El Blog de Enrique Dans

Sobre política, secreto y transparencia

Escrito a las 8:53 am
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El Mundo publica hoy un artículo de Enrique Gimbernat, catedrático de Derecho Penal de la UCM, en el que defiende la publicación de la ya famosa foto del teléfono móvil de Rubalcaba mostrando un mensaje de texto, hecha por Alberto Cuéllar en el Congreso de los Diputados.

La publicación de la fotografía en la portada de El Mundo el pasado miércoles 21 de diciembre motivó que el presidente del Congreso, Jesús Posada, encargase a los servicios jurídicos de la Cámara un informe sobre la colisión entre los derechos a la información y a la intimidad, que culminó con una instrucción de la Presidencia de la Cámara, adoptada con el parecer unánime de la Mesa, que anunciaba la posible retirada de la acreditación durante un año a los fotógrafos de prensa que, al desempeñar su trabajo, vulnerasen los “derechos fundamentales” de los diputados, como podría suceder con la difusión de los documentos que manejan en sus escaños o de los mensajes recibidos en sus móviles.

Además de los aparentemente claros pronunciamientos jurídicos contra esta medida, creo que el debate debería servir para hacer una reflexión sobre la transparencia en la vida política de nuestro país. España es, a día de hoy, el único país de Europa con más de un millón de habitantes que no tiene una ley de transparencia y acceso a la información pública. Puedes ver argumentos al respecto en esta página, Ley de Transparencia YA, o firmar una petición para su aprobación urgente en Actuable. Pero sobre todo, debemos no solo pedir una ley de transparencia… debemos hacer que la cosa vaya mucho, mucho más allá. Debemos obligar a introducir una cultura de transparencia radical en toda la vida política.

Contrariamente a lo que ocurre en la mayoría de los países civilizados, en España parece que los políticos pretenden que las cosas se hagan siempre en el más riguroso secreto. Encerrarse en una habitación, y “cocinar” la política como les venga en gana. Que los medios de comunicación “molesten” con sus fotos o sus impertinentes averiguaciones les resulta inaceptable. Que los ciudadanos pretendan influir en sus decisiones desencadena una reacción que lo califica en el diario de sesiones como de “factores externos que degrada la imagen y el trabajo de la Cámara“. En un país como el nuestro, en el que los escándalos de corrupción surgen todos los días, la falta de transparencia de la vida política resulta prácticamente insultante.

No cabe duda: existen decisiones en la vida política para las que el secreto es necesario. Para ello existe una ley de secretos oficiales, que regula que los órganos del Estado estarán sometidos en su actividad al principio de publicidad, de acuerdo con las normas que rijan su actuación, salvo los casos en que por la naturaleza de la materia sea ésta declarada expresamente clasificada. Pero ¿por qué la agenda de un Consejo de Ministros o las deliberaciones que tienen lugar en el mismo deben ser secretas? ¿Por qué juran o prometen los ministros expresamente “respetar el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros? ¿Cómo puede entenderse que un juez, en virtud de las necesidades de una investigación, no pueda reclamar, por ejemplo, las actas de la Junta Andaluza? ¿Por qué razón los ciudadanos tienen que aceptar que sus teóricos representantes deliberen en secreto sobre cuestiones que claramente les atañen? ¿De verdad resulta tanto pedir que MIS representantes, que están ahí con MIS votos y gastándose el dinero de MIS impuestos, me cuenten a qué se están dedicando?

Tras muchísimas resistencias, desde hace poco tenemos constancia de las rentas y bienes patrimoniales de los cargos públicos. Ha costado mucho, pero no es en absoluto suficiente. Los ciudadanos exigimos saber a qué dedican su tiempo los políticos, con quiénes se reúnen, de qué hablan, qué información solicitan, en base a qué se condicionan sus decisiones, qué prometen a quién y a cambio de qué. La vida pública española es de todo menos pública, y ahora resulta que viene el presidente del Congreso y pretende expulsar durante un año al fotógrafo que tome una foto de un teléfono móvil o de un documento dejado sobre un escaño, en un obvio intento de provocar la autocensura. Impresionante.

