El Blog de Enrique Dans

Cuando ya no puedes fiarte de las noticias (o por qué una red neutral es imprescindible)

Escrito a las 6:10 pm
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IMAGE: Santitep Mongkolsin - 123RFUn interesante estudio de Pew Research Center demuestra hasta qué punto el debate sobre la neutralidad de la red en los Estados Unidos está siendo eliminado de la luz pública gracias a la omisión interesada de toda noticia referente al tema por parte de las televisiones, parte obviamente interesada en el tema.

Un muestreo realizado sobre 2.820 programas de noticias emitidos entre enero y mayo muestra que el debate sobre la neutralidad de la red, un tema fuertemente controvertido, fue mencionado en tan solo veinticinco ocasiones, de las cuales seis tuvieron lugar en Al Jazeera America, no precisamente el canal más popular. A todos los efectos, si un norteamericano quiere informarse sobre la neutralidad de la red, solo puede hacerlo a través de la red: el resto del panorama informativo que podría representar una parte mayoritaria de su dieta informativa ha sido, de manera efectiva, censurado.

¿Hasta qué punto están filtradas o condicionadas las noticias que recibimos? ¿A nadie en España le llama la atención la auténtica basura sesgada que emiten Antena 3 y La Sexta, propiedad de Jose Manuel Lara, cada vez que hablan de temas como internet o los derechos de autor? ¿O hasta qué punto desaparecen o son filtradas las noticias referentes al vergonzoso canon de la AEDE (que es además parte del problema) en los medios pertenecientes a esa asociación? ¿Cómo pueden todos los medios y periodistas españoles quedarse tan tranquilos cuando tres de los medios más importantes del país cambian en menos de un mes sus directores y su línea editorial?

Que los medios de comunicación tengan una línea editorial definida es algo que entra dentro de lo razonable, o tal vez de lo inevitable. La línea editorial de un medio forma parte de su identidad, y en muchos casos, se convierte en uno de los criterios por los que sus lectores y espectadores los eligen: curiosamente, las personas prefieren que la realidad les sea presentada de maneras que refuercen sus creencias y sus valores, en lugar de optar por la objetividad, la imparcialidad o la presentación aséptica. Pero que algunos medios directamente sustraigan noticias relevantes del debate público en función de sus intereses económicos o empresariales resulta mucho más grave, porque no responde a un interés ideológico, sino a una prostitución directa de su función informativa.

En un país como España, en el que el panorama mediático ha sufrido un progresivo proceso de concentración, la obsesión del gobierno con los medios ha llegado a un punto verdaderamente preocupante. Si quieres que un problema se diluya o desaparezca, no tienes más que evitar su presencia en los grandes medios, y para eso, en nuestro país, tienes que hablar cada vez con menos personas. Si aunamos a eso la dependencia de esos medios de factores como la publicidad institucional o la posibilidad de obtener recursos de empresas de internet, el panorama aparece cada vez más claro. En ese contexto, el reciente interés por criminalizar el uso de las redes sociales aludiendo a una supuesta “impunidad” de las mismas no muestra más que un interés por poner bajo control uno de los pocos espacios que quedan en los que las personas pueden comunicarse con libertad.

La red es, cada día más, el recurso fundamental para intentar mantener la calidad democrática de un país. El único sitio en el que las barreras de entrada son suficientemente bajas como para que una persona o grupo de personas pueda informar de una manera independiente, sin tener que someterse necesariamente a presiones o intereses. Y la neutralidad de la red es, precisamente, lo que podría comprometer el valor de la red en ese sentido. Por el momento, cualquiera puede abrir una página en la red y hablar de lo que estime oportuno, con el punto de vista que le parezca más adecuado, independientemente de lo que opinen las empresas de telecomunicaciones que soportan las infraestructuras necesarias para la difusión de esa información. Una vez que la neutralidad de la red desaparece, ese principio también lo hace, y pasaremos a ver cómo solo aquellos medios en la red que pueden pagar la tasa son los que salen en la foto, mientras los demás se diluyen y desaparecen.

Ese, y no otro, es el verdadero valor de la neutralidad de la red. Y esa, y no otra, es la amenaza que estamos viviendo hoy. Tardamos muchos años en conseguir un medio como la red. Pero podríamos tardar muy pocos en matar su principal propuesta de valor.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “When you can no longer trust the news (or why a neutral internet is so important)

Sharing economy y paradojas

Escrito a las 1:32 pm
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Sharing economy y paradojas - Expansión (pdf)Mi columna en el diario Expansión de esta semana se titula “Sharing economy y paradojas” (pdf), y hace referencia a un tema que me parece sumamente interesante: la forma en la que las industrias, sectores y competidores tradicionales afrontan la llegada de la disrupción por parte de nuevos modelos.

Para su desarrollo, me he basado en los casos de Uber y Airbnb: en ambos casos, nos encontramos con reacciones por parte de los hoteles y de los taxis que apuntan de manera decidida hacia lo “barato”: la falta de garantías, la posibilidad de que las casas sean “cuchitriles”, que los vehículos estén sucios, que los conductores sean delincuentes, etc. Todos los enfoques apuntan a que esas alternativas están pensadas para turistas de mochila y con un presupuesto muy ajustado, o hacia personas que no se plantean tomar un taxi porque les parece muy caro.

