El Blog de Enrique Dans

La deriva más peligrosa: ciudadanos bajo control

Escrito a las 12:08 pm
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La deriva más peligrosa: la tecnología debería servir para que los ciudadanos pudiesen controlar lo que hacen sus gobiernos, nunca al revés. El gobierno británico propone un borrador para la llamada Communications Data Bill, bajo la cual pretenderán desarrollar un sistema que permita espiar todas las comunicaciones electrónicas de los ciudadanos: cada clic, cada mensaje corto, cada correo electrónico, cada actualización en Facebook…

Lo dije en su momento hace ya más de dos años en una entrevista en televisión (min. 7), y alguno me tildó de exagerado: los gobiernos de muchos países envidian secretamente a China. Que países como China o Irán planteen sistemas para espiar a toda su ciudadanía entra dentro de lo que estamos desgraciadamente acostumbrados a ver: la sola idea de democracia les queda demasiado lejos. Que lo plantee un país como Gran Bretaña debería resultar completamente inaceptable, pero ahí lo tenemos, preparado para ser votado en el Parlamento. Y si preguntas a muchos políticos españoles, te aseguro, porque lo sé, que la cuestión no les parece en absoluto una mala idea.

Que lo hagan además bajo la excusa de miedos como la amenaza terrorista, la pornografía infantil o la protección de los derechos de autor a modo de jinetes del Apocalipsis es todavía más absurdo, cuando sabemos que ese tipo de medidas no funcionan para detener esos problemas y que lo único que hacen es amenazar las libertades fundamentales, libertades que muchos gobiernos hoy en día parecen empeñados en reescribir. Estados con vocación orwelliana. Una vez más, y llevamos ya desgraciadamente demasiadas, es preciso citar a Benjamin Franklin:

Those who can give up essential liberty to obtain a little temporary safety, deserve neither liberty nor safety”

(Aquellos que están dispuestos a entregar sus libertades fundamentales a cambio de un poco de seguridad temporal, no merecen libertad ni seguridad”)

 (Vía Boing Boing).

Promusicae y el recurso al pataleo

Escrito a las 8:22 pm
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Promusicae difunde una nota de prensa en la que de manera absolutamente ridícula pretende hacer creer que lo que se juzgaba en este caso era la veracidad o no de mis opiniones sobre su posición monopolística, algo completamente falso. Lo que se juzgaba era mi derecho a publicar dicha opinión y si dicha publicación podía ser en modo alguno lesiva a su honor. Aquí no se juzgaba lo que yo decía, sino mi derecho a decirlo.

El pataleo de Promusicae demuestra que, en realidad, tienen un serio problema de entendimiento de las demandas que ellos mismos plantean: en algún punto se han perdido. Durante todo el juicio, Promusicae se dedicó, en efecto, a traer testigos y a solicitar pruebas que pretendían demostrar que no operaban en régimen de monopolio, como si aquel tribunal se ocupase de casos de defensa de la competencia. Mientras tanto, mi abogado, la fiscal y la mismísima juez en su sentencia se dedicaron a discutir únicamente lo que estaba en litigio: mi libertad de expresión y mi derecho a publicar mis opiniones en mi blog personal. Dicho de otra manera: aunque no debería hacer falta explicarlo, hablamos de un caso de libertad de expresión en blogs, en ningún caso de uno de derecho de la competencia.

La cuestión salta todavía más a la vista cuando pensamos que fue la propia Promusicae la que me denunció a mí por infracción a su honor. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que lo que pretendían que se juzgase era si yo, efectivamente, podía decir lo que decía. Y eso, estimados señores de Promusicae, es ni más ni menos lo que dice la sentencia: que SÍ estoy en mi derecho a decirlo, por mucho que a ustedes les pueda fastidiar. Que estoy en mi derecho a opinar que operan ustedes en régimen de monopolio, a opinar que manipulan las listas de éxitos y a opinar que RitmoNet es un medio más para preservar dicho monopolio al privar de su uso a las discográficas independientes que no pertenecen a Promusicae. Lo opinaba y, después del juicio, lo sigo opinando. Más aún, si cabe.

