El Blog de Enrique Dans

Quantified self, lifelogging, y salud

Escrito a las 1:33 pm
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IMAGE: Christos Georghiou - 123RFEn una de las entrevistas de TED de esta semana, Larry Page reflexionaba sobre el potencial de las aplicaciones que cuantifican datos del usuario de cara a la evolución del cuidado de la salud y de la investigación relacionada: hablaba de un potencial estimado en más de cien mil vidas al año que podrían salvarse si tuviésemos datos actualizados sobre parámetros físicos de las personas que el estado actual de la tecnología permitiría recoger y tratar con cierta sencillez, y puntualizaba la importancia de un entorno capaz de ofrecer seguridad y confianza a la hora de compartirlos.

El fundador de Google, que en su momento ya ofreció un producto como Google Health para el almacenamiento y gestión de datos individuales relacionados con la salud de los usuarios que terminó desmantelándolo, se lamentaba concretamente de que el actual entorno creado por el uso de la red para control y espionaje por parte de los gobiernos estuviese poniendo en riesgo la evolución de la adopción de una serie de tecnologías que podrían tener un efecto potencialmente muy positivo.

Sin duda, Larry Page sabe de lo que habla, o casi, de lo que no habla: su reciente afección de las cuerdas vocales, que empezó tratando de manera discreta y reservada, le llevó a darse cuenta de los beneficios de compartir información: el obtener respuestas de miles de personas afectadas por problemas similares en todo el mundo le ayudó en gran medida a hacer frente a su enfermedad. Un efecto sobre el que ya habíamos tenido evidencias gracias a Jeff Jarvis, a quien un cáncer de próstata le llevó a escribir un libro, Public Parts, en el que reflexiona, gracias a una dolencia que afecta a lo que la sociedad ha definido de manera clara como nuestras “partes privadas”, sobre las ventajas de compartir información: Jeff tomó la decisión de compartir en su página todo lo referente a su enfermedad, incluyendo su exhaustiva búsqueda de información al respecto – nadie mejor que él, conocedor de la red, periodista de gran experiencia, y afectado, para llevarla a cabo, – el proceso que le llevó a la toma de decisiones sobre sus operaciones y tratamientos, o incluso los efectos secundarios y su evolución, que incluyen temas tan habitualmente reservados al ámbito de lo privado como la disfunción eréctil, la impotencia o la incontinencia urinaria.

El libro de Jeff, subtitulado como “por qué compartir en la era digital mejora nuestra manera de trabajar y vivir”, es un gran tratado sobre cómo el hecho de compartir puede ser una ayuda en determinados trances relacionados con la salud: no solo se encontró con una posibilidad de recopilar información notablemente incrementada gracias a terceros que le respondían y le facilitaban fuentes adicionales y experiencias, sino que además logró un beneficio para otras personas que pudiesen sufrir una dolencia similar, y uno para sí mismo en forma de empuje e impulso moral por el hecho de sentir el aliento y los buenos deseos de sus seguidores.

La discusión sobre la información que genera nuestro cuerpo no puede ser más relevante. Estamos viviendo la explosión del llamado quantified self, un fenómeno vinculado con el desarrollo de pequeños aparatos, wearables, que llevamos encima y que cuantifican parámetros como nuestra actividad física, esfuerzo, dieta, o incluso variables como frecuencia cardíaca, presión arterial, etc. Lo que empezó como una simple actividad destinada a personas que querían llevar un mejor control de su ejercicio o dieta con dispositivos creados por marcas como Fitbit, Jawbone, Nike y otros, está adquiriendo una importancia cada vez mayor a medida que los usuarios vamos dándonos cuenta que el tener información detallada nos pone en una situación de mucho mayor control y conocimiento, nos proporciona más grados de libertad a la hora de tomar decisiones en aspectos que van bastante más allá de lo puramente superficial y afectan poderosamente a la calidad de vida.

Por detrás viene el llamado lifelogging, una versión aparentemente más extrema, en la que los usuarios llevan un control relativamente exhaustivo de su actividad cotidiana ayudados de dispositivos y aplicaciones que les permiten recogerla, como la microcámara Narrative, que la persona lleva colgada en su ropa y realiza dos fotografías por minuto que son almacenadas y permiten un tratamiento analítico posterior, y que te pueden meter en líos si olvidas que la llevas puesta, por ejemplo, al pasar por la seguridad de un aeropuerto norteamericano. Últimamente me han parecido recomendables varios artículos al respecto, escritos ya con la perspectiva de usuarios habituales o que se han propuesto pasar por la experiencia, y que permiten reflexionar sobre los elementos fundamentales del lifelogging, las sensaciones que generan en los usuarios, o los costes personales asociados con llevarlo a cabo.

En paralelo, vivimos el avance de los wearables y la posible especialización de uno de los más esperados, el iWatch de Apple, en temas relacionados con el control de la salud. El planteamiento es claro: posiblemente muchos usuarios estarían dispuestos a compartir con empresas como Apple o Google datos relacionados con la evolución de sus constantes vitales  y el funcionamiento de su cuerpo si con ello pudiesen tener acceso a un mejor cuidado de su salud, pero esto requiere, por un lado ser capaz de proporcionar seguridad sobre el uso que se va a dar a esos datos, y por otro, poner en marcha muchas infraestructuras que plantean un completo reenfoque del cuidado de la salud, para llevarlo desde el actual esquema reactivo a uno caracterizado por la proactividad.