La experiencia está demostrando que ese tipo de planteamientos es un craso error. Cada vez más, las personas que conozco que se plantean hacer uso de Airbnb para alojarse en una ciudad no son precisamente “turismo de mochila”, sino viajeros que buscan una experiencia diferente, apartamentos bonitos en pleno centro de la ciudad, y en muchos casos, propietarios que no solo les prestan el apartamento, sino que además se desviven por proporcionar una experiencia agradable, recomendaciones de sitios, neveras con refrescos para cuando llegas cansado tras un vuelo largo, o ayuda a la hora de planificar movimientos por la ciudad. En muchas ocasiones, el contacto previo con la persona que te alquila su casa te permite, por ejemplo, obtener una asesoría valiosa, una indicación de dónde hacerte con tarjetas telefónicas locales, o muchas cosas más. En el caso de Uber, la mayoría de las personas que conozco – y por supuesto, no soy un observador imparcial y tengo mis sesgos – lo utilizan buscando un método de transporte que les aporta un nivel de comodidad, de conveniencia y de predictibilidad muy superior al del taxi tradicional, no una alternativa más barata.

Mientras unos creen que la batalla se juega por abajo, en realidad donde les están comiendo la tostada es por la parte de arriba, por donde está la mantequilla. De mis alumnos del Executive MBA de IE Business School y Brown University que vienen estas próximas dos semanas a pasar su periodo presencial en Madrid, la mayoría ha obtenido alojamiento mediante Airbnb – y créanme, no son precisamente “turismo mochilero”.

Lo peor que te puede pasar cuando sufres el impacto de la disrupción es no tener ni idea de a qué te enfrentas.

 

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Sharing economy y paradojas

Airbnb, Uber… si no las conoce, no se preocupe: las va a conocer pronto. Son ejemplos de la llamada sharing economy o economía P2P, una forma de incrementar la eficiencia de la prestación de servicios, habitualmente además saltándose muchas de las restricciones que había en los sistemas anteriores.

Airbnb permite que cualquier propietario de una casa o apartamento lo ponga en alquiler. Uber, que cualquiera que tenga un coche pueda recoger y transportar viajeros. Y hay muchos ejemplos más. Cualquiera de ellos se convierte en inmediata amenaza para sectores como los hoteles, los taxis, u otros. De hecho, suelen ser denunciados por sus homólogos tradicionales, que los ven como competencia desleal, un verdadero escándalo.

La paradoja es que, además, todos comparten una característica curiosa: los competidores clásicos los menosprecian. Los hoteles ven a Airbnb como una alternativa barata, para turistas cutres de mochila, y se imaginan apartamentos sucios, auténticos cuchitriles. Los taxistas hablan de Uber como del demonio, y se imaginan vehículos descuidados y conductores con antecedentes penales.

La realidad es que la mayoría de las personas que conozco que han usado Airbnb no eran precisamente turistas de mochila, y además, han tenido en muchos casos una experiencia mejor que en un hotel. Algunos han encontrado apartamentos preciosos en pleno centro de las ciudades que visitaban, propiedades casi de lujo, o neveras llenas de refrescos como detalle del dueño de la casa. Con Uber, los que lo prueban, repiten, y hablan de mejor servicio, conveniencia absoluta, coches cuidados, y conductores muy amables.

La paradoja de la sharing economy es que, en muchos casos, el servicio que proporciona es mejor que aquel al que sustituye. Y que aquellos que sufren la disrupción, generalmente no se enteran.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “The paradoxes of the sharing economy“)

La evolución de la lectura

Escrito a las 9:28 pm
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Kindle HighlightsLeer un libro es una actividad que va desde lo puramente placentero, en el caso de libros que leemos para entretenernos o disfrutar, hasta lo funcional cuando se trata de libros que necesitamos para mantenernos actualizados o informarnos.

Oscila entre lo personal y lo profesional, una frontera que se mueve muchísimo y se vuelve cada día más borrosa: en realidad, nunca sabemos cuándo la inspiración para un tema profesional nos va a surgir de leer una novela que habíamos empezado por el puro placer de la lectura, cuándo un contacto profesional nos va a surgir en función de un comentario sobre literatura o poesía, o cuándo el libro que abrimos porque lo escribía alguien muy significativo para nuestra profesión va a ser una historia que nos haga disfrutar y nos atornille a sus páginas como si fuera un best-seller.

Las diferencias entre la lectura lúdica y la profesional marca muchísimo el uso que hacemos del soporte que usemos. En papel, los libros calificados como “de entretenimiento” pueden tener alguna página con la esquina doblada, pero poco más. Los libros de lectura más profesional es más habitual que aparezcan llenos de banderitas, subrayados, rotulador fosforito y notas al margen. Y es ahí donde la transición del papel al libro electrónico me parece más impresionante, y donde de verdad veo que Amazon ha entendido las necesidades del cliente de una manera más evidente.