No, las cosas no pueden ni deben ser así. Un representante del pueblo debería ser, por ley, completa y rigurosamente transparente, responder a toda pregunta que se le haga, y no ampararse en “su intimidad” o en “el secreto” para hurtar información a los ciudadanos. En este país se están haciendo las cosas muy mal en ese sentido desde hace mucho tiempo, y ahora parece que, amparándose en una supuesta mayoría absoluta y con la excusa de “hay que gobernar”, se quieren hacer aún peor: menos transparencia, más secreto, menos explicaciones, y todo con cara de “no me molesten, que estoy salvando a la patria”. ¿Intimidad? Lo siento, mientras sea representante de los ciudadanos, tendrá que renunciar a todo aquello que no sea del más puro y estricto ámbito personal. Con quién se reúne y de qué habla no entra dentro de su intimidad si lo está haciendo como representante de los ciudadanos. Y si para ello hay que cambiar la Constitución, será cosa de ponerse cuanto antes manos a la obra. A ver quién es el que se opone y, sobre todo, qué razones aduce para ello.

En un escenario de lacerante corrupción institucionalizada, pretendemos todavía dedicarnos a poner más trabas a la información. No, gracias: ya hemos visto que “política secreta” equivale a “política sucia”, y no queremos más. Hablamos de una información que deberíamos tener de manera inmediata y transparente ofrecida desde las propias instituciones, y que no solo no tenemos, sino que se pretende limitar todavía más. Políticos que engañan miserablemente a su pueblo ocultándoles influencias externas que determinan la aprobación de leyes, como si para los ciudadanos no fuese relevante. Si el político quiere jugar a James Bond y sentirse importante porque las cosas son “solo para sus ojos”, que se dedique a otra cosa, por favor. En pleno siglo XXI y con abundancia de tecnología para saber dónde se está y qué se está haciendo en cada momento, los ciudadanos, cada día más, exigimos transparencia radical.

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En Los 500 del diario El Mundo

Escrito a las 11:00 am
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El diario El Mundo me incluye por séptimo año consecutivo (20062007200820092010, 2011) en su ranking “Los españoles más poderosos del año 2012″, dentro de la categoría Top 25 / Internet.

Mi agradecimiento por la consideración tanto al diario como a los encuestados que propusieron mi nombre.

En Vis-à-vis, hablando sobre Apple

Escrito a las 12:46 am
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Laura Blanco, de Vis-à-vis, me escribió para pedirme mi opinión en ciento cuarenta palabras sobre el futuro de Apple tras la muerte de Steve Jobs. Vis-à-vis es una nueva revista gratuita en formato tablet (por el momento para iPad, en marzo estará también para web, smartphone y tablets Android), editada por Ploi Media. No es un mal día para publicarla, dada la opinión recién publicada de MG Siegler, de TechCrunch: Just a friendly reminder: if you sold your Apple stock in October, you were, in fact, an idiot :-)

El texto de pregunta y respuesta fue el siguiente:

 

P. ¿Seguirá Apple manteniendo su liderato frente a la competencia tras la muerte de Steve Jobs?

R. El proceso de sucesión en Apple ha sido tan dolorosamente largo y planificado como la fase final de la enfermedad de Steve Jobs. La compañía hoy no tiene ya nada que ver con aquella que, a mediados de los 80, echó a Jobs y cambió su cultura e identidad bajo el mando de John Sculley: hoy, el legado de Jobs se perpetúa mediante ejecutivos formados bajo su influencia que aseguran un mantenimiento de los principios de estrategia y diseño que han hecho de Apple un líder mundial. Personas como Tim Cook, Phil Schiller o Jonathan Ive son garantías para mantener el legado de Steve Jobs en una compañía que tuvo su oportunidad para comprobar que perder dicho legado era una receta segura para el desastre. Gracias a aquello, podemos esperar hoy que la sombra de Jobs sea muy, muy alargada.