Comentar con cualquier médico temas relacionados con esto nos lleva automáticamente a pensar en cómo un profesional de la salud podría hacer frente al nivel de análisis requerido cuando, en muchos casos, la práctica del día a día de su trabajo le obliga a dedicar pocos minutos a cada paciente. Comentarlo con empresas de seguro médico dedicadas al cuidado de la salud lleva al planteamiento de servicios premium, para aquellos clientes que estén dispuestos a pagar por una gestión proactiva de su salud, un segmento que sin duda encontraría clientes con relativa facilidad. Si añadimos cuestiones como el personal genomics, los análisis genéticos a precios de mercado de consumo, como 23andMe y otros, a pesar de las recientes restricciones impuestas por la FDA, lo que se forma delante de nuestros ojos es prácticamente una “tormenta perfecta” en la que muchos elementos confluyen en torno a un fenómeno que requiere atención: miles de personas en todo el mundo reclaman un tratamiento especializado para datos que generan en su día a día y con los que son conscientes que podrían mejorar variables que influyen en cuestiones tan sensibles como su calidad de vida, su salud o su esperanza de vida, pero al tiempo son conscientes de muchos de los posibles peligros asociados, como la posible discriminación en función de parámetros relacionados con la salud o la aplicación de políticas de estimación de riesgo a la hora de ofrecerles determinados servicios. Y si los posibles riesgos y beneficios son ya de por sí relevantes a nivel de usuario individual, las posibilidades que ofrece su gestión agregada de cara a la investigación o la prevención son sencillamente impresionantes, casi ilimitados.

Un tema indudablemente complejo. Pero sin duda, algo que vamos a ver moverse mucho en no demasiado tiempo.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Quantified self, lifelogging and healthcare“)

Totalitarismo y control de la información

Escrito a las 8:25 am
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Turkey’s fake democracy EXPOSED! - Carlos LatuffEl primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, toma la decisión de bloquear Twitter para evitar la difusión de noticias relacionadas con la trama de fraude y corrupción que afecta a su gobierno. La ilustración, del genial Carlos Latuff, me recuerda poderosamente la que publicó con ocasión del corte de internet que Hosni Mubarak llevó a cabo en Egipto inmediatamente antes de su caída en febrero de 2011. La censura de la red fue una característica común de toda la primavera árabe.

El pasado mes de febrero, pudimos presenciar el mismo caso en Venezuela: el presidente Nicolás Maduro bloqueó Twitter, último paso tras haber tomado el control de toda la prensa que consideraba hostil.

Los regímenes con tendencia al totalitarismo tienen su base en un férreo control de la información. La primavera árabe fue provocada, en gran medida, por la aparición de canales de información que no podían ser sometidos a la censura gubernamental: páginas y grupos en Facebook, cuentas de Twitter, blogs, en un entorno en el que una parte significativa de la población no tenía ni siquiera acceso a internet, pero que se las arreglaban para poner la información en circulación, para estropear el pacífico panorama de “aquí no pasa nada” que pretendían mostrar los medios controlados por el régimen. Regímenes como Irán o China tratan de mantener su delicado equilibrio gracias a sistemas de censura apoyados en lo social, en el miedo, en la existencia de fuertes mecanismos de control que ponen inmediatamente bajo sospecha a todo aquel que intenta saltarse los controles establecidos.

Pero cada día más, la censura y el control de la información está pasando a ser una característica no solo de los regímenes directamente totalitarios, sino también de las democracias que se niegan a evolucionar. La obsesión del gobierno español con el control de los medios convencionales mediante herramientas como la publicidad institucional y el pago de cánones y prebendas, poniendo de facto a la supuesta “prensa libre” a “dormir con su enemigo” no es más que un paso más en el deterioro de la calidad democrática del país. Pretender justificarlo como algún tipo de “derecho” de los editores es todavía más perverso, y sitúa a los medios de la asociación correspondiente en un comportamiento que podríamos calificar casi de siniestro: basta con leer artículos como este en ABC (pdf) o este otro en El Mundo (pdf) para pasar a tener todo tipo de dudas sobre esos medios. ¿De verdad confiaríais en una noticia sobre cualquier cosa que afecte a la red o a la propiedad intelectual tras leer en esas noticias los alucinógenos conceptos que tienen sobre esos temas? ¿Y sobre política? ¿De verdad se puede confiar en quienes aceptan relevar a sus directores con condiciones como seguir recibiendo publicidad institucional o hacerse acreedores a un canon otorgado por el gobierno a costa de algo como la libertad para enlazar en internet? Cuando un gobierno empieza a coaccionar y a comprar a la prensa con “regalos envenenados” como esos con el propósito de obtener un panorama de medios afín, solo queda tratar de dejar de lado a los medios que aceptan semejante componenda. El totalitarismo no está en los grandes gestos, está precisamente en los pequeños, en las actitudes, en el “no os preocupéis que yo me encargo de arreglar lo vuestro”. Para quien no entiende la red, todo “gesto” es válido, y la idea de que ese gesto puede ser interpretado como totalitarismo está muy lejos de su cabeza… pero eso no lo convierte en lícito ni en legítimo: no deja de ser totalitarismo.

En Turquía, el bloqueo de Twitter se ha llevado a cabo únicamente mediante DNS, lo que habilita a los ciudadanos a seguir entrando mediante toda una amplia gama de posibilidades. Ya hay hasta pintadas indicando a la población las DNS de Google para que puedan entrar en Twitter, o instrucciones para poder enviar tweets mediante SMS.