El libro electrónico puede tener ventajas de muchos tipos: llevarse un montón de libros en un dispositivo de unos cuatrocientos gramos o menos ya es de por sí una propuesta de valor sumamente atractiva, como lo es el poder ampliar o reducir la letra en función de las condiciones de cada momento o de la postura que queramos adoptar. Pero donde de verdad el libro en papel palidece frente al electrónico es a la hora de plantear un repositorio en la red de todas las notas que hemos hecho en todos los libros que hemos leído. Y sin embargo, es un tema al que no veo que se preste demasiada atención: la página de Kindle en la que almaceno las notas que tomo en los libros que leo es para mí un recurso fantástico, porque me permite copiarlas y reutilizarlas donde quiera en forma de cita, buscar en ellas aquel tema que me llamó la atención, llevar a cabo un repaso rápido de algo que ya leí, o compartir las notas con terceros.

Otro factor interesante, y en este caso más sujeto a posible debate, es el que proviene de la lectura social: la posibilidad de ver, a medida que progresamos por un libro, aquellos pasajes del mismo que han sido más subrayados por otros usuarios. En mi caso, la sensación es curiosa: por un lado, agradezco esa especie de “marca” que me lleva a fijarme más en ese texto. Por otro, pienso que me sesga, que me condiciona, y que no sé hasta qué punto quiero que lo haga (de hecho, se puede elegir no mostrar esos subrayados, y me genera bastante curiosidad saber cuánta gente realmente lo hará).

Los datos agregados también tienen su gracia: que el libro más subrayado en la historia de Kindle sea la Biblia, y el segundo sea la biografía de Steve Jobs no deja de tener su ironía :-) Pero me parece muy interesante pensar en los datos que se pueden obtener de esa información, o en las posibilidades que ofrece, por ejemplo, irte a un libro que te interesa y poder ver los highlights públicos que tiene.

¿Soy un caso raro, debido a la combinación de blogger y académico, o estoy hablando de algo que sintoniza con una casuística de usuario más habitual? Sinceramente, esta función es la que de verdad se ha convertido en la propuesta de valor más interesante para mí de ese Kindle del que pocas veces me despego, y la responsable de que prácticamente me niegue – o me dé una pereza espantosa – simplemente pensar en volver a leer un libro en papel. ¿Soy un raro, o es algo que le está pasando a más gente?

 

(This article is also available in English in my Medium page, “The evolution of reading“)

La supuesta “impunidad” de las redes sociales y la obsesión por el control

Escrito a las 8:37 pm
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Enrique Dans (IE) niega que exista impunidad en Twitter, sino "una bidireccionalidad que da miedo a los políticos" - Europa PressIsabel Vega, de Europa Press, me llamó para hablar sobre la supuesta “impunidad” que algunos medios supuestamente rigurosos pretenden que tienen las redes sociales, y sobre la obsesión por el control que parece aquejar últimamente a algunos políticos.

Lo publicó nada más colgar el teléfono conmigo, una muy buena recopilación de lo que comentamos, bajo el título “Enrique Dans (IE) niega que exista impunidad en Twitter, sino ‘una bidireccionalidad que da miedo a los políticos’“.

La conversación reflejó bastante de lo que ya comenté hace poco en una entrada titulada “¿‘Regular’ las redes sociales? ¿Por qué no regulas tu sentido común?“:

  • Las leyes que regulan delitos como la calumnia, la injuria, el libelo, la apología del terrorismo o la incitación al odio ya existen, y se aplican a la red exactamente de la misma manera que afectan a lo que ocurre en otros medios.
  • Legislar específicamente para la red es absurdo, inútil, y demuestra una vocación por el control que nos pone peligrosamente a la altura de países de muy dudosa calidad democrática. Si además viene del mismo gobierno que ya ha logrado – desgraciadamente – poner “bajo control” a los medios tradicionales, y que se dedica a cambiar directores y líneas editoriales a golpe de teléfono, muestra una deriva todavía más preocupante.
  • Lo de la “impunidad” de la red es algo que descalifica automáticamente a quien lo dice y que demuestra un total analfabetismo digital. Ser supuestamente “impune” en la red es algo que está al alcance de muy pocos: la red es un entorno que ofrece muchas más posibilidades de control que el mundo offline. Es infinitamente más fácil enviar un anónimo por correo o hacer una llamada no identificada que conseguir ser anónimo en la red. Quien ve una cuenta con un huevo en Twitter y cree en su anonimato demuestra saber muy poco de esto: de esa cuenta, Twitter sabe muchas cosas, y seguramente estaría dispuesta a proporcionar esa información ante la supuesta comisión de un delito (o a no hacerlo si estima que no debe hacerlo y que debe proteger la libertad de expresión de su usuario). El anonimato, a cierto nivel, es un derecho inalienable de las personas, y es independiente de factores como la comisión de delitos o la mala educación.
  • Los partidos políticos, salvo muy escasas excepciones, son estructuras muy poco democráticas, en las que predomina una jerarquización y un culto al líder completamente anacrónicos. Están acostumbrados a una comunicación unidireccional, a la nota de prensa, al mitin, a la radio y a la televisión. En las redes sociales no se encuentran: la bidireccionalidad les resulta incómoda. Por eso hacen estupideces como crear “rebañitos” de militantes que actúan intentando elevar las barreras de entrada a las opiniones discordantes o a la participación, siguiendo el estilo “Hugo Chávez” (cientos de personas contratadas para insultar y apalear públicamente a quien osaba tener una opinión contraria a la oficial). El triste espectáculo de los militantes luchando por generar trending topics en Twitter en un mitin es la mejor demostración de que esta gente no ha entendido nada todavía.
  • ¿Falta educación? Puede ser. Toda herramienta tecnológica muestra un cierto desfase entre su adopción y el desarrollo de protocolos socialmente asentados de uso. Tratar de educar a los usuarios para que entiendan que las redes sociales suponen, en muchos casos, una manifestación pública, y que por tanto hay que tener ciertas precauciones, puede ser interesante. Pero entre eso y tratar de que los usuarios de las redes sociales “sientan en la nuca el aliento amenazante del ministro del interior” va un largo trecho.
  • Si algo es delito, que el afectado lo denuncie, y que la policía actúe si efectivamente debe hacerlo. Pero poner al gobierno a denunciar absurdamente de oficio con propósitos intimidatorios es absurdo, antidemocrático, y no tiene más función que tratar de aplicar tácticas intimidatorias indignas en un estado supuestamente democrático – o lo que nos quede de ello.

