El Blog de Enrique Dans

Modelos sostenibles para la creatividad en la era digital

Escrito a las 9:50 am
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Tras cuatro meses de trabajo, el FCForum publica hoy una Declaración y un Manual sobre modelos sostenibles para la creatividad en la era digital, dos documentos que apoyo con mi adhesión de manera entusiasta y que representan una interesantísima base sobre la que tratar modelos para el desarrollo de la cultura que ya funcionan o que podrían perfectamente funcionar de manera operativa. Una demostración práctica de que aunque determinados empresarios y políticos se empeñen en sostener ideas apocalípticas y en sostener lo insostenible, existen múltiples alternativas para el desarrollo de la cultura en un entorno digital, y que puede además llevarse a cabo mediante sistemas que no generen injusticias ni recortes de derechos fundamentales. Que puede crearse cultura y vivir de la creación cultural sin insultar a los usuarios, sin perseguirlos, sin buscar el miedo, sin negociar turbias prebendas con los políticos de turno.

Atención a los ocho principios básicos para la creatividad sostenible:

  1. La reconversión de las industrias culturales no es solo necesario sino también inevitable.
  2. Nunca se ha creado ni ha circulado tanta cultura como en la era digital. En este contexto, compartir demuestra ser esencial para la divulgación de la cultura.
  3. Los beneficios que defienden los grupos de presión de las industrias culturales se basan en la producción artificial de escasez.
  4. Es necesario reconocer las habilidades y las contribuciones de todos los agentes del ámbito cultural, no sólo las del productor.
  5. El contexto digital beneficia tanto a los creadores y emprendedores como a la sociedad civil. Los modelos deseables hacen que sea más fácil para los usuarios, los consumidores y los productores relacionarse entre ellos. El papel de los intermediarios tiene que ser revisado según el prisma de una idea de colaboración.
  6. Internet es una herramienta esencial para establecer el contacto entre los creadores y el público. Esta es una de las razones por las que es necesario garantizar el libre acceso a Internet para todos.
  7. Los gobiernos que no promueven las nuevas formas de creación y difusión de la cultura están generando pérdidas para la sociedad y destruyendo su diversidad cultural.
  8. Como ha puesto de manifiesto el caso de Software Libre, la producción y distribución entre pares no es incompatible con las estrategias de mercado y la distribución comercial.

Esto es lo que los políticos, lobbies y multinacionales del copyright no quieren que veas escrito en un papel. Los modelos cuya existencia se niegan a aceptar, los que descalificarán cien veces de manera persistente, los que no encajan con su distorsionada visión de la realidad.

El FCForum es una plataforma internacional impulsada por La-EX.net (antes EXGAE), que reúne cada año a organizaciones clave y voces activas en el ámbito de la cultura libre para crear y coordinar un marco global de acción. El texto que se publica hoy es el resultado del encuentro de 150 organizaciones en octubre de 2010. Editado por La-EX, YProductions y Mayo Fuster Morell, aporta un análisis de cada sector y la descripción detallada de los nuevos modelos operantes y posibles, y defiende que el modelo actual de copyright es contraproducente, y la reconversión del sector cultural es inevitable y necesaria: hay que acabar con los monopolios creados por algunas entidades y corporaciones para su propio beneficio, en muchos casos con la complicidad activa del gobierno. Compartir e intercambiar ideas tiene una importancia central en la cultura, y debemos ampliar los esfuerzos institucionales para apoyarlo. Es necesario e importante que la gente (en un sentido mucho más amplio del que se ha considerado hasta ahora) sea compensada socialmente por su valioso esfuerzo creativo. Además alerta de que el acuerdo del que se habla en los pasillos de ministerios y telecos para ampliar el canon digital a la propia conexión a internet es absolutamente inaceptable en las condiciones actuales y será rechazado por la sociedad civil.

El documento, que sigue recogiendo adhesiones, se publica firmado por más de cuarenta organizaciones y especialistas nacionales e internacionales tales como Electronic Frontier Foundation, P2P Foundation, La Quadrature du Net, Consumers International, Red SOStenible, Ricardo Galli, el abogado Carlos Sánchez Almeida, Creative Commons España y Alemania, y muchos otros, entre los que me incluyo. Invitamos a la ciudadanía, a los reformadores políticos y a las instituciones a seguir la discusión sobre nuevos modelos sostenibles para la creatividad en un espacio de debate online que ha sido creado expresamente.