DNS-grafitti-Turkey (Unknown origin, please let me know if anyone is able to trace the source so I can give the proper credit)

Lo que sigue a la censura de Twitter – o de cualquier otro recurso en la red, dentro de muy poco será YouTube – es un absurdo juego de gato y ratón que solo puede tener resultados negativos. La resistencia se encona, la censura se recrudece, la imagen se deteriora (más todavía), se fuerza el tema hasta llegar a la violencia y a las detenciones arbitrarias, y se comienza una espiral que puede llevar o a la caída del régimen, o a su enquistamiento y aislamiento. En China y en Irán, países que aplican una férrea censura y control de la red, es claro que la situación no va a cambiar mañana ni pasado. Se han enquistado. Pero en Venezuela, donde la censura de la red aún no está aceptada en la mentalidad de los ciudadanos, es posible que estemos hablando de los últimos coletazos del sistema. No hay forma de que el gobierno de Maduro, por mucho que lo intente o por muchos otros gobiernos cómplices o clientelistas que lo arropen, cierre Caracas Chronicles, VenezuelaLucha, Maduradas o LaPatilla, por citar (y enlazar) unas pocas. O cuentas de Instagram como ya citada de VenezuelaLucha, la de DonUngaro o la de Isaac Paniza, que informan y suben fotos jugándose el tipo desde las mismas calles del país. O mil recursos más. Decididamente, practicar el control de la información y bloquear Twitter u otras redes sociales es, para un gobernante, dispararse en el pie.

Censorship of @Twitter in Turkey: dumb move by Erdogan - Carlos Latuff

Las redes sociales no son más que un indicador de lo inadecuados que son los mecanismos de la democracia en algunos países.  La democracia, como todo, también tiene que adaptarse al entorno que le ha tocado vivir. No, eso no quiere decir, como piensan algunos reduccionistas, que tengamos que votar a través de Twitter o que gobernar según lo que diga la red. Pero que un gobierno provenga de las urnas ya no es algo que sirva para otorgarle legitimidad democrática prima facie. La legitimidad democrática no se adquiere al salir de las urnas, sino al demostrar un comportamiento que sea coherente con la esencia de los principios democráticos.

Una esencia que hoy determina que las redes sociales, como tales, son intocables como herramientas de expresión de los ciudadanos. Ningún país verdaderamente democrático se plantea hacer cosas como censurar las redes sociales, bloquearlas o tratar de evitar mediante cánones y mecanismos parecidos que la información circule libremente por ellas. Una idea así, en un país democrático, resulta inaceptable por principio. Quienes la plantea, simplemente, no son demócratas, son totalitarios. En el mundo actual, son tan totalitarios Recep Tayyip Erdoğan o Nicolás Maduro como lo fueron en su momento Zine El Abidine Ben Ali o Hosni Mubarak, o como lo es Soraya Sáenz de Santamaría, la verdadera artífice del canon de AEDE. ¿Comparación dura? ¿Crees que me he pasado muchísimo al comparar esas situaciones? Pues no, porque en ningún caso hablamos de una cuestión de gradualidad o de matices, dado que en este tema no los hay: del mismo modo que no se puede ser solo “un poco corrupto”, si vas contra la red y contra la libre expresión de los ciudadanos en ella, eres totalitario, sea en Turquía, en Túnez, en Venezuela o en España. Sea donde sea, esas actitudes representan una lamentable pérdida de valores democráticos, y un giro hacia el totalitarismo.

Cada vez que un político piensa en bloquear la red, en ejercer control sobre la información o en construirse un panorama de medios afín, se convierte en totalitario. Sea para favorecer al lobby de turno, para tratar de mantenerse en el poder, para esconder sus trapos sucios, o para todo ello a la vez. Los principios democráticos en el siglo XXI implican asumir que los ciudadanos pueden publicar libremente información en la red, sin estar sujetos a censura, a espionaje, a control o a cánones. Lo contrario, y no valen medias tintas, implica ser totalitario. Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “There are no half measures when it comes to censorship“)

Hardware sin hardware, columna en Expansión

Escrito a las 9:52 am
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Hardware sin hardware - Expansión (pdf, haz clic para leer a mejor tamaño)Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Hardware sin hardware” (pdf), y trata de explicar la estrategia de Google para estar presente en la gran mayoría de los dispositivos a lo largo de todas las categorías posibles (ordenadores, tablets, smartphones y wearables) sin dedicarse a fabricar ninguno de ellos, simplemente aplicando el poder del código abierto y la competencia entre fabricantes gracias al uso de licencias permisivas. Es la versión adaptada a papel de la entrada que escribí hace unos días, cuando Google anunció su estrategia para wearables, titulada “Smartwatches: Google repite estrategia“.

En muchos sentidos, Android se ha convertido en el producto estrella de Google, y en la clave de su estrategia futura. Toca a Google ahora despejar las dudas sobre la sostenibilidad de su estrategia, sus reacciones ante los forks, y el nivel de apertura real que mantiene.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Hardware sin hardware

Google ha revelado esta semana su estrategia para el mercado de los wearables, dispositivos que llevaremos encima tales como los smartwatches o relojes inteligentes. Un mercado muy interesante en el que se anticipa una fuerte expansión.

Lo que realmente llama la atención es la consolidación de la estrategia de Google con respecto a los dispositivos en unas pocas líneas fáciles de entender: dominar el mercado del hardware no fabricando hardware, sino creando una plataforma de software abierta  y gratuita que es ofrecida a cualquier fabricante que quiera utilizarla para sus dispositivos.