Hablando sobre comunicación online y sector salud y farmacéutico

Escrito a las 6:15 pm
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Entrevista a Enrique Dans - Luzán5Giancarlo Giansante me grabó una entrevista bastante larga para Luzán 5, una empresa con la que he colaborado en algunos eventos y conferencias para el sector farmacéutico, y ha tenido además la santa paciencia de transcribirla íntegra (con el rollo que yo tengo :-) Hablamos un poco de todo: mis rutinas de trabajo, la comunicación online, la aplicación de este tipo de estrategias en el entorno farmacéutico y de la salud, etc.

Hoy publica la primera parte de la misma. Si os resulta interesante, publica la segunda parte mañana en la misma página.

Cuando tu producto es la transparencia

Escrito a las 11:52 am
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Naked - WiredHace ya siete años, dediqué una entrada a esta ya mítica portada doble de Wired de marzo de 2007, Get naked and rule the world, con aquellas dos fotografías de Jenna Fischer, la Pam de The Office, vestida y desnuda, tras un cartel en el que afirmaba que la transparencia radical era la estrategia que permitiría a las compañías dominar el mundo.

Vuelvo a retomarla inspirado por las noticias sobre el próximo lanzamiento de PepeEnergy, un proyecto que ya tuve ocasión de comentar hace algún tiempo con Pedro Serrahima, y que me resulta muy interesante: al igual que la razonablemente exitosa Pepephone, un operador móvil virtual nacido en 2007 que da servicio ya a alrededor de medio millón de clientes, hablamos de una empresa cuyo servicio fundamental – y decididamente diferencial – no es lo que vende, sino el cómo lo vende.

La telefonía o la electricidad son servicios cuya calidad, superados unos mínimos estándares, es prácticamente indiscernible para el cliente. Hablamos, por tanto, de una empresa que adquiere su servicio a un tercero, sea una operadora o una empresa eléctrica, y que se diferencia en el mercado en función no de atributos de ese servicio, sino de la forma que tiene de prestarlo, en base precisamente a la filosofía de la comunicación y la transparencia. ¿Qué factores resultan claves para triunfar en un negocio así?

En primer lugar, un cuidado exquisito de la relación con el cliente. La comunicación debe ser impecable, con estándares muy elevados definidos y ejecutados internamente. Personas hablando con personas, nada de subcontratados que leen un guión y no pueden salirse del mismo. Cada cliente, cada punto de contacto, es una historia que debe ser contada, una oportunidad de hacerlo lo mejor posible con el fin de sorprender, de conseguir que ese mismo cliente tenga ganas de contarle a otros cómo ha sido su experiencia de contactar con la compañía. El marketing ideal no es el del anuncio, sino el del cliente que cuenta su experiencia a otro cliente. Cada reclamación, cada problema, cada pregunta representan oportunidades para hablar con el cliente de manera franca y directa, y para tratar de mejorar. ¿Si hay un problema, del tipo que sea? La satisfacción de los clientes tiene una prioridad mucho más elevada que la generación de beneficios a corto plazo. Relaciones sostenibles con clientes que saben valorar esa vocación por la sostenibilidad. Si el cliente busca el precio más bajo, es muy posible que esta no sea su compañía. Pero si busca un precio justo, sin trucos, sin ofertas increíbles, sin engaños, y con un servicio impecable, es posible que sí.