Si te interesa participar escribe a: info@fcforum.net . Y recuerda: no es que no existan modelos de negocio para la cultura… lo que no existe es voluntad para encontrarlos. No te creas cuentos de viejas e historias apocalípticas, y no des tu apoyo a quienes han dado la espalda a los ciudadanos y al desarrollo de modelos alternativos para seguir tristemente intentando sostener lo insostenible. Recuerda: #nolesvotes.

(Comunicado parcialmente reproducido de La-EX.net)

¿Justicia ciega? Los tribunales en la era de la web social

Escrito a las 12:40 pm
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Una muy buena entrada en GigaOM, How social media is pushing the limits of legal ethics, me recuerda algunos temas sobre los que ya escribí anteriormente acerca de la delicada e interesantísima interfaz entre justicia y tecnología, o más concretamente, sobre cómo la función de impartir justicia puede adaptarse a los tiempos de la web social. Un tema sin duda caliente sobre el que deberían ir documentándose jueces, fiscales y abogados, porque resulta evidente que sus consecuencias ya están aquí. En Estados Unidos, la American Bar Association ya desarrolló el pasado día 22 de febrero una jornada titulada Public understanding of the Courts in the age of new media dedicada a discutir el tratamiento de estos asuntos.

¿Cómo manejar, por ejemplo, lo que ocurre en un jurado cuando un número creciente de sus miembros recurren a un uso de redes sociales como Twitter o Facebook, que para ellos resulta absolutamente cotidiano e inocente? Según la teoría, los participantes en un jurado deben abstenerse de discutir con nadie los detalles del caso, consultar fuentes externas o hacer investigación independiente de ningún tipo. ¿Qué hacer si una persona seleccionada para un jurado lo comenta en redes sociales, convirtiéndose por tanto en influenciable? ¿O manifiesta puntos de vista, sesgos u opiniones que afectan a su capacidad de actuación como miembro de dicho jurado? ¿Y si recibe información a través de dichas redes sociales que puede afectar al veredicto y la pone en conocimiento de otros miembros del jurado? ¿Es viable aislar completamente a todo jurado y desposeerlos de todos sus dispositivos de comunicación para evitar todo contacto con el exterior?

Pero la cosa va bastante más allá: démosle la vuelta. ¿Y si un abogado excluye a miembros de un jurado basándose en la información que sobre éstos ha conseguido recabar usando medios sociales? ¿Si puntos de vista expuestos en tu perfil de Facebook o comentarios hechos en tu Twitter hacen que seas excluído, o al revés, incluído, o incluso utilizado para determinar una estrategia de defensa o ataque determinadas? ¿Puede convertirse el tamaño del gráfico social de un abogado o fiscal en una ventaja comparativa frente a un oponente que no tenga tal acceso? Si eres un abogado o fiscal muy popular, o con muchos amigos, puedes llegar a ver detalles de la vida, posición y opinión de posibles miembros de un jurado y utilizarlos para determinar un jurado más propicio o durante el desarrollo del juicio, simplemente porque son “amigos de un amigo”… ¿Hasta qué punto puede llevarse este tema en un mundo caracterizado por una transparencia y pérdida de privacidad cada vez mayores?

¿Y la actividad en redes sociales? ¿Puede el acceso de un abogado o fiscal a un checkin de Foursquare, a un update de Twitter o a un comentario en tu muro de Facebook determinar el desarrollo de un juicio? Obviamente, su uso como parte de una investigación, con los permisos y garantías judiciales adecuadas, está convenientemente regulado, pero ¿y si se desarrolla de manera unilateral y basándose en factores derivados de la asimetría de la participación de los letrados en dichas redes sociales? ¿Y los jueces? ¿Pueden estar en una red social y tener como amigos o “amigos de amigos” a abogados o fiscales que participen en casos que están juzgando? ¿Qué pasa con esa comunicación si de alguna manera toca aspectos que puedan influir en el caso objeto de juicio, o expone sesgos que puedan ser utilizados como parte de una estrategia?

