and Motorola: bad business?“)

En “Para todos la 2″, hablando sobre móviles en la escuela

Escrito a las 3:20 pm
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Para todos la 2Estoy ahora mismo en el AVE saliendo de Barcelona, a donde acudí invitado por RTVE para tratar el tema de los móviles en la escuela en el programa “Para todos la 2“, en una tertulia en la que estuvieron también Pere Torrents, manager de educación de GSMA, y Marc Segarra, consultor en creatividad y cocreación en Incubio, agradablemente moderados por Juanjo Pardo.

Nos habían enviado un pequeño guión de preguntas para una tertulia en la que teníamos disponibles veintidós minutos, que por mi experiencia suelen quedarse cortísimos. Tras avisar a todos mis compañeros de mesa acerca de mi tendencia a la incontinencia verbal y decirles que no dudasen en lanzarme algo contundente si hacía además de monopolizar el diálogo en un tema que me resulta interesantísimo, empezamos… y la verdad, el resultado me gustó mucho.

Sensación de haber cubierto los objetivos buscados: salieron temas como la experiencia con el uso de metodologías abiertas, blogs de alumno, flipped classroom o edupunk, se habló de la iniciativa de cada vez más profesionales de la enseñanza frente a este tipo de iniciativas y las resistencias que en demasiadas ocasiones se encontraban por culpa de las rigideces del sistema en muchas instituciones o incluso por parte de muchos padres, y se mencionaron numerosos temas extraídos de la experiencia que me parecieron que dejaban claro la actitud positiva y constructiva de todos los presentes con respecto a este tipo de temas. Hay que tener en cuenta que la tertulia no buscaba la confrontación de posturas, sino la exposición y familiarización de los espectadores con el tema.

Empecé fuerte definiendo al enemigo: el libro de texto. Sea en el formato que sea, en papel o electrónico, el libro de texto es un artefacto del pasado que define un formato autocontenido, un “paquete” en el que está, supuestamente, “todo” lo que el alumno debe aprender a lo largo de un curso en una asignatura. Un formato completamente del pasado, completamente contraproducente con respecto a lo que deberían ser los objetivos de la educación hoy: en pleno siglo XXI, la información es ubicua, está por todas partes, y lo que debe enseñarse a los niños es cómo manejarse en un océano de información. Dársela “empaquetada” y pretender objetivos memorísticos evaluados en función de la retención y la redacción en un examen es absurdo, y favorece el uso de la herramienta con propósitos de adoctrinamiento, algo que ya muchos consideran “parte del escenario” y que supone una auténtica aberración que jamás se puede legitimar o tratar con ligereza.

En efecto, el libro de texto es decididamente el enemigo a batir, uno que se esconde bajo el manto de una supuesta legitimidad del objeto contra el que pocos quieren plantear batalla, pero que condiciona claramente el futuro de nuestros hijos, poniéndolos en un escenario que no responde en absoluto a los objetivos y las demandas del aprendizaje de nuestros días. El libro de texto no vale, en ninguna de sus variaciones: todo lo que suponga reinventar el formato en otro soporte más digital o más vistoso es inútil: el conocimiento ya no viene encapsulado, cerrado y encuadernado. Debemos exigir que el proceso educativo enseñe a nuestros hijos a buscar información, cualificarla y utilizarla, un objetivo que les resultará infinitamente más motivador que enfrentarse a un libro de texto, y que los preparará infinitamente mejor de cara a las habilidades que necesitarán en su futuro como miembros de la sociedad. En la consecución de ese objetivo, las tecnologías móviles suponen un descenso de las barreras de entrada, una defensa contra la división digital: no todo el mundo puede permitirse un smartphone, pero indudablemente es un dispositivo que ofrece una amplia gama de posibilidades y que está sujeto a una permanente dinámica de descenso de precios (cité Firefox OS) por sus muchas posibilidades en ese sentido y su arquitectura abierta, y supongo que en parte influenciado por el proyecto ThinkBit, sobre el que escribí hace un par de días, y que también cité durante la tertulia.