En segundo, un nivel de transparencia absoluto. Todo claro, desde los principios: de dónde obtenemos nuestro servicio, en qué condiciones, y por qué cambiamos de suministrador – aunque ello nos cueste mucho dinero – si pensamos que por su culpa no estamos pudiendo proporcionar a nuestros clientes el nivel de servicio que demandan. Si se trata de una eléctrica, garantizar que la energía que comercializamos proviene de fuentes sostenibles es un principio que sintoniza claramente con un cierto tipo de cliente, pero un principio que también hay que ser capaz de demostrar, que no basta con simplemente decir una vez. Apuntarse a la tendencia de los contadores inteligentes para permitir que su cliente se sienta igualmente inteligente en sus patrones de consumo es algo que tiene también su lógica. Poder mostrar al cliente el detalle completo de tus procesos, y hacerlo manteniendo en todo momento la coherencia. Este es mi precio, y es así porque mi estructura de costes es esta. Y esta es tu información, completa, accesible en todo momento mediante las aplicaciones tecnológicas adecuadas, y con todas las vías de comunicación que quieras utilizar.

En la mejor de las teorías, una relación así definida con el cliente debería llevar a una ventaja competitiva sostenible, porque nadie da mejor servicio a un cliente que aquel que le conoce mejor. La pregunta es… ¿hasta qué punto es esa estrategia sostenible como tal? ¿Señalan este tipo de compañías una tendencia de mercado, o son simplemente idealistas con características de anécdota? En muchos sentidos, este tipo de compañías se diferencian en base al hecho de que la transparencia y la buena atención al cliente son hoy recursos escasos. ¿Pueden las grandes compañías de toda la vida tratar de reaccionar con estrategias similares si perciben una pérdida cada vez más sustantiva de clientes en función de esos criterios? ¿O les resulta tan difícil introducir ese tipo de principios en su ADN, que pasarán años – o generaciones – hasta que sean capaces de conseguirlo?

 

(This article is also available in English in my Medium page, “When transparency becomes your product“)

Redes sociales y hojas de ruta

Escrito a las 12:02 pm
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Hoja de rutaEl desarrollo de la web social está sujeto a un constante vaivén de herramientas, hábitos, modas, desarrollo de protocolos de uso y propuestas de valor cambiantes. Es perfectamente posible que lo que iniciaste como una especie de juego o de prueba sin demasiado convencimiento se haya convertido en la herramienta a la que , un tiempo después, tengas sensación de estar extrayéndole más valor. O al revés, que herramientas que te parecieron impresionantes y valiosas en su momento, hayan caído en desuso por falta de adopción, por cambio en sus premisas, por operaciones de fusión o adquisición, o por hábitos sociales cambiantes.

En un contexto como este, resulta difícil plantearse una estrategia personal que de verdad podamos seguir a la hora de plantearnos objetivos. Las herramientas, después de todo, son simplemente eso, herramientas, de manera que no podemos hablar de “una estrategia en Facebook, en Twitter o en LinkedIn”, sino de una “verdadera estrategia”.

¿Por dónde se empieza? Lógicamente, no hay hoja de ruta si no tenemos razonablemente claro a dónde queremos ir. Y en este sentido, lo más práctico es plantearlo en modo semántico, porque después de todo, la semántica tiene en la web un encaje más que razonable: ¿cuáles son los términos, o el campo semántico de términos que desearíamos ver asociado con nuestro nombre al cabo de un cierto tiempo? Cuando alguien nos busque, ¿qué palabras deberían aparecer en esos enlaces? O mejor aún, ¿podemos hacer que nuestro nombre aparezca cuando alguien busque esas palabras? ¿En qué idiomas? ¿Restringimos nuestro ámbito al de nuestro idioma habitual, o lo extendemos al resto de idiomas que hablamos, o que nos interesan? Un planteamiento de este tipo es un origen de coordenadas más que razonable para plantearnos una estrategia de web social: al menos, sabremos a dónde queremos llegar.

Segundo planteamiento: ¿quiénes están ahí ahora? Sin caer en el “de mayor quiero ser como ese”, se trata de ver qué personas están ahora mismo ocupando esa zona a la que pretendemos llegar. La idea no es “competir”, porque la atención es un recurso que puede ser compartido, sino utilizarlos como faro, como referencia. Determinar si ese espacio que nos interesa está superpoblado, o es un páramo sombrío. Tratar de aislar las referencias comunes, las fuentes de las que beben quienes hoy aparecen vinculados a ese campo semántico y conceptual. ¿Quiénes son? ¿Qué es lo que están haciendo? En una herramienta como Twitter, por ejemplo, identificarlos y comenzar a seguirlos es un paso fundamental. Esto aporta un curioso replanteamiento al uso que muchos hacen de esta herramienta: dejar de verla como una forma de saber qué hacen nuestros amigos y hablar con ellos de cuestiones de todo tipo, para pasar a verla como una herramienta de gestión y captación de información. O incluso, de interacción con aquellos que pretendemos que, en un cierto tiempo, nos puedan conocer. Twitter es un auténtico ecualizador de la atención: personas que jamás habrías pensado que te podían dirigir la palabra pueden situarse simplemente contestando a una frase interesante que hayas escrito sobre su trabajo – o, por supuesto, pasar a etiquetarte como un auténtico idiota si lo que dices es una idiotez. La situación es similar a como cuando en un cocktail te presentan a esa persona que te morías por conocer… si únicamente eres capaz de farfullar cuatro tonterías sobre el tiempo que hace, la impresión será completamente distinta a si demuestras conocer su trabajo y le haces un comentario interesante.