La veracidad de esas opiniones, muy señores míos, no se discute en un juicio por presunta infracción al honor. Se discute en otro foro, en el que entiende de esos temas, en el lugar adecuado para dirimir esa cuestión. Y no se preocupen: tendremos oportunidad de discutirlo y de ver quién tenía realmente razón. Como dice el coloquialismo norteamericano, “it ain’t over till the fat lady sings”, ya tendrá tiempo Promusicae de pensar si realmente hizo bien en abrir este debate. Pero en esta ocasión y en este juicio en concreto que nos ocupa, la cosa es tan sencilla como esto: si el juez me hubiese condenado, ustedes habrían ganado el caso y yo lo habría perdido. Pero como el juez ha desestimado su demanda, ustedes pierden, y yo gano. No lloren, no pataleen, y no se compliquen la vida con interpretaciones peregrinas: yo gano, ustedes pierden. No hay más.

Y en cuanto a mi credibilidad, no se preocupen: yo tengo la mía y ustedes la suya desde hace muchos años, y todo el mundo puede verlas. Dentro de un par de años, ya veremos dónde sigue mi credibilidad y dónde está la suya. Suponiendo que sigan ahí.

El valor de la relación, en Expansión

Escrito a las 2:31 pm
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Mi columna de esta semana en Expansión se titula “El valor de la relación” (pdf), y pretende reflejar los resultados de los últimos estudios de empresas como Forrester y comScore que demuestran correlaciones positivas entre muestras de relación como el “Me gusta” de Facebook y la propensión positiva a la compra. En un entorno cada vez más caracterizado por las relaciones bidireccionales, las marcas que son capaces de entrar en conversación genuina con sus clientes y potenciales clientes obtienen una rentabilidad positiva de ello.

A continuación, el texto de la columna:

 

El valor de la relación

Tras el desastroso anuncio del abandono de la publicidad en Facebook de General Motors, hecho público tan solo unos días antes de la salida a bolsa de la red social, dos estudios recientes, uno de comScore y otro de Forrester, demuestran de manera fehaciente la existencia de vínculos reales y perfectamente medibles entre las relaciones de marcas y usuarios en las redes sociales, y la probabilidad de compra.

Las conclusiones son claras: que una persona tenga contacto con una marca en la web social implica una mayor probabilidad de introducción de sus productos o servicios en el conjunto de consideración, y en último término, una mayor inclinación hacia la compra de ese producto o servicio.

En realidad, General Motors no abandonó Facebook. Una búsqueda rápida permite encontrar numerosas páginas del grupo y de sus marcas, algunas con varios cientos de miles de usuarios. Usuarios que, según los estudios recientes, tienen una mayor inclinación a adquirir un automóvil fabricado por la compañía. En este contexto, que digan que la publicidad “no les funciona” es meramente anecdótico: lo que no funciona es “su manera” de hacer publicidad. La publicidad en redes sociales, por norma general, suele ser una manera de llevar usuarios a una página, en la que se produce la verdadera interacción.

La web social está logrando demostrar un concepto claro: que las relaciones tienen un valor desde un punto de vista comercial. Durante décadas, las marcas utilizaron medios técnicamente limitados y unidireccionales para bombardear a sus potenciales compradores con mensajes insistentes, mientras sus directivos decían aquello de “tiro a la basura la mitad de mi presupuesto en publicidad, pero no sé qué mitad”. Que ahora, en un entorno bidireccional, los usuarios aprecien un contacto directo al que no estaban acostumbrados, entra dentro de lo razonable. Que muchas marcas no sepan cómo ofrecérselo y persistan en estrategias de comunicación del siglo pasado, también.

Promusicae pierde el juicio

Escrito a las 8:36 am
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El pasado viernes 8 de junio se celebró la vista de la demanda que Promusicae interpuso contra mí por “infracción a su honor”. El caso se ha movido con una impresionante velocidad: la demanda me fue notificada el 24 de febrero; fue contestada el 23 de marzo; la vista previa tuvo lugar el 10 de mayo; el juicio, el pasado jueves 8 de junio; y ayer día 14 recibí la sentencia. Era la primera vez que alguien me demandaba y, sinceramente, no esperaba un funcionamiento de la Justicia tan radicalmente rápido y eficiente.