Además, salieron temas como el papel, la motivación y la formación del profesor, y la progresiva caída en desgracia – no en la enseñanza, sino en el conjunto de la sociedad – de un sistema basado en la autoridad, algo que la generación millenial no acepta si no ve completa y adecuadamente justificada. Y, en una intervención que hará las delicias de mi hija, empeñada en que eso de los “nativos digitales” es una falacia de primer nivel, hablé de la disonancia que surge cuando las empresas hablan de los jóvenes (“son la bomba, usan la tecnología de maravilla como si hubieran nacido con ella, etc.”) y lo que los jóvenes piensan de sí mismos (“no tenemos ni idea, lo único que hacemos es usar dos o tres herramientas mal contadas, nos falta muchísima base y necesitamos muchísimo aprendizaje en el uso de la tecnología”). No podemos educar a nuestros hijos diciéndoles que “son la bomba”, fundamentalmente porque no lo son. Sí, tal vez tengan una cierta facilidad mayor por el hecho de haber crecido en un entorno con una fuerte presencia de tecnología, pero dejados a su libre albedrío se limitan, en efecto, al uso intensivo de unas pocas herramientas, sin ningún tipo de reflexión sobre su uso, y sin tratar de entender “por qué o cómo funcionan las cosas” o “qué hay detrás de todo esto”.

Una tertulia muy agradable, en la que sin duda habrá cuestiones no exentas de polémica, pero que creo que puede caracterizar muy bien el signo de los tiempos que se avecinan. La cuestión es… a qué velocidad. El futuro ya está aquí, simplemente es que no está uniformemente distribuido.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “On the use of smartphones in education“)

Cambiando nuestras percepciones sobre la impresión tridimensional

Escrito a las 7:08 pm
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IMAGE: Kadriya Gatina - 123RFLa impresión tridimensional es una de esas tecnologías que nos está permitiendo presenciar en tiempo real un desarrollo de potencial y aplicaciones similar a una explosión.

Aunque las primeras impresoras tridimensionales datan de los años ’80, no ha sido hasta alrededor de 2010 cuando ha empezado a popularizarse su uso con el desarrollo de modelos de cada vez mayor simplicidad y menor coste, al tiempo que surgen nuevas variaciones y tecnologías que incrementan su utilidad y posibilidades.

Por un lado, ya hemos visto cómo algunos modelos de impresoras 3D llegaban hasta las ofertas de las grandes superficies, de la mano de compañías orientadas al mercado de consumo que ahora forman parte de conglomerados cada vez mayores. Si unes este fenómeno con las tiendas en la calle, con la posibilidad de hacerte tú mismo tu propia impresora tridimensional de la mano de proyectos DIY como RepRap y con el fenómeno de los hackerspaces, esa multidimensionalidad y variedad de jugadores le da un aspecto de “sopa primordial” interesantísimo. Si añadimos la expiración, precisamente ayer, de la importante patente que protegía el proceso fundamental de una de las modalidades de impresión 3D, el panorama no puede ser más halagüeño.

Por otro, vamos viendo cómo las primeras limitaciones que estaban en boca de todos los críticos empiezan a desaparecer: desde los primeros modelos que imprimían únicamente en dos tipos de plástico termofusible, vamos avanzando hacia aparatos capaces de imprimir en fibra de carbono o en metal, tanto a nivel de pequeño taller como a escala industrial, o aparatos capaces de imprimir objetos de múltiples colores y múltiples materiales en un solo paso.

Si empiezas a recopilar aplicaciones actuales para la impresión tridimensional, te puedes encontrar bien a gusto con una lista de treinta tipos de usos, desde fabricación de piezas de aviones de combate con un enorme ahorro de tiempos y presupuesto, hasta cuestiones que van desde prótesis a selfies y figuritas decorativas de todo tipo (incluyendo fetos, a modo de “imprime a tu bebé“), maquetas, o incluso tejidos vivos. O una casa. El famoso temor ante la idea de hordas de pandilleros imprimiendo pistolas ha resultado ser mucho más sensacionalismo que otra cosa: si quieres hacer una pistola, hay mil maneras mucho más prácticas de hacerla.

El acceso y la familiaridad con este tipo de tecnologías va a determinar muchísimas cosas en el futuro, y va a afectar a la forma de hacer las cosas en una muy amplia gama de industrias de todo tipo, a través de efectos que van desde el prototipado rápido hasta la fabricación directa de elementos en series cortas o incluso únicas. Recuérdalo: si no lo ves venir, es que te está fallando la vista.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “3D printing: the shape of things to come“)

Algunos consejos para no quemarte en Twitter

Escrito a las 6:53 pm
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IMAGE: Jirkaejc - 123RF

Aunque Twitter es ya de todo menos un recién llegado al mundo de la comunicación (no, no está con nosotros desde los años 50, pero casi lo parece), lo cierto es que las experiencias que cada usuario tienen con esta red social dependen de una muy amplia variedad de factores.