En el fondo, nada diferente de lo que lleva tiempo ocurriendo con otros medios y modos de comunicación: ¿puede un programa de televisión, aprovechando su popularidad e influencia, convertirse en un factor fundamental a la hora de obtener una confesión de un testigo en un juicio? ¿Cómo debe tratarse dicha información? Obviamente, en este punto, muchísimas más preguntas que respuestas. Pero muchas de esas posibles respuestas se adivinan interesantes, y demandan discusión y doctrina, antes de que las consecuencias de un uso potencialmente indebido de estos factores haga que nos cuestionemos si la venda que tapa los ojos de la Justicia continúa convenientemente puesta en su lugar…

Más sobre la batalla de las apps

Escrito a las 2:31 am
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Más factores interesantes a considerar en esa “batalla de las apps” tan determinante en la competencia del segmento smartphone, y sobre la que he escrito ya algunas entradas: la amigabilidad de los procedimientos y herramientas de programación.

Llego a este impresionante testimonio de Jamie Murai, You win, RIM! (an open letter to RIM’s Developer Relations), que sin duda explica muchas de las cosas que se esconden detrás del escaso desarrollo de la tienda de aplicaciones de RIM (poco más de veinte mil apps) frente a la de Apple (más de trescientas mil) y la de Android (más de ciento cincuenta mil): a pesar de ser Jamie un canadiense residente en Waterloo, que considera a RIM casi una parte del orgullo nacional, la empresa en la que trabajan muchos de sus amigos y la que financia la universidad local, ha terminado rindiéndose a la evidencia: desarrollar para RIM es un dolor de cabeza. La carta es sumamente interesante para quienes se hayan planteado la posibilidad de desarrollar aplicaciones para la compañía y quieran evitarse sorpresas. Seguro que todas las plataformas tienen sus historias de terror (si las conocéis o las habéis vivido, por favor, añadirlas en los comentarios). Pero ésta me ha parecido especialmente bien descrita.

Una persona con experiencia que ya había desarrollado anteriormente apps para iPhone y iPad y que ha estado en contacto con el programa de desarrollo de apps para Android, detalla un proceso insoportablemente lleno de burocracia, en el que le piden sus datos de manera repetitiva, tiene que pagar más del doble que en Apple o Android para registrarse ($200 frente a los $99 de Apple y los $25 de Google, algo difícil o imposible de explicar siendo RIM el competidor menos fuerte y que debería tener más interés en atraer a programadores), leer términos y condiciones increíblemente largos, y enfrentarse a instalaciones de herramientas llenas de problemas, poco amigables, y sumamente complejas.

¿La explicación? La cultura de plataforma no ha llegado a calar aún en la compañía. Persiste la que había cuando RIM era “la vedette del cabarette”, cuando los programadores hacían cola para solicitar permiso para desarrollar herramientas, cuando las licencias de las herramientas de desarrollo se podían cobrar carísimas, cuando no había que competir porque en su segmento era líder absoluto, cuando no se vivía en la economía de la abundancia, sino en la economía de la escasez. Un entorno al que sus competidores, Apple primero y Android después, han dado completamente la vuelta. Unos tiempos que no volverán. Y unas pilas que está costando ponerse.

Fe de erratas de “Todo va a cambiar” en Cinco Días

Escrito a las 12:14 pm
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A la izquierda, la fe de erratas que Cinco Días publicará con respecto a la edición de mi libro, “Todo va a cambiar“, al que por error atribuyeron el mismo tipo de licencia de copyright estricto que tenía el resto de los libros de la colección “Los mejores libros del management 2.0“. En realidad, el libro lleva una licencia Creative Commons Reconocimiento NoComercial Compartir Igual 3.0 España.

La línea roja es cosa mía. El error no tiene más importancia que la que tiene: es eso, un simple error derivado de seguir una costumbre implantada durante muchos años, esa que dice que “los libros tienen copyright”. Ni más ni menos que las resistencias y molestias derivadas de hacer las cosas de forma diferente.

Si tenéis esa edición, ya sabéis: la información que aparece en la cuarta página, esa que “prohibe rigurosamente la reproducción” y amenaza con “sanciones”, es un error, y podéis hacer caso omiso de la misma. Mi agradecimiento a mi editor por todas las gestiones necesarias para subsanar el error, y a Cinco Días por la rectificación del mismo. El libro se entregará con el periódico en Cataluña, Andalucía, Galicia y Baleares el próximo día 26 de marzo (con el mismo error por formar parte de la misma tirada de impresión). Si alguien quiso conseguirlo en el quiosco el pasado día 29 de enero y no pudo, o se queda sin él el próximo día 26 de marzo, puede solicitarlo en el teléfono 902 99 65 05.