Los creadores y la web social: el caso de Juan Gómez-Jurado

Escrito a las 11:42 am
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En GigaOM se preguntaban ayer si los autores debían participar en la web social, y se autorrespondían en el mismo título: Do authors have to be social? No, but it helps.

Leyendo el artículo, no pude evitar pensar en un autor español, Juan Gómez-Jurado: escritor y periodista, no he tenido el gusto de conocerle personalmente, pero tengo la sensación de hablar con él casi todos los días a través de su constante participación y diálogo en Twitter con sus más de cien mil seguidores. En abril de 2009, el propio Juan me envió por correo electrónico un artículo suyo en La Voz de Galicia titulado “Sinde, el fallo descomunal de ZP“, que me gustó mucho, pero al que no pude en aquel momento responder. Tiempo después, en enero de 2011, me volvió a escribir para enviarme su fantástico artículo “La piratería no existe“, que me llevó a empezar a seguirle.

Según mis archivos, Juan me empezó a seguir en Twitter a principios de aquel mismo mes: en aquel momento, tenía cerca de seis mil seguidores. Su contestación a aquel “a que no tienes huevos para regalar tus libros” de Alejandro Sanz en el mes de febrero le llevó a organizar en pocas horas una página web, 1libro1euro, en la que ofrecía uno de sus libros a cambio de una donación a Save the Children, una acción que obtuvo más de cuarenta mil euros en donaciones tan solo en sus primeros días. Fue mi primer contacto con su obra, “Espía de dios“, que como otros de sus libros que también he leído y recomendado, es de esos que empiezas y no puedes parar de leer. Desde entonces, una constante actividad en redes sociales: además de su página web y de sus ya más de cien mil seguidores en Twitter, Juan mantiene una página en Facebook en la que dialoga con casi cuarenta mil personas. A toda esta actividad acompañan múltiples experimentos: con la llegada de Amazon a España, Juan fue de los primeros en ofrecer sus libros en formato papel y electrónico, donde pueden encontrarse con precios que van desde 1.5 euros, 1.78 euros o 2.68 euros. Carezco de datos sobre el tipo de negociación que Juan lleva a cabo para conseguir esto, pero mi propia experiencia al respecto (carezco de autonomía para poner precio a mi libro en Amazon) y el hecho de que los mismos libros estén presentes a precios diferentes (7.12 euros, por ejemplo) parece indicar acciones directas del autor en ese sentido. Desde la llegada de Amazon a España, Juan ha estado sistemáticamente copando las primeras plazas en el ranking de la Kindle Store y lleva ya vendidos algunos miles de libros, con ganancias del 70% del PVP sin IVA.

Respondo a la pregunta de GigaOM con exactamente la misma respuesta: no, los autores no tienen necesariamente que lanzarse a las redes sociales, pero indudablemente, ayuda. Cuando el próximo libro de Juan salga, tengo entendido que hacia finales de 2012, su presencia en redes sociales será sin duda una gran ayuda para su comercialización, como lo pueden ser los casi doscientos mil seguidores de Alex de la Iglesia o los más de seiscientos cincuenta mil de Santiago Segura cuando estrenan sus películas, y espero que hable de su libro sin ningún complejo, con toda la lógica que indica que una persona que se comunica con otras a través de un canal bidireccional comente en el mismo acerca de su actividad, como yo mismo lo hago todos los días después de darle al botón “Publicar” de mi WordPress. Pura lógica, y un signo de los tiempos. Seas escritor, cineasta, blogger o vendedor ambulante de creme brûlée en San Francisco. Ser sociable y hablar con la gente no es imprescindible. Pero ayuda. A lo que sea.