Si hay algo cierto, es que no existe una experiencia de Twitter, sino tantas como usuarios. Es algo que me harto de decir en clases y conferencias: si Twitter te parece una tontería o una banalidad, es porque has escogido seguir a usuarios tontos o banales, y no es por tanto culpa de la herramienta, sino tuya.

De Twitter puedes obtener lo que quieras: desde información muy fresca desde completamente generalista a específica sobre cualquier tema imaginable si sigues a quienes suelen estar bien informados sobre el mismo, a sucesiones interminables de chascarrillos y frases inspiracionales de autoayuda, o a simplemente saber qué pasa por la mente de tus amigos si decides seguir únicamente a estos. El patrón de participación – producción y diseminación activa de contenidos frente a puro lurking – es otra cuestión que depende de las preferencias personales, y sobre la que nunca puede decirse si está bien o mal: cada uno es cada uno y tiene sus circunstancias. Y por supuesto, muy pocos escogen un enfoque maximalista consagrado a una de estas posibilidades: la mayoría de los usuarios tienden a armarse de coctelera y mezclar esos ingredientes en las proporciones que estiman adecuadas.

En mi caso, pasé por la época de “fatiga de Twitter” relativamente pronto, y ahora, como a muchos otros, la idea de sentirme “quemado” en mi uso de esa herramienta me parece lejana. Por dar una idea de antecedentes: comencé a utilizar Twitter a principios de 2007, siguiendo un patrón que respondía a su pregunta original: ¿qué estás haciendo? Ponía ahí todo salvo lo más puramente personal: donde iba, qué comía, qué bebía, qué leía… Cuando se presentó Twitter en español y me incluyeron en las cuentas recomendadas a primeros de noviembre de 2009, cuestión que me llevó a pasar desde los nueve mil followers que tenía entonces a más allá de cuarenta mil, sufrí una cierta “crisis de identidad” que me llevó a replantearme qué cosas de las que compartía tenía sentido de verdad compartir. Mi uso global de Twitter disminuyó bastante, preferí ser relativamente prudente, pasar a un perfil más reservado, y dedicar Twitter o bien a difundir los contenidos que yo mismo creaba, o las cosas que leía que me resultaban más interesantes o mentalmente provocativas. Más de tres años después, sigo igual: es raro que publique más de tres o cuatro actualizaciones en un día, si algo se convierte en conversación suelo llevármelo al mensaje directo (DM) o a otro medio, y trato de evitar saturar a mis seguidores con cosas que consideren irrelevantes, aunque no renuncie a darle toques puramente personales de vez en cuando.

Sin duda, Twitter es un universo en permanente evolución. Algunos de los que lo siguen afirman que el afán de protagonismo y la “necesidad” de tener repercusión están matando a Twitter. Sí, algo puede haber, pero yo, francamente, prefiero huir de las visiones apocalípticas, y pensar que toda herramienta pasa por períodos diferentes en su evolución y por derivas que, habitualmente, tienden a terminar por corregirse a sí mismas. Lo que sí es cierto es que el uso de Twitter puede llevar a algunos, en función de su experiencia, a una cierta sensación de agotamiento, casi a “quemarse”, y creo que tratar de recopilar algunos consejos al respecto, sin pretender por supuesto ser exhaustivo o hacer afirmaciones absolutas (y por supuesto, sin ánimo de decir a nadie “cómo debe usar Twitter” o de incidir en cosas completamente obvias) puede llegar a tener cierta utilidad.