¿Resultado? La demanda de Promusicae ha sido desestimada en su totalidad. Como argumentamos, estaba en mi perfecto derecho de opinar lo que opiné y de expresarlo públicamente en mi página, dado que me protege un derecho tan fundamental como la libertad de expresión. Ni había insultado u ofendido el honor de nadie en mi blog, ni se puede impedir que exprese mi opinión personal en el mismo, como llevo haciendo desde hace ya muchos años y como voy a seguir haciendo. Por mucho que ellos pretendan, el derecho al honor de las personas jurídicas que Promusicae invoca es a todas luces una norma más débil que la libertad de expresión.

Citando el texto de la sentencia,

… los comentarios publicados se proyectan en aspectos de interés público, con lo que la libertad de expresión e información frente al derecho del honor adquiere aún una importancia más elevada.”

El caso me ha pillado en el peor momento de trabajo del año, y en consecuencia, he podido dedicar muy poco tiempo a la preparación de su defensa. Debo destacar y agradecer en ese sentido el buen trabajo llevado a cabo por mi abogado en Bufet Almeida, Javier Maestre, así como la rigurosa y completa preparación que mostraron tanto la fiscal como la juez encargadas del caso. También quiero agradecer a las personas que acudieron como testigos, dos compañías discográficas independientes que afirmaron sentirse en efecto perjudicadas por el funcionamiento del sistema RitmoNet, a las personas de otras compañías independientes que me ayudaron a fundamentar mejor mis argumentaciones, y por supuesto, a todos los que me mostrasteis vuestro apoyo a lo largo del proceso. Ah, y a Los 40 Principales, que habiendo sido requeridos por Promusicae, contestaron en su oficio que “la gran mayoría de las canciones que emitimos proceden de RitmoNet”, dando así en gran medida la razón a mis planteamientos.

Promusicae tiene ahora veinte días para interponer recurso de apelación. Aunque la sentencia es clara e inequívoca y me da la razón a todos los efectos, tengo la impresión de que recurrirán, dado que es mi opinión que lo que en realidad buscan no es una supuesta “reparación de su honor herido” ni proteger sus derechos, sino actuar como un matón y provocarme molestias con el fin de que me autocensure y decida no hablar de ellos para evitar meterme en posibles líos: lo que se suele denominar un “pleito estratégico contra la participación pública” (SLAPP). En pocas semanas tendremos la respuesta.

 

ACTUALIZACIÓN: he visto diversos medios que recogen la noticia,

 

Denunciando al troll

Escrito a las 8:09 am
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Dos artículos en The Guardian, What is an internet troll? y en la BBC, Who are internet trolls – and how is the law changing?, hacen referencia a la polémica enmienda a la Defamation Act que está siendo objeto de debate en la Cámara de los Comunes del Reino Unido, y que ha sido denominada directamente Law Against Trolls.

Según la citada ley, los propietarios de una página web podrán, en caso de ser denunciados por la aparición de contenido difamatorio en la misma, protegerse frente a dicha denuncia si colaboran fehacientemente suministrando los datos de identificación y contacto del usuario que produjo el contenido, siempre que la parte denunciante pueda demostrar que, en efecto, su reputación ha sido significativamente dañada.

Según la legislación vigente previa a la reforma, las páginas web eran consideradas responsables por el contenido publicado, lo que llevaba a procesos judiciales costosos y complejos que, además, podían ser utilizados con el fin de llevar a cabo acciones de censura: ante la posibilidad de que un contenido determinado pudiese ser considerado difamatorio por un juez, muchos propietarios de páginas optaban directamente por su eliminación, sin que el proceso tuviese las debidas garantías. Con la reforma, se pretende que el demandante pueda solicitar a la página la identificación del autor del contenido, y pueda así proceder directamente contra este. La propuesta se aplicaría, además, a páginas localizadas en cualquier lugar del mundo, una vez que el demandante pueda demostrar que el Reino Unido es el lugar adecuado para llevar a cabo la denuncia por ser donde se ha producido el daño a su reputación.