Las TIC se vuelcan en la explosión de los datos y la era post-PC, en Cinco Días

Escrito a las 12:40 am
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Marimar Jiménez, de Cinco Días, me llamó para pedirme algunas impresiones acerca de los temas que, en mi opinión, ocuparían la agenda tecnológica de este 2012 que comienza, y lo publicó ayer viernes bajo el título “Las TIC se vuelcan en la explosión de los datos y la era post-PC” (ver en pdf). Hablamos de algunos de los temas que he tratado recientemente en el blog: big data y de analítica, BYOD, webs corporativas orientadas a lo social e innovaciones en retail.

A continuación, la parte relevante del mensaje que le contesté:

  • Analítica: superada la fase de inicio de la participación para muchos, entraremos en la popularización de la fase de análisis. Para algunos, esto se denominará Big data, inversión en sistemas masivos, distribuidos o no, de análisis complejo de datos de todo tipo con el fin de detectar tendencias, planificar acciones o incorporar información en los CRM de las compañías. En los departamentos de sistemas de las compañías más avanzadas en este sentido, Hadoop será un tema habitual de conversación. Para otros, significará simplemente la incorporación de herramientas analíticas de la actividad web más o menos sencillas. Pero sin duda, significará un incremento de la actividad en este sentido.
  • BYOD: las empresas continuarán consolidando la tendencia de aceptar que el empleado escoja sus propios dispositivos, incorporando éstos en la infraestructura de información de la empresa siempre que sea posible. La tendencia marca toda una nueva actitud a la hora de entender las arquitecturas corporativas de información, y plantea importantes retos en términos de gestión, control, costes y seguridad.
  • Webs corporativas orientadas a lo social. el 2012 empezará a marcar la época de obsolescencia del antiguo planteamiento de web corporativa estática, y verá un importante incremento de páginas de empresas que buscan la interacción, la comunicación constante y el enlace. Lo que hasta ahora era simplemente una tendencia en empresas de medios o con fuerte orientación tecnológica se empezará a consolidar en muchas otras industrias.
  • Innovaciones en retail: la popularización masiva del smartphone se acompañará muy posiblemente de un fuerte incremento en su propuesta de valor de cara al retail, mediante experiencias con temas como NFC y sistemas relacionados.

Cómo convertir tu gobierno en el hazmerreír del mundo

Escrito a las 1:08 am
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The process was grotesque: the Spanish film industry got one of its officials into power, then promoted a tough new law backed by the threats (and even active lobbying) of the US government — though the US didn’t take the same measures itself.”

(El proceso fue grotesco: la industria del cine español situó a uno de sus funcionarios en el poder, y promovió una nueva ley muy severa con el respaldo de las amenazas (e incluso del lobbying activo) del gobierno de los Estados Unidos - a pesar de que los mismos Estados Unidos ni siquiera se aplicaron las medidas a sí mismos.)

How the US pressured Spain to adopt unpopular Web blocking law, en Ars Technica, 5 de enero de 2012

 

Es la perfecta definición de “ridículo internacional”: un gobierno títere, carente de criterio, incapaz de argumentar o de negociar, que simplemente hace lo que le dicen, sin ningún tipo de respeto por la opinión de los ciudadanos que lo han elegido. Un proceso calificado de “grotesco”, con una calidad democrática inexistente, un auténtico desprecio a la ciudadanía, a la que además en ningún momento se dio ningún tipo de explicación, seguramente porque se era consciente de que era demasiado ridículo como para contarlo: viene “el amigo americano”, te amenaza con la ridícula lista 301, hecha por la propia industria norteamericana y carente de todo criterio objetivo, y tú, directamente, no preguntas ni discutes nada más. Te echas a temblar, y te vas, corriendo, corriendo a hacer lo que te han  dicho. Que las medidas provengan de estudios que los propios norteamericanos critican por su falta de rigor o que la SOPA, una ley equivalente, esté siendo objeto de muchísima oposición en los Estados Unidos, es lo de menos: estos señores parecen muy enfadados y hablan en inglés, vamos a hacer lo que dicen y a mandarles dinero en perjuicio incluso de nuestra propia industria e intereses