La estrategia funcionó impecablemente bien en los smartphones: pese a ser Apple en su momento quien redefinió la categoría, hoy una gran mayoría de los terminales del mundo llevan Android, lo que otorga a Google un enorme poder… pese a no fabricar ninguno.

La estrategia de Android ha sido tan impresionantemente exitosa para Google, que ahora busca replicarla en todos los segmentos. En tablets, el liderazgo del iPad, de nuevo el artífice de la reinvención de la categoría, está amenazado por crecimientos muy superiores en los dispositivos con Android. En ordenadores portátiles, los Google Chromebook crecen hasta convertirse en sorpresa, siguiendo una estrategia similar: promover la competencia entre fabricantes en torno a un sistema abierto.

Para el naciente segmento smartwatch, Google acaba de anunciar el mismo plan: un Android adaptado a esos dispositivos, y un trabajo ya hecho con marcas de moda y con fabricantes de chips y electrónica de consumo para asegurar su adopción. Difieren los tiempos: en smartphones y tablets, Google fue reactiva, llegó tarde. En esta ocasión, quiere ser proactiva, llegar antes.

Pero el elemento común es el mismo: dominar el mercado del hardware, sin hacer hardware. Por el momento, una estrategia invencible.

La red, la disrupción y el mercado del lujo

Escrito a las 12:08 pm
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A por un chic click a la vanguardia tecnológica - TheObjective (ESP)Yolanda Regodón me pidió que le contestase a algunas preguntas sobre tendencias tecnológicas y uso de la red en el mercado del lujo, y hoy me cita brevemente en su artículo publicado en TheObjective, titulado en español como “A por un chic click a la vanguardia tecnológica“, y en inglés como Chic clicks for a competitive edge.

A continuación, el texto completo de las tres preguntas que intercambiamos:

P. ¿Cómo pueden las firmas de lujo prepararse para el impacto disruptivo de los avances tecnológicos?

R. Las firmas de lujo tienen que hacer como todas las demás: prepararse teniendo personas en su organización que aprecien y sean sensibles a los cambios en el entorno tecnológico. Ninguna empresa cuyas personas vivan ancladas en el pasado, que no crean en los cambios que provoca la tecnología o que se quede mirando a cómo toman decisiones de compra “sus clientes de antes” o “de toda la vida” puede adaptarse a un impacto disruptivo, por mucho que lean o que les cuenten sus asesores. La disrupción es algo que resulta esencial tener cerca y analizar en primera persona. Si tu empresa no es capaz de atraer personas a las que les guste estar en vanguardia de la tecnología, o si las atrae pero no les permite expresarse y servir como “aviso a navegantes”, es que tu empresa tiene un problema, porque una parte ya bastante significativa de la sociedad disfruta estando en la vanguardia tecnológica. Cuando ves una serie de corbatas de Hermès dedicada a la tecnología, es que muchas cosas están cambiando…

P. ¿Cómo crees que se preparará la industria del lujo a los retos y oportunidades planteados por la impresión tridimensional?

R. Por el momento, la impresión tridimensional es más una herramienta de diseño y de prototipado rápido que de fabricación como tal. Resulta difícil pensar que muchos de los objetos que comercializa la industria del lujo, caracterizados por un cuidado especial en sus procesos, serán fabricados en capas con un artefacto casero, por mucho que mejore incrementalmente la resolución y los materiales. E incluso si llegase a ocurrir, habría que plantearse dónde está realmente el valor generado y hasta qué punto permite justificar el margen que se cobra. Pensar en la tecnología como un factor negativo y una amenaza sería especialmente preocupante, porque supondría adoptar la misma actitud que adoptó en su momento la industria de los contenidos, que no se ha caracterizado especialmente por una adaptación exitosa a su entorno.

P. ¿Qué necesita saber un CEO y un CFOs sobre cómo los cambios en tecnología y redes sociales impactarán en su negocio y en la manera que ellos interactúan con sus clientes?

R. Un CEO necesita detectar tendencias que le afecten o que puedan representar una oportunidad, y eso, en el entorno dinámico actual, implica un nivel de atención elevado. Es necesario estar pendiente no solo de las tecnologías en sí, sino de factores como sus dinámicas de adopción, factores sociodemográficos, y en general de todo lo que rodea al fenómeno tecnológico. Que marcas de instrumentos de escritura de lujo, por ejemplo, no se hayan posicionado introduciendo en su catálogo stylus para tabletas, un fenómeno que lleva ya varios años presente en el mercado y con un elevado nivel de adopción en un segmento que se solapa con el usuario de productos de lujo, demuestra que muchas marcas son excesivamente tradicionales y tienen miedo a seguir tendencias aunque ya estén completamente consolidadas. Ese tipo de ideas tienen que surgir necesariamente del uso y  del contacto habitual con la tecnología. En comunicación pasa exactamente lo mismo: no hay forma de que un directivo llegue a entender lo que significan las redes sociales, por ejemplo, si no lo experimenta y está pendiente de las tendencias en su desarrollo y adopción.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Technology, disruption and the luxury market“)

Smartwatches: Google repite estrategia

Escrito a las 10:58 am
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Motorola smartwatch 2014Google anuncia sus planes para llevar Android a los wearables, Android Wear, que supone una completa reedición de la estrategia que le ha llevado a dominar completamente el mercado smartphone: ofrecer una plataforma para que los fabricantes puedan desarrollar sus productos sobre ella.