Mis líneas generales serían las siguientes:

 

  • Asimetría: la asimetría comunicativa es un fenómeno natural, y Twitter es una red intensamente asimétrica. Entender que lo que tú escribes solo es leído por aquellos que te siguen, y que únicamente supone un minúsculo espacio de su timeline que fácilmente puede pasarles desapercibido es fundamental. Pero lo contrario también lo es: hay personas que, de manera natural, tienen muchos seguidores. Puede ser por su profesión, por ser famosos, por salir en televisión, o por otros factores. Que alguien tenga muchos seguidores en Twitter no implica que lo paren por la calle. Pero sí implica que bajo ningún concepto debe tratar de contestar a todo lo que le digan a través de la red. No contestes a todo el mundo, o dejarás de tener vida. No eres “un estirado” por no contestar a todo el mundo: ni lo intentes. Ni se debe hacer, ni es bueno hacerlo. No eres un servicio 24×7. Quien te sigue terminará por entender el concepto de asimetría comunicativa, y si no, peor para él.
  • Líneas rojas: la conversación es ni más ni menos que eso, una conversación. Determinadas actitudes o lenguajes no deben ser contestadas, ni en la red ni fuera de ella, más que con un block user. Si algo te hace sentir que tienes que volverte un maleducado para contestar, lo más probable es que no debas contestarlo, y sí bloquear a quien te ha hecho sentir así. Las actitudes a bloquear no son solo las directamente insultantes: la ironía mal entendida, el acoso o en general, aquello que te lleve a sentirte incómodo de manera injustificada son cuestiones que harías mejor en eliminar de tu timeline. Seas hombre, mujer, famoso, anónimo o marca, no estás en Twitter para ser flagelado públicamente.
  • Número de tweets: no seas cansino. No insistas mucho en un tema, aunque sea un evento en el que estás, trata de no provocar saturación. Y por el amor de dios, no repitas tus tweets a distintas horas para que se vean más, aunque te parezca que funciona. ¿Te parecería normal que alguien en una conversación repitiese las mismas frases cada poco tiempo?
  • Unfollows: es más habitual que alguien te haga unfollow por algo que dices que por algo que no dices, ¿no te parece? A lo mejor, es bueno que actualices menos y que te plantees más qué cosas escribes. No estás obligado a actualizar constantemente, no te ponen nota por ello, y si no actualizas, no pasa nada. Una cuenta a la que sigues, si actualiza poco pero cuando dice algo te interesa, no es normal que la dejes de seguir. Una que te sature habitualmente estará mucho más cerca de conseguir tu unfollow, ¿no? Pues contigo es igual. Por cierto, las dinámicas de unfollow, si no responden a algo que acabas de decir, son impredecibles, y parte de la dinámica normal de Twitter. No te agobies.
  • ¿Tienes seguidores por hacer lo mismo que todos los demás? ¿O por hacer cosas diferentes? Piénsalo. Y además de pensarlo, ya que estás, adapta tu creación de contenido a ello. Si te limitas a retwittear noticias, dado que no vas a poder meter mucho más en los ciento cuarenta caracteres de una actualización, deberás tratar de darle un componente personal, que suponga una propuesta de valor para quien te siga: “voy a seguir a esta persona porque con ello me mantengo actualizado en este área”, o similar.
  • El uso de Twitter puede llegar a quemarte, sí. Pero eso no quiere decir que debas ser tú quien se queme a lo bonzo. No digas tonterías, ni barbaridades, ni frases que puedan estar sujetas a una interpretación peligrosa o que haga parecer que te tomas un asunto serio muy a la ligera. Y de puro sentido común: si bebes, no twittees. O en general, si te lo estás pasando increíblemente bien, no pares el ritmo de la fiesta o de la conversación para ponerte a contarlo en Twitter. Es anti-climático y desagradable para quienes están compartiendo ese momento contigo, y encima te lleva a escribir en un estado mental que no siempre es el más aconsejable.
  • Y al revés: no seas completamente prudente, oficialista y aburrido. En el equilibrio entre lo estrictamente diplomático y la más absoluta boutade está la esencia del éxito de una cuenta, que se asocia mucho con el éxito de tu comunicación personal. Vete mucho hacia un lado, y seguramente te seguirá poca gente porque serás aburrido. Vete hacia el otro, y es posible que tu conflictividad o tu visibilidad asociada con temas asociados con lo “peligroso” te lleve a tener problemas. O no, tú sabrás. Pero si decides ir por ese camino, que sea fruto de un análisis razonado.
  • Obvio, sí, pero nunca suficientemente repetido: ten cuidado con la ortografía. Y con la puntuación, los acentos, la gramática… no, no tienes que ser un académico de la lengua, pero es increíble lo mucho que pueden llegar a decir de ti ciento cuarenta míseros caracteres.
  • No vivas para twittear. Sí, Twitter puede ser un elemento muy potente en la construcción de tu marca. Pero pocas cosas saturan más que alguien que no sabe separar su vida offline de su vida online, o que alguien con tan poco sentido común que hay que estar avisándole y pidiéndole que ni se le ocurra twittear cosas que pasan ante sí. Si te lo dicen demasiadas veces, es que hay algo que no estás haciendo bien.
  • No te metas en líos de los que no vas a saber salir. Polemizar está bien y es sano. Pero mide. Mide mucho. Mide bien. Y si no estás seguro de cómo se va a entender lo que digas y tienen alguna intuición de que podría ser mal entendido, vuélvelo a formular.
  • Tormentas twitteras: las hay a todas horas. Por alguna misteriosa razón, cosas que de palabra no pasarían de chascarrillo, en Twitter se convierten en demandas clamorosas de ejecución en la plaza pública. No, no borres el tweet, o al menos no lo borres sin dar una explicación antes. Si en efecto fue una estupidez, se entendió mal, querías decir otra cosa o sencillamente te equivocaste… lo mejor es decir que fue una estupidez, que se entendió mal, que querías decir otra cosa o que sencillamente te equivocaste, que para eso somos todos humanos. Si crees que mantener el tweet puede llevar a malos entendidos por descontextualización y que es mejor borrarlo, bórralo, pero después de la explicación y de hacer una captura del mismo. Ah, y de los errores se aprende. Que se vea. Las tormentas pasan pronto – salvo, claro está, que generes una a la semana. En ese caso, aléjate de Twitter.
  • Y si a pesar de todo te quemas… piensa que el problema no está en la herramienta, está en ti. Ponerte a despotricar contra Twitter, contra los twitteros y contra el gobierno en pleno no va a arreglar las cosas, no te va a hacer sentir mejor, y sí puede llevar a que enfades a mucha gente o piensen que tienes el raciocinio de un niño de tres años. No cierres tu cuenta, Twitter es una gran herramienta y está aquí para quedarse. Pon un mensaje de “lo siento, me he quemado y voy a darme un tiempo para que se me pase”, y plantéate que ya volverás – cuando hayas leído estos consejos :-)