Lee y entérate del gobierno que tenemos y del enorme ridículo que hemos hecho como país:

En menos de una semana, entra un gobierno, miente a la ciudadanía con frases grandilocuentes sobre “la Somalia de la propiedad intelectual” (algo que en realidad nunca hemos sido), y hace lo que le dice Estados Unidos sin siquiera plantearse nada más. Eso es entender las relaciones internacionales y el concepto de soberanía, sí señor. Atención a la descripción de Cory Doctorow en Boing Boing, uno de los blogs más leídos del mundo:

Spain’s new law establishes a Syrian/Chinese style censoring firewall that blocks websites on the basis of unproven copyright claims, and mirrors the matching provisions of the proposed US Stop Online Piracy Act, making censorship into one of today’s leading American exports.

(La nueva ley española establece un muro de censura al estilo sirio/chino que bloquea páginas web en virtud de reclamaciones de copyright no probadas, e iguala las disposiciones de la propuesta Stop Online Piracy Act norteamericana, convirtiendo la censura en el producto de exportación más importante de los Estados Unidos)

Qué VERGÜENZA de gobierno, que VERGÜENZA de país.

 

Las evidencias se acumulan: los argumentos del ministro Wert son mentira

Escrito a las 1:13 pm
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A pocos días de la aprobación del reglamento de la legislación antidescargas, y cuando aún resuenan en nuestros oídos las razones esgrimidas por el ministro Wert (“España no puede ser la Somalia de la propiedad intelectual“), Columbia University publica un interesantísimo estudio, Copyright infringement and enforcement in the US (pdf, 10 pág., 1.5MB), cuyas conclusiones son meridianamente claras, y contradicen las razones esgrimidas por el ministro. Revisemos algunas de ellas:

  • La “piratería” es un fenómeno completamente común en los Estados Unidos. No, no hablamos de España, de esa supuesta “Somalia digital” que el ministro afirma que existe, hablamos de los Estados Unidos. De hecho, para sustentar sus teorías sobre “España como la Somalia digital”, el ministro Wert recurre a estudios falsos y completamente manipulados, creados específicamente por la industria del copyright para presionar a políticos ignorantes.
  • Los servicios autorizados de descargas pueden desplazar a la “piratería”. Es decir, que las descargas no se combaten con más persecución, sino que se combaten con más oferta. Más oferta como la que las majors y las entidades de gestión se niegan a permitir, imponiendo condiciones monopolísticas para que no surjan, controlando férreamente la distribución mediante sistemas que violan la libre competencia, incumpliendo los dictámenes e informes de la Comisión Nacional de la Competencia y dificultando que entren en España más jugadores.
  • Las prácticas de bloqueo de páginas web por parte del gobierno son rechazadas por una amplia mayoría de la población norteamericana, y mucho más cuando los procedimientos judiciales no son claramente respetados y pueden actuar como censura. Precisamente como ocurre en España, donde se ha diseñado un alambicado sistema para que “parezca” que hay una supervisión judicial cuando realmente no existe, para que se pueda cerrar cualquier página mientras se genera una abierta indefensión jurídica de una de las partes.

No, el problema no se arregla con más legislación, más injusta y que convierte a España en un país donde el gobierno o corporación de turno puede cerrar la página que le venga en gana mediante un procedimiento especialmente diseñado para ello. Esa forma de actuar, de hecho, agudiza la virulencia del problema, alimentando un escenario de enfrentamiento entre supuestos “creadores” (en realidad, la industria de la distribución de ocio) y usuarios que únicamente redunda en más reacciones de boicot y rebeldía. El único fruto posible de la legislación que el ministro Wert ha aprobado es que crezcan las descargas irrregulares y que haya menos consumo por canales autorizados. Es una ley que en en ningún caso caso podrá tener efectos positivos. Como bien comenta este artículo, con mención específica a la ley Sinde, la forma de combatir la “piratería” es con más mercado y con un enfoque basado en el equilibrio y la justicia vigente.