La empresa anuncia que está trabajando con fabricantes de electrónica de consumo, fabricantes de chips y marcas de moda para llevar Android a dispositivos que llevaremos con nosotros, en nuestra muñeca o en donde se le ocurra al fabricante que corresponda. Un vídeo de presentación muestra algunos modelos de smartwatch, una categoría que ya comentamos hace algún tiempo que iba a estar sujeta a una fuerte competencia, siendo manejados mediante una interfaz en la que destaca el uso de Google Now, que permanece alerta en todo momento para recibir comandos de voz.

 

 

Por el momento, la competencia se está caracterizando por el éxito de marcas emergentes como Pebble, que siguen una estrategia de dispositivos orientados a proporcionar una gran duración de batería (cinco o seis días) mediante el uso de pantallas derivadas de la tinta electrónica, frente a otros dispositivos procedentes de empresas como Samsung, Qualcomm, Sony y muchos otros que precisan de una carga de batería diaria y que, en algunos casos, han visto importantes tasas de devolución fundamentalmente de clientes que no consideraban aceptable volver por la tarde a casa con un reloj sin batería.

Mientras, los dos grandes contendientes, Apple y Google, permanecían en silencio sin pronunciarse al respecto. Hemos podido ver algunas indicaciones que apuntan a que, presumiblemente, el dispositivo que Apple está preparando podría tener una importante diferenciación basada en el control de variables relacionadas con el quantified self,  con el control de parámetros asociados con la salud, el ejercicio y el sueño, pero como siempre, todo nebuloso y confuso en una marca cuya estrategia se ha caracterizado siempre por el secretismo, y cuyo principio claro con respecto al producto parece ser que mejor tarde, si consigues la fórmula adecuada que sea capaz de redefinir el panorama. ¿Cuántos reproductores de MP3 había antes de que saliese el iPod? ¿Cuántos teléfonos móviles antes del iPhone? ¿Qué pasó después? ¿Puede Apple hacerlo de nuevo con el iWatch?

La duración de la batería, en cualquier caso, parece claramente una de las variables que es preciso optimizar. Asegurar al menos una duración que permita que el usuario no se quede tirado a lo largo del día, por largo que este pueda ser. Parece que una cosa es llegar a asumir que el smartwatch será un dispositivo que precise de una recarga nocturna todos los días, como de hecho ya hacemos con el smartphone, y otra muy diferente asumir ese momento de maldición del dispositivo y de su marca cuando, en algún momento de la tarde, miramos nuestra muñeca y vemos que nuestro reloj ha desfallecido.

Mientras Apple busca  una nueva categoría que reinventar , Google volverá a jugar la carta de los ecosistemas abiertos, de la competencia entre fabricantes, y del desarrollo de plataforma, que tan buenos resultados le dio en el mercado smartphone. Y en el medio, fabricantes como Pebble, que han sido capaces de explotar con razonable éxito – dada su dimensión – el efecto pionero, y que tratarán de mantener sus ventajas de cara a un mercado que, en no mucho tiempo, va a colonizar las muñecas de muchísimos usuarios…

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Wearables: Google repeats its strategy“)

Sobre “The new digital age”, en Manager Focus

Escrito a las 7:51 am
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The New Digital Age (Eric Schmidt, Jared Cohen) - Amazon.esDesde Manager Focus, que estrena página web, me pidieron una columna sobre The new digital age, el libro de prospectiva tecnológica de Eric Schmidt y Jared Cohen publicado hace aproximadamente un año, que además ya me había leído. No es un resumen del libro (ese lo hacen ellos), sino una columna inspirada por su contenido:

 

Mirar hacia el futuro es una actividad consustancial a la naturaleza humana. Preguntarse cómo será el mundo o, siendo más específico, nuestra vida, nuestros trabajos, nuestro entretenimiento o la sociedad que nos rodea dentro de unos cuantos años es un ejercicio mental que pocos pueden reprimir.

Sin embargo, a medida que los factores tecnológicos y de otro tipo que dan forma al futuro van incrementando su aparente complejidad, la tarea empieza a parecerse más a aquella frase de Niels Bohr, “Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro”, no solo por la amplia variedad de factores implicados, sino también, en muchos casos, por la dificultad de valorar qué elementos son meramente coyunturales y cuáles están con nosotros para quedarse.

¿Alguien piensa seriamente que los torpes intentos de “lo viejo” para resistirse a “lo nuevo”, como el afán de determinados lobbies industriales por detener el avance del mundo y la aparición de alternativas a su dominio, formarán parte de la configuración de nuestro futuro? Nunca, en ningún momento de la historia, ha podido ninguna industria, asociación o gobierno, por poderoso que fuera, detener el progreso tecnológico… ¿Por qué iba a ocurrir ahora, en un mundo infinitamente más hiperconectado?

El escenario tecnológico nos afecta a todos los niveles. Nos afecta en nuestra forma de vivir y relacionarnos, en cuestiones que van desde lo personal hasta lo profesional, y con un grado de cambio tan grande que, en no mucho tiempo, no vamos a reconocer muchas de las cosas que veíamos naturales cuando empezamos a tener uso de razón. En realidad, los cambios son tan brutales que influyen en cuestiones propias de nuestra esencia: nuestra sociabilidad, nuestra competencia profesional, nuestro acceso a la información…

Intentar entender estos cambios exige elevar progresivamente el grado de análisis: del individuo a la familia, de las relaciones entre personas al universo económico y de la empresa, y, de ahí, hasta llegar a la forma de organizarnos como sociedad, a la política. Especular sobre los cambios en esferas como esas exige tener una visión muy clara de los factores que se convertirán en decisivos, de la dirección en la que apunta la evolución de la tecnología. Es el tipo de visión que caracteriza a quienes se plantean productos y servicios para personas y mercados que ni siquiera existen o incluso que empiezan a existir en torno, precisamente, a los conceptos que nos traen esos productos y servicios.