Probando el Cr-48

Escrito a las 11:37 am
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Ayer tuve la oportunidad de probar durante un rato el Cr-48, el prototipo de portátil con Chrome OS que Google envió para su evaluación a un grupo de usuarios entre los que se encontraba un amigo y coautor mío. Su participación en el grupo de evaluación es completamente casual, al azar: simplemente rellenó el formulario de solicitud de Google, y recibió el portátil por mensajero al cabo de unos días, sin más. He subido tres fotos del equipo a Flickr.

Un portátil negro, sin ningún tipo de marca, identificación, logotipo o etiqueta, con estética que recuerda al MacBook negro de policarbonato de Apple tanto en la forma como en el diseño del teclado y del trackpad. El teclado tiene algunas novedades: carece de tecla CapsLock (sí, esa que probablemente has querido arrancar en numerosas ocasiones), y tampoco tiene teclas de función, sustituidas por tareas como el cambio entre ventanas, avance o retroceso del navegador, recarga de página, etc. El trackpad funciona prácticamente igual que el último de Apple: sin botones, con gesto de dos dedos para scroll vertical, aunque sin uso de gestos adicionales como el ampliar/encoger, etc.

La sensación es perfectamente amigable. El encendido al abrir la tapa del portátil es prácticamente instantáneo. Arrancas, y te ofrece la posibilidad de autenticarte con alguna de las sesiones preexistentes, o bien crear la tuya. La creación de la tuya activa inmediatamente la cámara para que te hagas una foto que identifique la sesión, te pide tu usuario y contraseña de Google, y abre el navegador, en el que, si eres usuario de Chrome como es mi caso, tienes ya automáticamente en pantalla tu acceso a tus favoritos, tus barras de herramientas con tus teclas, tus nombres de usuario en las páginas que frecuentas, etc. Sensación de “es tu portátil”, aunque sea el de un amigo. Si utilizas además recursos en la red como Google Bookmarks, Reader, Docs, Dropbox, etc., compruebas que tienes prácticamente todo lo que necesitas en tu mano en una máquina que casi acabas de tocar por primera vez. Supongo que a alguien con menos tradición de uso de algunas de estas herramientas la experiencia le resultará algo más compleja: en mi caso, fue verdaderamente como una seda.

Algunos detalles más: la máquina tiene también un puerto USB, uno VGA, y una ranura para tarjetas SD. El puerto USB tal y como viene permite conectar un ratón, pero poco más. Para conectar otros elementos hay que activar funciones experimentales. Además, tiene una unidad interna de almacenamiento de estado sólido, aunque no fui capaz de saber su tamaño. Y viene con una suscripción de conectividad de regalo a Verizon de 100MB al mes, aunque según mi amigo se acaban en seguida, casi en una tarde, tras lo que te ofrece un plan de datos si introduces tu tarjeta de crédito.

Algo decepcionante la integración de la conectividad: esperaba una solución más agresiva, en la que directamente saltase la conexión GPRS o 3G en cuanto no estuviese disponible la WiFi, y que pasase a almacenamiento local (Gears) si se quedaba sin conexión. En un portátil con este planteamiento, quiero quitarme de la cabeza el tema de la conectividad todo lo posible. Imagino que esto está en el horizonte, pero en este desarrollo que probé no estaba integrado en absoluto: he tenido instalaciones de Gears que manejaban este tipo de situaciones de interrupción de la conectividad de manera más elegante que este portátil, y la sensación de encontrarte un mensaje de “no tienes conexión (y por tanto fastídiate hasta que la vuelvas a tener)” es precisamente uno de los enemigos contra los que Google tiene que luchar.

He encontrado análisis interesantes del Cr-48 a diferentes niveles aquíaquí, tened en cuenta que el mío fue un contacto de poco más de quince minutos. En cualquier caso, una experiencia interesante ver la integración del tema en una máquina física, el diseño de interfaz, los experimentos y un cierto avance del tipo de máquinas que estoy seguro estaremos utilizando muchos en no demasiado tiempo.

Ecosistema app, en mi columna de Expansión

Escrito a las 9:28 am
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Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Ecosistema app” (ver en pdf), e intenta dar algunas claves de la que para mí es seguramente la variable competitiva más importante en el segmento smartphone – y posiblemente en alguno más.