LinkedIn, por ejemplo, es potencialmente una mina: pasar de “simplemente tener un perfil” a identificar las personas y los grupos a los que seguir, lograr un posicionamiento adecuado en los temas que queremos, y mantener una participación que aporte valor en aquellos sitios que puedan funcionar como escaparate es simplemente una cuestión de hacer las cosas con un poco de cabeza y determinación. No al alcance de cualquiera, claro, pero sí mucho más fácil si sabemos lo que queremos.

La curación de contenidos, o “recopilación informada” de información relevante sobre un tema, puede ayudarte. No, no se trata de dedicarte a circular enlaces sin ton ni son, sino de aprovechar tu lectura de noticias para seleccionar las mejores, las que tienen puntos de vista más adecuados o las que pueden tener mayor influencia en la discusión de un tema, y generar un “condensado” de información que ayude a otros que quieran seguirlo. Una estrategia que se apoya en una buena captación y selección de contenidos, y que en muchos casos puede colaborar, si la suplementas adecuadamente y no te conviertes en un simple “loro que lo repite todo”, a consolidar una posición de referente y de asociación con un tema determinado.

Finalmente, plantéate en dónde vas a dejar esos aportes, qué parte de tu presencia va a quedar recogida y en qué sitios. Las redes sociales están muy bien a efectos de interacción, pero flaquean enormemente en cuanto a su papel como repositorio, porque la información “se entierra” a gran velocidad, aunque nadie la borre. Si quieres una presencia que de verdad tenga sentido, organízatela en un repositorio que mantengas tú mismo, aunque sea simplemente una forma de tener inventariada tu participación, de mantener organizadas tus ideas. No se trata de convertirte en un blogger famoso, sino de tener un sitio donde almacenes esos artículos que te llamaron la atención, esas fuentes que te interesan, esos comentarios que en su momento valieron la pena y que sería una pena ver cómo se diluyen y desaparecen con el tiempo. Para eso, el sitio ideal es un blog, una página en la que sea extraordinariamente fácil crear contenido cronológico, y dotarlo de enlaces y referencias. Un blog entendido como repositorio personal abierto. Si lo haces mínimamente bien, es posible que ese repositorio termine por indexar bien con tu nombre – por supuesto, puedes apoyar esa estrategia comprando tu propio dominio con tu nombre y apellidos si está disponible, o aplicando técnicas de SEO razonables que no te obliguen a hacer nada raro ni a inventarte nada que realmente no seas o hagas – y funcione como ese punto de gestión curricular en el que, además del currículo propiamente dicho, te plantees poner otras cosas, otras referencias, una especie de “mi querido diario” que alimentes con los hitos que vayas poniendo en tu hoja de ruta.

Al final, todo es cuestión de organizarse. Una idea de desarrollo profesional mucho más centrada en la persona y en lo que hace o dice, en lo que realmente nos aporta valor como profesionales de un ámbito determinado. En el fondo, un desarrollo normal para unas herramientas que, cada día más, reflejan partes de nuestras vidas y forman parte del escenario en el que nos desenvolvemos como personas y profesionales. La aplicación de una estrategia a herramientas que muchos pensaban que eran “otra cosa”, a las que no dabas importancia o incluso que de alguna manera considerabas “una pérdida de tiempo” . Lo social como parte de la definición de la persona.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Mapping a route to social network success“)

Drones, legislación e innovación

Escrito a las 3:34 pm
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Pocket droneEl desarrollo de los drones y la fortísima caída de las barreras de entrada a su adquisición y uso está dando lugar a todo un dilema legislativo: por un lado, su uso, tanto recreativo como comercial, entraña ciertos riesgos para los que parece obvio que es preciso tener algún tipo de cobertura legislativa. Por otro, la aplicación de una legislación excesivamente conservadora, creada en la época en la que este tipo de tecnología simplemente no existía o no era accesible, pondría en peligro el desarrollo de infinitas aplicaciones y de toda una industria innovadora.

Resulta interesante, en este sentido, ver las distintas reacciones de la administración norteamericana y española en relación con esta cuestión: una forma bastante clara de ilustrar la actitud de uno y otro país ante este tipo de cuestiones que ponen en forzada relación el entorno legal y el desarrollo tecnológico.

En los Estados Unidos, la capa del espacio aéreo en la que vuelan este tipo de artefactos, por debajo de los 120 metros de altura, no estaba en principio regulada por la autoridad de aviación (la Federal Aviation Administration, o FAA). Por eso, cuando Raphael Pirker, un operador multado por la FAA por “operar un dron de forma imprudente”  mientras filmaba en la Universidad de Virginia, decidió apelar su caso, y consiguió que la multa fuese invalidada.