No obstante, la verdad es la que es: esos escenarios nos afectan, y mucho. Vivir de espaldas a esa evolución, negarla como quien entierra la cabeza en el suelo, es completamente absurdo y totalmente inaceptable a partir de ciertos niveles de responsabilidad. Deberíamos considerar completamente intolerable que las decisiones en una empresa o en un país fueran tomadas por personas incapaces de entender esos análisis de escenarios. Los accionistas de esas empresas y los ciudadanos de esos países deberían echar a patadas a quienes, por voluntad o por ignorancia, deciden ignorar esos escenarios que se avecinan. Y, para que esto sea así, para incrementar nuestros grados de libertad, debemos familiarizarnos lo más posible con ellos.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Inspired by ‘The new digital age’“)

El rediseño del rediseño: ¿cómo reaccionamos ante los cambios?

Escrito a las 9:19 am
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Flickr redesignUna noticia sobre el posible rediseño del rediseño de Flickr me genera una reflexión sobre los cada vez más constantes cambios en las aplicaciones que utilizamos habitualmente. En este caso, hablamos de un caso para mí muy interesante y sobre el que tengo perspectiva de casi diez años, en los cuales he vivido la eclosión inicial, el abandono por parte de Yahoo!, y los rediseños y replanteamientos recientes.

¿Cómo reaccionamos ante los cada vez más frecuentes cambios en las aplicaciones que utilizamos? Resulta perfectamente normal encontrarnos que nuestro terminal nos solicite permiso – o ni eso, si lo hemos pre-aprobado – para actualizar un buen número de aplicaciones cada muy poco tiempo. Rara es la semana que no vemos pasar varias de estas notificaciones, y todos tenemos algunas apps que terminamos por actualizar más veces de las que realmente las utilizamos. Con el tiempo, nos hemos acostumbrado a una dinámica en la que nos resulta perfectamente normal que, al abrir una app, la interfaz haya sufrido cambios de cualquier tipo que afectan al uso que le damos.

En mi caso, y soy lo que muchos calificarían como un perfil con tendencia a la innovación, la reacción suele ser de resignación. Pocas veces me encuentro cambios en el planteamiento de una app que me generen algún tipo de satisfacción, y lo normal es que me enfrente a ellos con cierta desgana, con un “qué le vamos a hacer, es lo que hay” o incluso con algunas molestias. Me cuesta recordar la última vez que una aplicación introdujo cambios que realmente valorase de forma positiva, y sí me constan bastantes ocasiones en las que me encontré con cambios inesperados en el momento de acceder a ellas que me generaron algún tipo de problema o incomodidad. Los cambios estéticos en el diseño para adaptarse a las tendencias me generan escepticismo: me parece muy bien que de repente todo el mundo se haya dado al flat design tras una época de ubicuos efectos tridimensionales, pero lo veo más como algún tipo de “moda” frívola que como algo que, de alguna manera, me haya aportado algún valor.

De una época de cambios poco habituales, que casi siempre respondían a replanteamientos o al desarrollo de nuevas funciones, hemos pasado a una de cambios constantes, de descargas y reinstalaciones permanentes, de cambios casi caprichosos, que en ocasiones parecen simplemente una forma de lograr que hablen de uno sin más motivo que el puro “rediseño por el rediseño”. No suelo ser nostálgico, pero empiezo a añorar la época en la que cuando abría un programa o aplicación, sabía lo que me iba a encontrar.

Lógicamente, esto está afectando también a los planteamientos de los diseñadores: antes, se tenía bastante cuidado al tocar elementos con los que el usuario tenía una cierta familiaridad. Ahora, impera cada vez más el darlo todo por hecho, el “es lo que hay”: simplemente un comentario al abrir la app, o ni eso, y venga, a seguir usándola. Salvo en aquellos casos – por otro lado, cada vez menos frecuentes, en los que los usuarios plantean algún tipo de resistencia o rebelión, la cosa queda en simplemente una anécdota que se olvida rápidamente. No te encariñes con la estética de ninguna aplicación, porque cada día son más efímeras. A veces son elementos sutiles, un tipo de letra, un espaciado, un botón… otras veces son rediseños más radicales. Pero la impresión que tengo, dada la gran proliferación de apps, es que están ocurriendo todos los días.

¿Cómo reaccionáis ante los cambios en una época en la que los cambios ya aparecen casi todos los días? ¿Os molestan? ¿Os gustan? ¿Os generan indiferencia? ¿Debemos acostumbrarnos a que esta sea la dinámica “normal”?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Redesigning the redesign: what do we think about change?“)

Marca personal: ¿y por dónde empiezo?

Escrito a las 4:20 pm
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IMAGE: Almagami - 123RFUna muy buena pregunta durante una charla sobre web social y la marca personal esta mañana me ha planteado una cuestión interesante: existen numerosas teorías e ideas sobre cómo apalancar la participación y las herramientas de la web social para conseguir que alimenten esos factores, pero… ¿por dónde se empieza?

Si queremos ser razonablemente metódicos a la hora de mejorar nuestro uso de herramientas sociales – suponiendo que realmente consideremos que queremos usarlas para eso, para mejorar nuestra marca personal, que no es lo que todo el mundo necesariamente busca, – ¿cuáles serían unos razonables “primeros pasos” en esa dirección?