Grabando de la radio

Escrito a las 9:31 am
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Algunos seguro que recordáis aquella época en la que nos apostábamos con el dedo preparado en la tecla Rec del radiocassette para pillar en la radio el momento justo en que se anunciaba nuestra canción favorita y el pesado del locutor de turno dejaba de pisarla. ¿Pasaba algo? Además de aquella estúpida campaña de Home taping is killing music que a España prácticamente ni llegó, no tenías ni el más mínimo problema, ni remordimiento, ni sensación de estar haciendo nada malo… obviamente, porque no estabas haciendo nada malo.

Ahora, en pleno 2011, Michael Robertson, la persona que ya irritó poderosamente a la industria de la música en 1997 con el lanzamiento de MP3.com y en 2007 con MP3Tunes.com, lanza un nuevo servicio, de nombre DAR.fm (Digital Audio Recorder), con la idea de hacer lo mismo que hacíamos con el radiocassette, pero en digital. La noticia la he leído en GigaOM y en Business Week, y es de una lógica aplastante: con más de diez mil radios solo en los Estados Unidos emitiendo música digital en la red a todas horas, conseguir la música que quieres es tan sencillo como pedir a una aplicación que escuche y grabe en un espacio destinado a tal efecto en la nube.

La radio tiene el problema de que si no estás escuchándola justo en el momento adecuado, te pierdes lo que querías escuchar. Lógica aplastante: grábala. Y hazlo en un espacio personal en la red al que puedas acceder desde donde quieras, desde cualquier dispositivo con conexión. Grabaciones para uso estrictamente personal, como los cassettes de antes, obtenidas de la radio. Tiene un identificador de canciones individuales en una grabación, una aplicación que te permite descargarlas a cualquier dispositivo, y hasta un recomendador que, según escuchas canciones de tu repositorio, te ofrece otras parecidas. ¿Modelo de negocio? El lógico: almacenamiento. Dos GB gratuitos para empezar, y si quieres más, servicio premium. ¿Algún problema?

Por supuesto, para una industria de la música que se niega a aceptar que ya no vive en la era de la escasez sino en la era de la abundancia ilimitada, el invento de Robertson supone un problema. De hecho, supone el enésimo hueco por el que ven escurrirse su insostenible y absurdo modelo de negocio. ¿Batalla legal? Posiblemente, pero en eso, Robertson tiene también su experiencia, sus cicatrices y sus batallas ganadas, y parece complicado que un juez impida que hagas algo que tiene un precedente tan sumamente arraigado como el hacer grabaciones personales… Afrontémoslo: el modelo hace aguas por todas partes. ¿Nos dejamos de estupideces y planteamos su obviamente necesaria reconversión?

Lo que la ley Sinde esconde

Escrito a las 2:44 pm
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El informe de la Comisión Nacional de la Competencia sobre las entidades de gestión de derechos de la propiedad intelectual en España es sin duda uno de los documentos más lúcidos que se han producido sobre el tema, y uno de los que generaron más reacciones encendidas de las entidades de gestión: en un solo día, crearon una asociación (una más) con un eurodiputado al frente para hacer lobby y defender sus intereses, y solicitaron la reprobación del presidente de dicha Comisión acusándolo de “oportunismo, falta de rigor, manejar datos inciertos y absoluta parcialidad”.

Detrás de ese informe se esconde el verdadero espíritu de la ley Sinde: una ley que, impulsada por una persona procedente de las entidades de gestión y a la que éstas auparon al frente del ministerio de Cultura, tiene como principal razón de ser prolongar el mayor tiempo posible el monopolio absoluto y omnímodo que dichas sociedades ostentan sobre la creación cultural en nuestro país, un monopolio en el que colaboran de manera entusiasta los políticos de PSOE, PP y CiU. Lo que Rick Falkvinge llama magistralmente Nothing new under the copyright-eclipsed sun.

Datos: veamos el ejemplo de una empresa de nueva creación – cuyo nombre obviamente debo ocultar – que monta un pequeño estudio de grabación y pequeño sello discográfico. ¿Qué recibe como contestación? Que su disco jamás sonará en ninguna emisora de radio de España si no cede los derechos (todos los derechos, incluyendo ahora los de los conciertos en directo, aunque ellos no lleven el management ni desempeñen trabajo real alguno) porque no tiene forma posible de ingresar en Promusicae y, de esta forma, acceder a ofrecer sus contenidos a la red RitmoNet. No hay ninguna posibilidad. Si la encuentras, te dicen, “es ilegal y os perseguiremos”.