 

(This post is also available in English in my Medium page, “A few pointers to avoid getting burnt on Twitter“)

Estrategias de contenidos absurdas, Vol. n+1

Escrito a las 6:42 pm
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No Flipboard on BloombergHay estrategias que resultan difíciles de entender. Cuando vienen de la industria de los contenidos, la verdad, esa dificultad tiende a disminuir bastante: uno es capaz de imaginarse las irracionalidades más grandes viniendo de una industria en la que habitan dinosaurios que probablemente nieguen todavía que La Tierra gire alrededor del sol.

Pero aún así, todavía conservan la capacidad de sorprendernos: ¿qué lleva a una publicación como Bloomberg a negar a Flipboard – o mejor, a negar a los usuarios de Flipboard – la posibilidad de incluir en las revistas que autopublican cualquier noticia procedente de medios de la compañía?

A ver, pensemos: en ningún caso hablamos de eso que la industria pretende absurdamente llamar “robo de contenidos”, dado que Flipboard únicamente incluye en sus revistas una imagen, cuando la hay, y un titular. Para llegar al contenido, que únicamente se insinúa a través de esos dos elementos comunicativos, es preciso un clic que lleva, por lo general, directamente a la publicación de origen. En mi página, Flipboard es un habitual referrer de tráfico: no por supuesto al nivel de sitios como Google, Facebook, Twitter o Feedly, pero sí dignamente representado. ¿Qué absurdo proceso mental lleva a Bloomberg a negar el acceso a algo tan fundamental para la comunicación viral y la difusión como un titular y una ilustración? ¿Qué cree perder la compañía de medios a cambio de proporcionar a los usuarios de una aplicación como Flipboard, que no dejan de ser lectores de las publicaciones de Bloomberg, la posibilidad de situar las noticias que leen en las micro-revistas que autopublican?