El veredicto, que implicaba que la FAA no había prohibido de forma expresa el uso de dronesllevó a la FAA a apelar a su vez ante la National Transportation Safety Board, lo que, de forma efectiva, paralizaba el proceso hasta que se llegase a una decisión en este sentido. Sin embargo, y mientras en paralelo empiezan a surgir voces en industrias como la de los medios y los contenidos que afirman que una legislación excesivamente conservadora iría en contra de la Primera Enmienda de la Constitución (por el daño a la libertad de expresión que supondría no poder usar drones para tareas como el periodismo), la propia FAA ha comenzado el desarrollo de procedimientos que faciliten un uso comercial razonable de los drones, a modo de fast track que impida que la legislación se convierta de manera efectiva en un freno a la innovación. 

En España, la publicación y subsiguiente viralización de este vídeo provocó que la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) publicase una circular de cuatro páginas en la que dejaba meridianamente claro que el uso de drones no estaba permitido: si se trata de un uso recreativo, puede únicamente ser practicado de forma legal en lugares habilitados para la práctica del aeromodelismo, y si se trata de un uso profesional, está directamente prohibido. Para muchas industrias, una respuesta así, que simplemente alega la prevalencia de unas leyes creadas antes de que los drones tuviesen el nivel de accesibilidad que tienen hoy en día para prohibir todo posible uso comercial que se lleve a cabo, supone un verdadero desastre que muchos han calificado como de mentalidad estrecha y limitada. El tema no parece que vaya a tener ningún tipo de revisión hasta que se legisle a nivel europeo, donde las autoridades competentes parecen dispuestas a endurecer los estándares necesarios para operar este tipo de aparatos. Obviamente, la cuestión es más compleja de lo que parece: el “vale todo” no resulta razonable y nos lleva a un entorno en el que a cualquiera le puede caer en cualquier momento un dron en la cabeza, operado por cualquier persona que no necesariamente posee las cualificaciones adecuadas para utilizarlo, que no respeta los protocolos de seguridad o que no está provisto del necesario seguro de responsabilidad civil. Pero por otro, confinar el desarrollo de iniciativas a lo que marcan leyes creadas antes de que muchas cosas siquiera existiesen no parece la mejor receta para obtener una industria y una cultura basada en la innovación. A medida que dicha innovación acelera su paso, conciliar esas dos necesidades se convierte  en una parte cada vez más importante de la estrategia de los países de cara a su posicionamiento en el futuro.

La conclusión parece clara: todo retraso impuesto al desarrollo del tejido emprendedor que aprovecha los espacios abiertos por la innovación tecnológica supone un retraso global para el país como tal. Cuando los emprendedores locales no pueden, debido a un entorno legislativo excesivamente conservador o incierto, poner en funcionamiento de forma razonablemente segura sus iniciativas, lo que ocurre es que emprendedores de otros países terminan por estar mucho mejor preparados cuando dicho entorno legislativo, finalmente, se abre y deja de resultar limitante. Los sectores y las actividades emergentes que se generan en torno a la innovación pueden perfectamente representar oportunidades para el desarrollo profesional, algo que en España, país líder en su entorno en tasa de desempleo, no puede permitirse dejar pasar. Y los drones, en este sentido, son solo un ejemplo. Un ejemplo de una actitud .

 

ACTUALIZACIÓN (6 de julio de 2014): Ya está la legislación en el BOE, en menos de dos meses. Es bueno ver que a veces la respuesta legislativa está a la altura de los tiempos.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Drones, laws and innovation“)

Algo está cambiando en la educación…

Escrito a las 11:13 am
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IMAGE: Andres Rodriguez - 123RFHe dedicado ya muchas entradas a los cambios que la tecnología está introduciendo en la educación, a cómo los países están logrando, mediante las campañas adecuadas, introducir el estudio de la tecnología como ciencia en diversos niveles de la educación de los niños.

La primera iniciativa de verdad llamativa fue la incorporación de las Ciencias de la Computación al bachillerato inglés al mismo nivel que la Física, la Química o la Biología, un evento en el que tuvieron muchísimo que ver las iniciativas de la Raspberry Pi Foundation, que supusieron un enorme descenso de las barreras de entrada a la equipación de aulas y alumnos.

Ahora, los Estados Unidos se suman a la tendencia: desde diciembre del pasado año, más de veinte mil profesores de la llamada K-12 (el conjunto de educación primaria y secundaria) se han formado y han introducido la programación en sus clases, y no como actividad extra-escolar o como electivos, sino al mismo nivel que las matemáticas o las ciencias. Aprender tecnología no es aprender a usar unas cuantas herramientas: es otra cosa, mucho más relacionada con dotarse de una lógica y una comprensión determinada. Es aprender a pensar.

El desarrollo, unido a actividades en las escuelas para integrar a los padres y a un importante esfuerzo divulgativo a través de iniciativas como Code.org, no pretende simplemente crear programadores para un floreciente mercado de trabajo, sino conseguir que una generación de personas que van a convivir en su vida con toda una gama de objetos programables entiendan la lógica que los hace funcionar. La recepción por pate de los padres está siendo muy interesante: finalmente, empiezan a asociar el tiempo que sus hijos pasan delante de una pantalla no solo con una necesidad de socialización o incluso, para algunos, con una “pérdida de tiempo”, sino con el desarrollo de una actividad formativa con un efecto sobre su educación.