La ley no cambia el concepto de difamación: tras la denuncia, el juez deberá decidir si el contenido constituye efectivamente tal difamación o se trata sencillamente de una situación de crítica legítima o de mal gusto. Por el momento, la preocupación con respecto a la modificación de la ley se sitúa en su delicado equilibrio con el ámbito de la privacidad y de la critica legítima: hasta qué punto deberá demostrarse que el daño a la reputación existe para que los datos del autor del contenido presuntamente infractor sean divulgados. La idea es evitar que los propietarios de las páginas procedan a dicha divulgación de manera sistemática con el fin de protegerse de posibles acciones legales, lo que podría implicar que críticas genuinas o personas que utilizan una página para revelar una información real pero posiblemente incómoda puedan ser silenciados por el afectado.

¿Significan este tipo de leyes el fin del anonimato en la red? En la práctica, no se trata de impedir que alguien actúe de manera anónima, sino de tratar de evitar que utilice dicho anonimato para llevar a cabo acciones ilícitas. Según lo que parece apuntar la reforma, una página web podrá seguir aceptando comentarios o contribuciones anónimas, pero deberá contribuir a la identificación de un contenido presuntamente infractor con todos los medios a su alcance. Se trata, básicamente, de evitar la desprotección de víctimas y páginas frente a este tipo de contenidos, y de tratar de situar la responsabilidad en el lugar que realmente le corresponde. De dejar claro que la red, por el hecho de ser la red, no está al margen de la ley en este sentido, y que quien la utiliza para insultar, acosar o difamar podrá ser objeto de denuncia de manera eficiente exactamente igual que si dicho comportamiento tuviese lugar fuera de la red.

¿Opiniones?

La torcida lógica del gobierno norteamericano

Escrito a las 3:25 pm
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Veamos: monto una impresionante y rocambolesca operación internacional para cerrar una página web. Seis meses después, sigo sin haber sido capaz de demostrar ni la urgencia ni tan siquiera la necesidad o procedencia de dicho cierre, mientras los cargos se van diluyendo y la justicia va dando al fundador de la página la razón en prácticamente todo.

Y cuando un usuario pretende recuperar lo que tenía en ese servicio, que dejó de funcionar única y exclusivamente por la acción del FBI, el gobierno responde que no tiene ninguna responsabilidad y que se las arregle el usuario pagando los gastos o  denunciando a la página o a su proveedor de hosting

… ¿Perdón?

Luchando contra la estupidez en la red

Escrito a las 10:42 am
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El problema de luchar contra la estupidez en la red es que, a medida que la red se convierte en un reflejo de la sociedad en su conjunto, nos damos cuenta de que en nuestra sociedad abunda la estupidez.

Que una herramienta como los trending topics de Twitter se convierta en una sucesión de estupideces sin sentido, de memes absurdos y de tonterías elevadas a tal categoría por grupos obsesionados con mostrar al mundo lo obsesionados que están era algo que tenía preocupados a los responsables de Twitter porque disminuía en gran medida el valor de la herramienta para la mayoría de sus usuarios. La solución de eliminarlos directamente al ser detectados era problemática, porque evocaba todo tipo de posibilidades de censura y de, básicamente, tirar al niño con el agua del baño: que para arreglar un problema molesto, recurriésemos a un arma que podía potencialmente provocar males mayores.