En el fondo, el problema es que estamos poniendo a tomar decisiones sobre un tema complejo a auténticos luditas e ignorantes, a personas que presumen abiertamente de su desconocimiento. A personas que, por desconocimiento o por razones más siniestras, admiten influencias y manipulaciones basadas en mentiras, en estudios abiertamente falsos, en datos retorcidos. Personas que, por no tener siquiera ordenador en su despacho, desconocen completamente la importancia y la naturaleza de la red como elemento de progreso.

De hecho, la gran pregunta es, ni más ni menos, por qué esas decisiones, que no atañen a “la cultura” sino a la industria que vive de distribuirla, no se toman en el Ministerio de industria, o en el Ministerio de economía y competitividad, en lugar de en el Ministerio de educación, cultura y deporte. ¿Por qué razón los lobbies del copyright pueden presionar para que se tomen decisiones que condicionan todo el amplísimo uso de internet como motor de progreso, como si el único o el principal uso de la red fuese servir de canal para sus productos? La red es economía, es industria, es tejido económico en todos los sentidos, no simplemente un canal para la distribución de productos de ocio y cultura. ¿Por qué se permite que un conjunto de empresas inadaptadas actúe como limitante de las enormes y muy necesarias posibilidades de futuro que ofrece la red?

Codecademy, aprendiendo a programar

Escrito a las 11:17 am
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Leí por primera vez acerca de Codecademy el pasado octubre en Uncrunched, el blog personal de Michael Arrington tras su salida de TechCrunch, en una entrada titulada Codecademy looks like the future of learning to me. Con ese título, que combinaba enseñanza y tecnología, me lancé rápidamente a abrir una cuenta y a probar algunas primeras lecciones: me encontré, efectivamente, con una forma de aprender bien planteada, atractiva, sencilla, y con un planteamiento social enfocado al refuerzo de los hitos, con badges y sistemas de compartición en redes que realmente tenía poco que ver con lo que habitualmente se entiende por “aprender a programar”.

La empresa ha conseguido captar una primera ronda de financiación de más de dos millones y medio de dólares y está teniendo desde entonces una presencia en medios bastante relevante. Sus fundadores son Zach Sims, un graduado de Columbia, y Ryan Bubinski, un estudiante de la misma universidad que se tomó un periodo sabático para participar en la prestigiosa incubadora Y Combinator. El modelo de negocio se basa en mantener las lecciones gratis, pero enfocarse al desarrollo de servicios dentro de la comunidad resultante, como búsqueda de personal u otros que puedan ir surgiendo. Si quieres leer sobre la iniciativa, puedes hacerlo en The New York Times o en TNW, que la describen como una nueva manera, sencilla y atractiva, de enfrentarse al aprendizaje de la programación, con un enfoque hacia emprendedores que tienen una idea pero carecen de nociones suficientes como para empezar, cuando menos, a definirla.

Coincidiendo con el nuevo año, decidieron enfocarse al mercado que surge con la fiebre de las New Year’s resolution, y lanzaron un programa de aprendizaje dosificado a lo largo de un año, Code Year, para encontrarse con nada menos que cien mil aspirantes en las primeras cuarenta y ocho horas. El creador de la iniciativa, Sacha Greif, cuenta con todo detalle cómo la diseñó completamente en una hora.