Mi opinión: toda búsqueda de la marca o del desarrollo personal debe seguir una estrategia, y una estrategia necesita, como primer paso, tener un objetivo. ¿Cuál es mi objetivo personal en este sentido? ¿Dónde quiero estar en un tiempo razonable si mi estrategia de posicionamiento personal tiene éxito? ¿Qué términos o campos semánticos quiero que aparezcan asociados con mi nombre en una hipotética búsqueda? ¿En qué ámbito geográfico o lingüístico? ¿En español? ¿En inglés? ¿En catalán? ¿En todos ellos? ¿Qué herramientas estoy dispuesto a utilizar para ello?

En segundo lugar: ¿qué hay ahora mismo ahí? ¿Una amplia variedad de expertos, de personas con elevado prestigio, de referencias con nombre y apellidos? ¿O un páramo sombrío con poca participación? La idea es comparar ese ámbito con los famosos “océanos azules o rojos” de W. Chan Kim y Renee Mauborgne, y deducir el esfuerzo que supondrá desarrollar contenido para lograr situarse en ese entorno en un tiempo razonable. Y si vamos a desarrollar contenidos, pensemos en dónde: un buen comienzo puede ser Twitter, herramienta sencilla donde las haya, con un balance de dedicación frente a resultados interesante, que puede gestionarse desde simplemente un smartphone, y que habitualmente brinda resultados de manera relativamente rápida. Como herramienta para comenzar con algo de motivación y retroalimentación inmediata, pocas me parecen tan sencillas.

Tercero: si en efecto, al buscar en ese ámbito hay personas con una marca y una asociación con el tema reconocida, sigámoslos. Algo estarán haciendo bien, ¿no? Sin llegar al “de mayor quiero ser como ellos”, fijémonos en lo que hacen, en cuáles son sus fuentes, en cuánta presencia mantienen, en su nivel de conversación. Empecemos a utilizar Twitter ya no simplemente para saber qué hacen nuestros amiguetes o para ver la frase filosófica del día, sino también como herramienta de gestión de contenidos, o para que algunas personas nos asocien a ellos.

¿Qué pasa cuando, tras el citado análisis, situamos en nuestro timeline a esas personas y comenzamos a consumir los contenidos que generan? ¿Y si los combinamos con otras fuentes que nos permitan empezar a cubrir ese campo de una manera cada vez más completa? De manera inmediata, empezaremos a tener una cierta abundancia de contenidos con un flujo razonable – dependiendo de la temática, claro – y seguramente, nos resultará en cierto sentido “natural” empezar a rettwittear, a marcar favoritos o incluso a contestar. Cualquiera de las tres acciones lleva no solo a que las herramientas de análisis lo vean, sino también a que nuestros seguidores empiecen a auto-seleccionarse en función del tema de interés. No tenemos que abandonar lo personal o perder nuestras señas básicas de identidad, pero posiblemente sea una buena idea, si queremos apuntar en esa dirección, convertir nuestro Twitter – o la herramienta que queramos utilizar – en algo relacionado con esos campos que hemos definido como de interés.

Con esto, estamos convirtiendo nuestra herramienta en algo interesante en dos sentidos: ahora seguimos a referencias interesantes, y si lo hacemos bien, nos empezarán a seguir aquellos a quienes igualmente les interese esa temática. Únicamente con eso, empezaremos a tener un cierto valor en asociación con ello, aunque solo sea por nuestra capacidad de curación de contenidos, de filtrar lo que hemos visto con nuestro criterio. Si además contribuimos nosotros mismos con contenido original o con opiniones propias, mejor aún – siempre que valgan la pena, claro. Y en tercera derivada, otro beneficio más: podremos utilizar nuestro “timeline” como una forma de recuperar ese contenido que nos pareció interesante, simplemente buscando en él, para evitar ese efecto de “sí, leí algo sobre esto, pero… ¿dónde demonios estaba?”.

El siguiente paso, ya más complicado, consiste en darnos cuenta de que nuestra indexación, nuestro “ego search” y la durabilidad de nuestra estrategia de posicionamiento personal no debería depender del tiempo que dura la información en una red social determinada, que típicamente además se mide en horas: deberíamos plantearnos, como suele comentar Alfonso Alcántara, dejar de ser “un homeless digital que está todo el día tirado en las redes sociales”, y empezar a construirte “tu propia casa”, aunque al principio sea un apartamento pequeño y esté en un barrio periférico. De ahí a cómo pasar a estar en un barrio céntrico o en primera línea de playa, ya van otras cuestiones sobre las que ya se ha escrito mucho… pero para empezar, pensemos en cómo poner en valor esas herramientas sencillas que utilizamos todos los días – o que no utilizamos porque no sabemos exactamente para qué – y que podrían seguramente aportar un valor en nuestra estrategia. Pero de nuevo: si es lo que queremos. No hay una “forma buena” y una “mala” de usar estas herramientas, cada uno les da el uso que le da buenamente la gana. Pero si lo que pretendo es que contribuyan a mi marca personal, a mi asociación con aquellos temas en los que quiero o me gustaría estar… no me parece un mal comienzo.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Personal branding: where do I start?“)

Twitter y la actividad docente

Escrito a las 12:26 pm
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Business School professors on TwitterEntré en Twitter relativamente pronto, en el año 2007. He utilizado Twitter para todo: desde aquella primera época en la que la pregunta era “¿qué estás haciendo?” y te dedicabas a comentar allí casi todo lo que hacías, dónde estabas y lo que comías, hasta la época actual, en la que tiendes a un uso más reflexivo, buscando compartir y aportar algo de valor a aquellos que te siguen, o simplemente generar atención y discusión sobre tu producción.