Así, la solución buscada han sido las llamadas Tailored trends, un desarrollo que intenta mejorar la relevancia de los trending topics no eliminando las estupideces, sino realimentando con ellas a los que las disfrutan. La idea, que empieza a ofrecerse gradualmente a los usuarios hoy, es construir un algoritmo de relevancia para las tendencias combinando como factores de filtrado cuestiones como la proximidad geográfica y, sobre todo, los intereses de las personas que forman tu entorno en Twitter. Si sigues a un montón de beliebers, los trending topics que verás abundarán en los enormemente cansinas frases sobre el ídolo de quinceañeras. Pero si no sigues a ninguno, la idea será que “joyas” como #hornyforjustin, #WelcometoSpainAgainBieb o #becauseofbieber desaparezcan de tu lista de temas de relevancia. Si tus seguidores y seguidos se unen al enésimo meme inconsustancial del tipo #PalabrasQueMolan o #ReplaceBandNamesWithRape, lo verás, pero si tienen mejor criterio y pasan de perder el tiempo con tonterías, no lo verás en tu lista, que presumiblemente pasará a reflejar lo que estaba originalmente pensado que reflejase: los temas del momento. En el fondo, salvar una herramienta teóricamente potente de las garras de la estupidez. Que cultura popular es una cosa, pero tres memes cansinos y absurdos al día es otra muy diferente.

El filtro podría, por otro lado, llegar a tener un interesante efecto: dado que todos aquellos que crean infinidad de cuentas para elevar artificialmente términos a los trending topics no son lógicamente capaces de dotar a dichas cuentas de una verdadera actividad social, sencillamente porque no representan a personas reales con una actividad social propia, nos encontraríamos con que la influencia de esas cuentas falsas sobre los trending topics que los usuarios realmente ven descendería enormemente, o incluso desaparecería, al restringirse su efecto a aquellos que siguen a este tipo de cuentas caracterizadas por una elevada endogamia (únicamente se siguen las unas a las otras).

¿Problema potencial? El efecto burbuja o cámara de eco, el aislamiento de las tendencias en función del filtrado que de ellas hace nuestro grupo de influencia. Para ello, existe la posibilidad de volver a los Trending Topics generales con tan solo un clic. Si lo que ves te interesa, puedes mantenerlo, o bien optar por volver al algoritmo. Mientras tanto, a ver si a algunos de los que disfrutaban de coordinarse para elevar la enésima estupidez a lo más alto de la lista mundial se les pasa el sarampión, y la herramienta recupera su potencia y posibilidades sin necesidad de filtros…

Apple vs. Google: la interesante evolución de una confrontación

Escrito a las 12:17 pm
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Lo más llamativo de la keynote de Apple de ayer, que personalmente esperaba como agua de mayo para renovar una de mis máquinas y que ha provocado que me haya gastado la mayor cantidad de dinero que jamás me había gastado en un ordenador, no ha sido precisamente ese producto, sino la constatación cada vez más evidente del enfrentamiento con Google y de hasta qué punto ambas compañías evolucionan con una trayectoria de colisión cada vez más clara y frontal sobre todos los entornos, pero especialmente en el de la movilidad.

De acuerdo, lejos quedan ya los días en los que Apple era considerada prácticamente una compañía de hardware, y el nivel de la keynote de ayer demuestra claramente que Apple es una compañía con un arsenal de innovación impresionante cuyo nivel, además, es perfectamente capaz de mantener a pesar de haber perdido a una figura del calibre de su fundador, Steve Jobs. Sin embargo, ver cómo la compañía lleva a cabo un esfuerzo de desarrollo tan fuerte como el dedicado a su aplicación de mapas con el fin de dejar de recurrir al producto de Google y de integrarlo ya definitivamente como una parte fundamental de la propuesta de valor de la plataforma es algo que marca, para mi, un claro punto de inflexión.

Hasta ayer, los usuarios de Android podían encontrarse mejor servidos que los de iPhone con el sistema de navegación GPS integrado gratuitamente en sus terminales: un sistema potente, con actualización constante, y con una interfaz verdaderamente lograda. Pero la keynote de ayer revela una toma de posiciones de Apple muy importante y con varios frentes estratégicamente fuertes: por un lado, una integración de un producto de la holandesa TomTom junto con funciones de productos como WazeGetchee, Localeze, Urban Mapping, DMTI, MapData Services y desarrollos propios de Apple, que parece ofrecer un resultado muy competitivo, aunque está en beta aún y obviamente le faltan algunas prestaciones. Por otro, una integración directa y obvia con una Siri que comenzó como protagonista de la keynote, que claramente apuntaba a ser un valor importante en la estrategia de la compañía y que ha sido licenciada ya por empresas como Audi, BMW, Chrysler, GM, Honda, Land Rover/Jaguar, Mercedes-Benz y Toyota, que reúnen entre todos ellos una cuota nada despreciable de un mercado automovilístico que busca desesperadamente incentivos para sus clientes. La de los coches es, en particular, una batalla fascinante: históricamente, el competidor bien posicionado en su integración había sido siempre Microsoft. En el futuro de Google, que apunta a más lejano, los coches se conducen solos. Y en el de Apple, hablan contigo con voz sintetizada, empezando prácticamente desde pasado mañana.