Si te animas, ya sabes: por experiencia con varias generaciones de emprendedores en IE Business School me consta que no saber programar es uno de los principales obstáculos que surgen a la hora de plantear una idea de negocio. Absurdamente, los que sabían programar antes de llegar al IE se niegan en redondo a volver a hacerlo, mientras que los que no sabían piensan que aprender es completamente imposible. No pienses que los cursos en Codecademy te convertirán en el programador estrella capaz de sacar tu idea adelante por tu cuenta, pero sí te podrán dar nociones muy interesantes para tomar decisiones al respecto, entender qué es lo que buscas o qué problemas plantea, convertir ideas sencillas en código ejecutable o contribuir a dar forma a determinados temas. O, sobre todo, para dejar de ver la programación como una serie de arcanos indescifrables únicamente al alcance de personas con las que eres incapaz de relacionarte. Aprendizaje simple y atractivo, al alcance de cualquiera, de una actividad que va a cambiar radicalmente su consideración en los próximos años. No pierdas el tema de vista.

Ahora más que nunca: manual de desobediencia a la ley Sinde

Escrito a las 9:25 am
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En marzo entrará en vigor la legislación antidescargas. Obviamente, no va a servir de nada: las páginas que pretendan cerrar podrán ser reabiertas en otros sitios, y los bloqueos que pretendan llevar a cabo para impedir el acceso a las mismas no van a funcionar, salvo que el usuario no sepa hacer la O con un canuto. Demuéstrales que sí sabes documentándote adecuadamente, y recuerda:

“Nada destruye más el respeto por el Gobierno y por la ley de un país que la aprobación de leyes que no pueden ponerse en ejecución”

Albert Einstein

Para saber cómo proceder para invalidar las posibles molestias que podría provocar el absurdo intento de bloquear la red, descárgate este sencillo “Manual de desobediencia a la ley Sinde” (pdf, 1.5MB, 57 páginas) desarrollado por Hacktivistas y editado por Traficantes de Sueños y el periódico Diagonal.

Aprende a cambiar tus DNS, a configurar un proxy, a configurar y utilizar Tor para navegar anónimamente, a entender para qué sirve una red privada virtual (VPN), y a hacer copias de webs de enlaces mediante Httrack.

Terminado el tiempo de intentar dialogar con quienes en todo momento se negaron a escuchar nuestros argumentos, es el momento para la desobediencia.

BYOD e informática corporativa

Escrito a las 1:40 pm
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El acrónimo BYOD, Bring Your Own Device (trae tu propio dispositivo) proviene del más conocido BYOB, Bring Your Own Bottle, que algunos restaurantes y locales empezaron a implantar en los años 70: permitían a los clientes llevar su propia botella de vino, y les cobraban únicamente un corking fee por descorcharla. Desde ahí, el acrónimo se hizo muy popular en la organización de fiestas de todo tipo: acude a la fiesta, y llévate una botella de lo que quieras beber, donde la “B” final se convierte muchas veces en Beer, Booze o simplemente Beverage.

En entornos corporativos, el BYOD es conocido desde hace ya mucho tiempo, y, de hecho, está empezando a generalizarse, para horror de muchos administradores y departamentos de sistemas. Se calcula que en los Estados Unidos, más de un 70% de las compañías dan soporte a programas de BYOD de algún tipo. La tendencia tiene, si lo pensamos, toda la lógica del mundo: hace algunos años, los entornos corporativos iban claramente por delante de los entornos personales. Lo normal era que una persona tuviese su primer contacto con un ordenador cuando llegaba a su puesto de trabajo, y que su ordenador portátil, en el caso de tenerlo, o su teléfono móvil, fuesen material que le era suministrado por su compañía.

Con el paso del tiempo y la evolución de la tecnología, este fenómeno se ha invertido completamente: cada vez abundan más las personas para las que utilizar el ordenador de su trabajo supone evocar el pasado: herramientas desactualizadas, metodologías arcaicas e ineficientes, limitaciones de todo tipo debidas a rígidos protocolos de seguridad, etc. Con la llegada de las primeras generaciones de nativos digitales al entorno corporativo, el contraste crece todavía más, y se hace progresivamente más difícil de gestionar: pedir a los empleados que se hagan un downgrade tecnológico cuando llegan a su trabajo no parece una estrategia demasiado sostenible.