¿Qué hay que hacer para crear en un país una inquietud que permita el adecuado desarrollo de este tipo de iniciativas? Por el momento, los casos del Reino Unido y de los Estados Unidos parecen cortados por un mismo patrón: el desarrollo conjunto de actividades de concienciación por parte de determinados actores, unido a esfuerzos divulgativos de algunos medios. Conseguir que, por un lado, se hable del tema y se clarifique lo que este tipo de iniciativas pretende y lo que no pretende. Y por otro, crear la infraestructura adecuada para que se puedan llevar a cabo, no solo de equipamiento, sino también trabajando con iniciativas de educación de los profesores y de los padres.

Programar es una actividad que refuerza las bases de la lógica y del pensamiento deductivo, y que puede tener una contribución muy importante en la educación de las personas. O incluso, como algunos empiezan a especular, en la competitividad futura de los países.

Sobre el imposible y absurdo “derecho al olvido”

Escrito a las 10:09 am
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Olvídenme - Expansión (pdf)Mi columna en Expansión de esta semana se titula “Olvídenme” (pdf), e intenta poner un ejemplo sobre el imposible y mal llamado “derecho al olvido”, el intento de consagrar un supuesto derecho inexistente con el fin de convertir la web en un entorno donde la información circule cada vez con más dificultades.

Se me ocurren mucho motivos para querer poner palos en las ruedas del desarrollo de la web. Me vienen a la cabeza muchas personas que pueden tener interés en que la información circule con más dificultad, que sea más difícil de encontrar, que esté sujeta a más limitaciones. Y sinceramente, no me gusta ninguno de ellos. Siempre he pensado que cuanta más transparencia, mejor. La supuesta “protección a la intimidad” que emana de hacer que algo que fue publicado desaparezca de un motor de búsqueda – pero no del lugar en el que se publicó – me parece sencillamente demencial.

Por eso, usé la columna para hacer un ejemplo conmigo mismo: si quiero desaparecer, sería razonablemente fácil imponer a quien publicó aquello que quiero que desaparezca la responsabilidad de situar ese material en una parte de su web protegida por un fichero ROBOTS.TXT que evitase la indexación. Me sigue pareciendo inadecuado, sigo pensando que la información que fue publicada no puede ser “despublicada”, pero eso, al menos, supone dirigirnos a la fuente, al lugar donde está la información. ¿Se ha barajado esta alternativa? ¿Tiene alguno de los miembros del Tribunal de Justicia de la Unión Europea la más mínima idea de lo que es el estándar de exclusión de robots? ¿Debe tomar decisiones como esta quien no lo sabe? Porque lo contrario, imponer esa tarea a quien indexa, supone matar al mensajero. Y no solo a este mensajero, sino a todo aquel que lleve a cabo tareas de indexación y búsqueda de información en la web, ahora o en el futuro. Una hipoteca muy pesada sobre el desarrollo de tecnologías de acceso a la información. Decididamente, un error.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Olvídenme

Llevo escribiendo esta columna desde el año 2000. Son muchas columnas, años de historia e interpretación del panorama tecnológico empresarial. Pero imagínense que ahora, mientras clavo en sus pupilas mi pupila azul, les dijese: “olvídenme”.

¿Produciría esa frase algún movimiento en sus cerebros? ¿Detendría los circuitos neuronales redundantes que mantienen los recuerdos de mis columnas? Se lo aseguro: la respuesta es no. Y no porque mis columnas sean inolvidables, sino porque el olvido no funciona así. El olvido es un proceso fisiológico, no un derecho ni una imposición.

Si quiero que me olviden, tendría, en primer lugar, que ir a Expansión, y pedir que eliminasen mis columnas. En papel sería imposible, porque ya están en las hemerotecas, pero eso no me preocupa… ¿cuándo fue la última vez que pisó una?

Si Expansión se negase a eliminarlas de la web, solicitaría que las ubicasen en una zona excluida de los buscadores. Técnicamente es sencillo, trivial. Y ya está: problema solucionado. En poco tiempo, su rastro desaparecería de la web. Me olvidarían.

Por alguna razón inexplicable, el Tribunal de Justicia de la UE ha decidido que en eso del olvido, lo importante no es eliminar el material que queremos que se olvide, sino los enlaces al mismo en buscadores. Mantener la fuente, pero imponer a los buscadores… ¡que no busquen! Tan estúpido e irracional como eso: en lugar de borrar en la fuente, matamos al mensajero. Criminalizamos la herramienta.

Los efectos son demenciales. En vez de retirar lo que molesta, generamos una internet oscura, no indexable. Matar la propuesta de valor ya no de Google, sino de cualquier buscador, actual o futuro. Internet será un sitio donde la información fluya… pero solo si no molesta a nadie.

Yo me bajo. Olvídenme.

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