Si añadimos la muy mejorada integración de Facebook a modo de bofetada clara a las ambiciones de Google con su Google+, el enfrentamiento es ya mucho más que evidente. Apple, heredando directamente del difunto Steve Jobs el odio a Android y queriendo hacer frente a las más de novecientas mil activaciones diarias de dicho sistema, no está dispuesta a tolerar ningún ámbito en el que se pueda especular con ventajas evidentes de la plataforma Android frente a iOS, y de ahí el enorme esfuerzo de poner en el mercado una nueva versión que a u nivel de prestaciones superior, añada varias ventajas: un ecosistema de desarrollo escasamente fragmentado frente al caos total que supone Android, la ya citada integración con el mercado automovilístico, y soluciones como un potenciado Facetime que podrá funcionar sobre 3G, una aplicación de correo electrónico mejorada o un Passbook con muy buenas posibilidades operativas, como guindas que coronen el pastel.

La competencia es buena para todos. Más, por favor.

Páginas en las que entras… o páginas de las que no sales

Escrito a las 10:04 am
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Desde hace ya mucho tiempo, mi uso del navegador y de la red en general ha evolucionado hasta devenir en un fenómeno ya completamente consolidado: la existencia de una serie de páginas, en torno a una decena, en las que no entro… sino de las que directamente no salgo nunca.

Esa aproximadamente decena de páginas se encuentran de manera estable agrupadas en una carpeta de favoritos que llamo “Sesión” que abro directamente cada vez que arranco el navegador, y que mantengo en todo momento abiertas en cualquier ordenador en el que esté trabajando. Ocupan un orden determinado para facilitar mi orden mental, como quien mantiene objetos en lugares fijos de una mesa, a pesar de que en algunos momentos coloco coyunturalmente en medio de ellas algunas otras páginas que estoy usando para otra tarea. Tareas que, en cuanto alcanzan una cierta entidad, son “exiliadas” a otras ventanas del navegador. En el iPad son algunas pestañas menos, pero la pauta es prácticamente igual.

En mi caso, esas páginas son:

  • Google Reader: seguramente, una de las páginas en la que empleo más tiempo y que constituye el centro principal de entrada de contenidos. En Reader sigo mis alrededor de veinticinco suscripciones a blogs y medios, las páginas de algunos amigos, los blogs de mis alumnos, las suscripciones a búsquedas y alertas, etc. Cada poco tiempo, paso por esa página para intentar mantener una cuenta de “Unread items” relativamente manejable.
  • StatCounter: no se pueden crear contenidos sin tener una serie de métricas de referencia. StatCounter me proporciona una buena parte de ellas.
  • Google Analytics Real-Time: la imagen real de mi página en términos de actividad en cada momento.
  • Mi blog: por asegurarme de que todo está en su sitio, y porque recurro a mis propios sistemas de búsqueda (archivos, temas y caja de búsqueda) para acceder a mi propio contenido.
  • WordPress: para la gestión de entradas y comentarios.
  • Gmail: no uso sistemas de alerta en el escritorio, me limito a ver la pestaña, en la que aparece el número que indica mensajes sin leer. Además, suele sonar un tono corto en el móvil, que nunca está demasiado lejos.
  • Google Calendar: lógicamente, la gestión de agenda y, sobre todo, las alarmas. De no ser por ellas, nunca llegaría a nada a tiempo.
  • Google +: en mi caso, es una red enormemente interactiva, lo que hace que la mantenga abierta para monitorizar los comentarios y la actividad en general.
  • Facebook: por la misma razón que Google +, y fundamentalmente porque combina mi página, de uso profesional relacionado con el blog, y mi perfil, de uso personal para saber qué hacen mi familia y amigos.
  • Twitter: dos pestañas permanentemente abiertas, una con mi Timeline y otra con Connect. Tras muchas aplicaciones probadas, cuando estoy en el ordenador sigo utilizando Twitter en la web.
  • Fitbit: desde hace pocas semanas. Com tengo que abrirla cada vez que como algo, hago ejercicio o bebo agua (soy un desastre de memoria y si no lo apunto rápido, me olvido), se queda abierta todo el tiempo.