En muchas empresas, la práctica comenzó como el capricho de algún directivo: personas que jerárquicamente podían permitírselo, y que aparecían con sus dispositivos obtenidos por su cuenta, que pretendían incorporar a sus herramientas de trabajo. Resultaba difícil saber cuando era realmente un “capricho”, una especie de “símbolo de estatus”, un “porque puedo”, o cuando de verdad el usuario obtenía un plus de funcionalidad, pero el escalafón se convirtió en la puerta por la que empezaron la mayoría de las excepciones. En otros muchos casos, los “rebeldes” que pretendían utilizar sus dispositivos se encontraron con un “no puede ser y además es imposible”, y optaron por formas de lucha más o menos militantes, o por resignarse y acostumbrarse a llevar dos dispositivos encima. Pero con la creciente popularización de la informática de consumo o la consumerización de la tecnología, la marea se ha vuelto ya prácticamente imposible de parar. Muchos sitúan el punto de inflexión en la llegada del iPhone en el año 2007. Legiones de empleados acuden armados de todo tipo de dispositivos, dispuestos a asaltar el feudo de lo que una vez había sido un entorno totalmente controlado. Del reconocimiento de excepciones, en muchos casos, se pasó a la aceptación: a marcar políticas de gasto aceptable en dispositivos, e incluso sistemas mixtos que permiten al empleado recibir una asignación que puede completar por su cuenta si desea un dispositivo diferente.

Obviamente, el BYOD trae consigo toda una serie de problemas, hasta el punto de que hay quien lo ve como una abreviatura de Bring Your Own Disaster. Administrar un parque heterogéneo de dispositivos supone renunciar a políticas de gestión comunes, incrementar las necesidades de soporte y mantenimiento, añadir una cantidad desconocida de vulnerabilidades de seguridad y, con casi total seguridad, elevar el coste. Para muchos administradores de sistemas corporativos, la tendencia supone una auténtica pesadilla. Por otro lado, tiene difícil arreglo: enrocarse en políticas prusianas supone ser menos atractivo a la hora de atraer talento, luchar contra constantes resistencias y saber que, de una manera u otra, se va en contra de los tiempos.

La práctica fundamental que parece marcar la diferencia entre empresas en las que BYOD funciona adecuadamente frente a las que sufren problemas es la documentación. Crear repositorios de información accesibles a los empleados que permitan encontrar todo tipo de consejos, prácticas y procedimientos para poder utilizar el o los dispositivos que estimen oportunos. Declararse “objetor” de la informática corporativa supone un cierto grado de compromiso personal, y puede ser visto como un terrible problema que es necesario “disciplinar” (imposible en muchos casos según la posición jerárquica de la persona) o como una oportunidad para aprender de las prácticas que esta persona desarrolla. Generar wikis colaborativos con soluciones a problemas habituales, procedimientos y configuraciones recomendadas para reducir el coste de soporte, obtener condiciones favorables con empresas externas para el mantenimiento, desarrollar redes de expertos en cada sistema o dispositivo para solucionar problemas o aprovechar sus características, etc. son cuestiones que puede resultar fundamentales en un cambio de política que parece estar convirtiéndose lentamente en un sí o sí. En la mentalidad del departamento de sistemas también va una gran parte del posible éxito: en lugar de manifestar una actitud de resistencia o de “excepcionalidad tolerada”, abrazar una mentalidad constructiva y colaborativa, de servicio a un empleado cuyas necesidades y hábitos evolucionan constantemente.

Las empresas tienen mucho que ganar del hecho de aprender a desarrollar sus actividades en un ecosistema tecnológico dotado de una diversidad cada vez mayor: ahora la diversidad, cada día más, va a empezar desde sus propios empleados.

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