Entiendo Twitter como un recurso fundamental para un profesor de una escuela de negocios: veo el dar clase en una buena escuela de negocios como un privilegio que, por un lado, te permite disfrutar de alumnos de muchísima calidad en el contexto de una metodología que promueve la interacción, la discusión y el enriquecimiento constante, y por otro, supone una obligación permanente de estar a la altura, aunque solo sea por lo que esos alumnos pagan por estar ahí.

Desde el primer momento, consideré el blog como una manera de obligarme a leer, a estar actualizado, a reflexionar sobre los temas que comento en clase, y tuve la impresión de que la metodología de una escuela de negocios llevaba a que todo profesor que trabajase en una estuviese destinado a ser un “natural born blogger”. Con Twitter me pasó lo mismo: al principio era algo extravagante, pero hace ya algún tiempo que empecé a experimentar con curiosidad ese feedback inmediato que surge cada vez que terminas una clase o conferencia y te encuentras comentarios en Twitter sobre la misma, como en aquel genial episodio en el que le ocurre al Dr. Sheldon Cooper de “The Big Bang theory”, que de hecho, suelo utilizar en clase para animar a la participación:

 

 

Para un profesor, Twitter puede ser una manera de llamar la atención sobre temas, recursos, enlaces y todo tipo de cuestiones que pueden tener relevancia sobre su actividad, sobre los temas de los que habla, sobre las industrias y los casos que analiza. En realidad, puede o incluso debe funcionar así para prácticamente cualquier profesional, pero en el caso de un profesor me parece que sale incluso más natural.

Esta mañana me he encontrado una sencilla observación de Wilfred Mijnhardt en Twitter en la que me mencionaba: utilizó FollowerWonk para buscar profesores de escuelas de negocio en Twitter, encontró 829 y echó un vistazo a variables como el número de tweets, los seguidores, la antigüedad o el nivel de autoridad social. Una lista que me pone arriba del todo, por encima de “monstruos” como Clayton Christensen, Michael Porter o Rosabeth Moss Kanter, que vienen a ser ese tipo de figuras en las que, en muchos sentidos, llevas toda la vida mirándote, o cuyos libros y artículos has estudiado. No tiene más valor que el que tiene, no creo que este tipo de cuestiones puedan medirse en modo exclusivamente cuantitativo o competitivo, y seguramente faltarán ahí muchos profesores que simplemente no han puesto en su bio que lo son… pero la verdad es que hace cierta ilusión :-)

 

(This post is also available in English in my Medium page, “On Twitter and teaching“)

La piratería no es un problema de gente. Es un problema de servicio.

Escrito a las 7:20 pm
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Popcorn time (haz clic para descargar la aplicación)

La piratería no es un problema de gente. Es un problema de servicio. Un problema creado por una industria que pinta a la innovación como una amenaza a su anticuada receta comercial.”

Popcornti.me

 

Popcorn Time, la elegante aplicación para ver películas creada por hackers argentinos que “es tan buena que asusta” según la revista Time, cierra sus puertas y se despide con una espléndida carta de muy recomendable lectura debido a que sus creadores argentinos “necesitan seguir con sus vidas” y porque “enfrentarse a una industria tan tradicional y tratar de revolucionar un mercado tan grande tiene sus costos asociados que ninguna persona merece pagar”, pero resucita automáticamente en GitHub, primero vinculada a YIFI, y pocas horas después, de forma independiente.

Una aplicación que ofrecía un sistema de visualización de películas en streaming mejor incluso en cuanto a usabilidad que el ofrecido por Netflix pero utilizando YTS, una página de indexación de archivos torrent, y que escaló masivamente en popularidad al ser mencionada en todos los blogs y páginas más conocidos en en curso de una semana. La aplicación, desarrollada en tan solo un par de semanas, se define como un experimento abierto para aprender y compartir, en el que “ninguno de los desarrolladores ganaba dinero” y no había “ni publicidad, ni cuentas premium, ni cuotas de suscripción, ni nada de nada”.

Una vez más, se evidencia la realidad: existe una enorme demanda insatisfecha de personas que quieren acceder a películas cuando son estrenadas y en las condiciones que estimen oportunas, como desde su casa y en zapatillas, y que seguramente estarían dispuestas a pagar una cuota por ello, en lugar de tener que soportar las ridículas restricciones que la industria plantea. Los problemas de esa industria no se deben a los usuarios, ni a la tecnología, ni a los hackers, ni a nada por el estilo: se deben únicamente a su patente estupidez. Están generados por ellos mismos, por sus ridículas pretensiones de que “las cosas son así y nada puede cambiarlas”, por sus absurdamente limitadas ideas de “la distribución funciona de esta manera y si pretendes hacerla de otra, es que no tienes ni idea”.

El inmovilismo y la obstinación no merecen la protección de nadie. Los políticos que supuestamente representan al pueblo no tienen ningún tipo de sacrosanto deber de proteger a industrias empeñadas en no ser viables, en no adaptarse al entorno. El cine no está en peligro, y no va a desaparecer: lo que están en peligro son los parásitos que pretenden pretenden vivir de un sistema que condena a su distribución a desarrollarse mediante métodos del siglo pasado.

Como experimento, ha valido la pena. Enhorabuena, Pochoclín :-)

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Piracy is not a people’s problem, it is a service problem“)

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