Obviamente, se trata de mis circunstancias personales, no es lógico pensar que ese tipo de pautas apliquen a un usuario de otro tipo y con otros condicionantes. Pero me resulta muy interesante pensar en la categorización de usuarios que puede hacerse en función no de las páginas en las que entran, sino de las páginas de las que no salen.

¿Seguís pautas similares aplicadas a otras páginas? ¿Experimentáis un crecimiento del número de pestañas que permanecen fijas en vuestro navegador?

Fitbit: tres semanas y siete kilos menos después…

Escrito a las 10:06 am
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Por principio, jamás comprometo una entrada en el blog a cambio de recibir un producto determinado, pero no renuncio a publicar sobre ello cuando el uso de dicho producto me sorprende o me provoca algún tipo de reflexión que considero interesante compartir. Cuando a principios de mayo me contactaron de una empresa de comunicación para invitarme al evento de lanzamiento de Fitbit, al que no pude ir, comenté que había estado escribiendo acerca de la tendencia del quantified self y que me interesaba probar el producto, y amablemente me enviaron uno. Desde el día que lo recibí, el 22 de mayo, ese cacharrito con forma de clip de unos cinco centímetros y que cuesta unos cien euros ha estado acompañándome, sujeto en algún lugar de mi ropa, prácticamente todo el tiempo. Y el resultado me parece bastante interesante. También he visto otro reportaje completo e interesante de Javier Martín y Laia Reventós en El País, “El cuentapasos Fitbit“, y otro muy bueno de Javier Penalva en Xataka, “Siete días con un espía en mi bolsillo: probamos Fitbit“.

El dispositivo es la segunda generación de un cuentapasos digital con acelerómetros 3D, reloj y cronómetro, y un altímetro que mide el esfuerzo de los pasos en altitud como la subida de escaleras. Sencillo y minimalista: un botón, y una pequeña pantalla integrada donde puedes consultar en cada momento los totales del día (pasos, metros, calorías, escalones y cumplimiento de objetivos), o ir viéndolos avanzar mientras caminas. Se coordina con una base inalámbrica en la que encaja y con la que se comunica cuando estás a menos de cuatro metros de tu ordenador, con una banda de tela para llevarlo en la muñeca por la noche, y con una página muy completa en la que recoge y reporta las actividades.

La sensación, una vez que empiezas a llevarlo, es de control total. Imagino que habrá quien llegue a obsesionarse con ello, mi caso ha sido más el de tratar de probarlo con cierto rigor mientras aprovechaba para quitarme algo de peso que decididamente me sobraba, pero sin perderme la ocasión de probar una comida o hacer algo que me guste. Sin embargo, una cosa es tratar de perder peso o de mantenerte sano sin más, y otra hacerlo contando con una retroalimentación constante y precisa que funciona como estímulo positivo.