Son estrategias que solo se explican si provienen de una mente analógica. En mi actividad como generador de contenido, escoger una ilustración y tratar de buscar un titular atractivo se han convertido en elementos fundamentales que pueden decidir el éxito o el fracaso en el recorrido de una entrada. Y eso ocurre en mi caso, en el que el riesgo es mínimo y el problema que puedo tener en caso de que una entrada no se mueva bien es entre escaso y nulo, porque no me juego mi cuenta de resultados en ello. Por supuesto, todo aquello que pueda contribuir a incrementar la circulación de mi contenido es cuidado con esmero: quiero estar en cuantos más sitios, mejor. Me encanta que el titular y la ilustración que he escogido aparezcan en cientos de tweets y retweets, que sean compartidos y reciban muchos Likes en Facebook, que reciban muchos +1 en Google+, que muchos usuarios los incorporen a sus tablones en Pinterest, los compartan en LinkedIn o los coloquen en sus revistas en Flipboard. Por supuesto, tampoco me importa que consuman su contenido en su integridad en otro sitio sin entrar en mi página: tengo claro que quien me lea en su Feedly, en su correo electrónico o en un medio o página que copie entero lo que yo escribo tiene mi nombre o bien al pie, o bien a un clic de distancia, y eso mejora muchos de los elementos de mi negocio. No puedo ni imaginarme diciéndole a uno de mis usuarios algo así como “no, no me da la gana de permitirte que compartas mi contenido en ese sitio donde tú lo querías compartir”. Me parece pura y simplemente absurdo.

Sinceramente, cada día entiendo menos los problemas que aquejan a quienes pretenden vivir de crear contenidos. No soy capaz de imaginarme qué lleva a un escritor cuyas capacidades e inteligencia admiro sincera y cabalmente a dedicar un artículo a insultar a aquellos que se descargan sus obras porque, según él, “le roban”…  cuando resulta que el presunto perjuicio económico que le ocasionan es cifrado por él mismo en un porcentaje inferior al 10% y, por tanto, está asumiendo como natural que su editor retenga nada menos que un 90% del precio final de sus obras. ¿Es que de verdad piensa que su trabajo vale únicamente un 10% y que su editor aporta un 90% del valor percibido por el cliente final? Porque si realmente es así, lo que debería hacer es,claramente, dedicarse a otra cosa. Si piensa que su negocio no sería nada sin ese editor que se queda con el 90% del importe de lo que un cliente paga por acceder a su obra, si de verdad cree que su éxito depende en un 90% de factores como la distribución, la calidad y el diseño de la sobrecubierta o el gramaje del papel, es que tiene una muy pobre imagen de sí mismo. Pero no, lo que hace es, en un artículo, arremeter contra aquellos que se descargan sus obras, en lugar de arremeter contra aquellos que provocan que estas tengan una disponibilidad y un precio completamente absurdo. ¿Qué es esto? ¿Alguna tipo de manifestación del síndrome de Estocolmo?

¿Quién te roba? ¿Los que se descargan tus obras, o los que se quedan con nueve de cada diez euros sobre el precio de las mismas a cambio de ponerlas en las librerías? Si trabajases para incrementar la disponibilidad y el acceso a tu obra modificando la estructura de márgenes de la cadena de valor asociada a su publicación, te puedo asegurar que hablaríamos en otros términos. Pero no hace falta que lo diga yo: ya te lo dicen otros con mucho más fundamento.

Si vives de crear contenidos, toda tecnología que disminuya la distancia entre tu público y tú debería ser buena para ti. Si no lo ves así, simplemente estás equivocado. Y si además de estar equivocado pugnas por convertirte en un personaje antipático que exterioriza su error a voz en grito en titulares de prensa y actuaciones judiciales, insultando no solo a tus posibles clientes sino también a su inteligencia, peor aún.

No, las cosas no son tan sencillas. Pero lo que sí es sencillo es entender qué cosas dependen de ti y cuáles no. Por mucho que haga Bloomberg, no solo no va a evitar que los usuarios compartan sus contenidos, sino que además debería entender que es posible apalancarse en que lo hagan y hacer que eso ayude a su negocio. Por mucho que haga un escritor (por mucho que escriba columnas insultantes o que sus editores presionen al político de turno para cambiar leyes), no podrá evitar que sus obras se compartan, y deberá entender que, para aspirar a seguir viviendo de su creación, debería ir precisamente en sentido contrario: tratar de facilitar la disponibilidad de sus obras para disminuir el incentivo a obtenerlas irregularmente. Ver cada descarga como una situación de demanda insatisfecha que hay que aproximarse lo mejor posible a cubrir. Jamás cubrirás toda la demanda, pero podrás acercarte a un número mucho mayor de lectores, con un margen infinitamente más sano y sostenible, y unas posibilidades de relación infinitamente mejores.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Absurd content strategies, Volume 1“)

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