¿Qué partes me han encantado? La parte de alimentación. La posibilidad de introducir lo que comes y bebes a lo largo del día y ver cómo tu evolución del balance calórico contribuye a tus objetivos establecidos de pérdida o mantenimiento de peso. Me marqué un objetivo agresivo, bajar algo más de nueve kilos antes de mediados de julio, y parece que por el momento voy bastante bien encaminado. Además, Fitbit tiene un módulo social para ver la evolución de aquellos amigos con los que quieras compartirlo, y se comunica con otras aplicaciones, como Endomondo, que puedes usar para hacer seguimiento de tus actividades deportivas. En mi caso, el uso de Fitbit me estimuló para volver a salir a caminar (camino muy rápido pero no corro, porque tiendo a romperme por diferentes sitios, fruto del tiempo… que hace que nací, me temo). La introducción de alimentos no es perfecta porque aún tiene la base de datos de alimentos norteamericanos, pero dado que viví cuatro años allí y en una época en la que me cuidaba bastante y miraba habitualmente las etiquetas, no me supone demasiado problema encontrar un producto similar al que busco. También se puede introducir el producto y los datos de su etiqueta, cómodo para aquellos alimentos que consumas regularmente. A partir de ahí, puedes ver a lo largo del día la evolución de tu ingesta frente a tu gasto calórico, además de muchas variables más. El reporting de actividad es completísimo y buenísimo, una combinación de simplicidad y compleción verdaderamente bien hecha. La parte de sueño es, cuando menos, interesante porque mide la actividad durante la noche y la calidad del sueño mediante un cronómetro que activas al meterte en la cama y desactivas al levantarte, aunque en mi caso no me dijo nada que no supiese: que duermo muy poco pero de manera absolutamente eficiente, siempre por encima del 98% de aprovechamiento.

¿Qué no me ha gustado? La base inalámbrica me parece un cacharro inútil e incómodo. Si quiero sincronizar el Fitbit durante el día, tengo que llevármela en un bolsillo, algo decididamente poco conveniente cuando llevas una vida muy movida. Espero que en la siguiente versión incorporen un módulo de comunicación que permita su sincronización directa con un ordenador o con un teléfono móvil, en lugar de un periférico adicional. La sincronización con otras aplicaciones, en algunos casos, origina una duplicación de la actividad que hay que tener en cuenta y descontar manualmente. Molestias, en cualquier caso, no especialmente graves considerando la propuesta de valor del cacharrito.

La palabra que define la experiencia es una muy clara en mayúsculas y negrita: CONTROL. Sensación de control total sobre las variables que decidas controlar de cara a tu objetivo o a tu mera curiosidad. Puedes introducir datos como peso y porcentaje de grasa (tengo desde hace bastantes años una báscula Tanita que me los da, o puedes adquirir una báscula WiFi de Fitbit, Aria, que cuesta unos 120 € y se coordina con el sistema), así como presión arterial, frecuencia cardíaca, medidas corporales, índice de glucosa, o hasta definir tus propios índices. Que este nivel de control lleve a algunos a convertirse en auténticos control-freaks o a caer en situaciones poco recomendables como el ayuno temporal, no lo sé. Pero utilizado con el adecuado nivel de pragmatismo, a mí me está encantando. Si estoy en casa, mantengo obviamente hábitos más controlados y regulares. Si estoy fuera, como este fin de semana, procuro cortarme un poco en las cantidades o alimentos que ingiero, y llevar registro de mi actividad, que dada la tendencia de mi mujer a batir récords de caminata por aquellas ciudades que no conocía, no me supone una gran diferencia con respecto a los seis o siete kilómetros que camino habitualmente. En cuanto al objetivo de pisos subidos, llevo muchos años evitando los ascensores dentro de lo razonable, así que lo cuadruplico fácilmente todos los días.

No me he separado del Fitbit ni un momento salvo para ducharme (no se puede mojar), he pasado con él prendido en el cinturón hasta los controles de los aeropuertos (no pita en el arco detector) y me he acostumbrado a dejarlo cargando en su base cuando estoy un rato delante del ordenador, aunque la batería da la impresión de durar eternamente (no lo he visto descargado más de un 70% en ningún momento). En resumen, un “quantified self” sencillo, de uso agradable, y con unas posibilidades que me han parecido impresionantes. Para mí, una “operación bikini” que me ha llegado justo en el momento perfecto del año :-) y, más importante, una sensación de haberme habituado fácilmente a un nivel de control que me gustaría seguir manteniendo a partir de ahora. Lo que dicen que es verdaderamente bueno: no ponerte a régimen, sino hacer cambios razonables en tu estilo de vida. Una experiencia verdaderamente positiva. Seguiremos informando.

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