¿Qué es RitmoNet? “R.i.t.m.o.” corresponde al acrónimo Red Interactiva de Transmisión de Música Online, y es, según su misma página define, “el sistema de distribución digital, a través de Internet, de contenidos promocionales de los productores de música, para las emisoras de radio, televisión y prensa especializada”. ¿No os habéis preguntado nunca de dónde sale la música que escucháis en la radio, en una época en la que las ventas de plástico ya no representan en modo alguno una medida válida de popularidad? En realidad, esas listas siempre han estado manipuladas: jamás pretendieron reflejar las ventas, sino lo que se quiere que venda. Su control, manipulación y explotación ofrecen enormes réditos económicos, y está detrás de los beneficios de las grandes discográficas. El truco es claro: si quieres distribuir tu música en RitmoNet para llegar a las emisoras de radio, tienes que ser socio de Promusicae. Es Promusicae quien se encarga de pagar los derechos de autor para las radios, que programan exclusivamente música a través de esta plataforma. ¿Qué consiguen con eso? Que la inmensa mayoría de radios, simplemente, no programen ni una sola canción que no esté en RitmoNet, porque se sale del presupuesto. Queda prohibido tajantemente por los directores de las emisoras a todos los presentadores utilizar música que no esté en RitmoNet.

Para redondearlo, RitmoNet no es un servicio que puedas contratar o pagar de ninguna manera, hay que estar en Promusicae. Pero solo puedes ser socio de Promusicae cuando tengas muchas referencias editadas y tu facturación con SGAE sea elevadísima. La solución, claro, es ceder tus derechos a un socio de Promusicae. Una sociedad que con la ley Sinde pretende, simplemente, perpetuar su monopolio ahora en la red, con iniciativas demenciales en Flash como “elportaldemusica.es“, que financiamos todos y del que hablamos hace tiempo.

Así se edifica y se perpetúa un monopolio anticompetitivo que permite mantener el negocio de las discográficas funcionando en pleno siglo XXI como si nada hubiese cambiado desde el XX. Si una discográfica pretende hacer otras cosas, ser más proactiva de cara a la red, etc., se encontrará con la imposibilidad de llegar a unos canales que las entidades de gestión controlan de manera férrea. Y no es el único ejemplo: ¿qué lleva a que sea tan difícil lanzar iniciativas que permitan distribuir películas en la red, si muchos directores y productores se muestran interesados en considerar Internet, como dice Álex de la Iglesia, no el futuro sino el presente? Sencillamente, que hay que negociar con EGEDA. Y que negociar con EGEDA es tan duro como lo es negociar con quien es el único con el que se puede negociar. Es lo que se llama un “tragala”: sólo existimos nosotros, y sin nosotros no eres nada, por tanto, firma aquí. Si lo que te piden a cambio no permite que seas rentable, qué le vamos a hacer… no lanzarás, o no vendrás a España (como es el caso de Netflix, pretendidamente disfrazado como “no vienen a España por la elevada piratería”… ¡mentira!: ¡no vienen a España por el abusivo precio de los derechos de autor!)

Además, no dejemos de considerar los síntomas más obvios y evidentes de la definición de un monopolio sujeto a prácticas predatorias: uno en el que el competidor principal – en este caso, el único, por decisión política – controla además los canales de distribución y otros medios que imposibilitan o dificultan en grado sumo la competencia. ¿Qué ocurre en el caso de EGEDA? Ah, ¿recordáis Filmotech? Es la iniciativa de distribución digital lanzada por la propia EGEDA, y financiada en gran medida con dinero publico. ¿Qué le interesa a EGEDA? Sencillamente, que Filmotech tenga cuanta menos competencia, mejor. Controlar completamente el mercado exhibidor en la red. De ahí la suma y exhaustiva dificultad que encuentran aquellos emprendedores que pretenden lanzarse a ese negocio. Y de ahí, por supuesto, las descargas: si no se permite la creación de un mercado competitivo, y las alternativas son únicamente las que provienen de una sociedad que de manera reiterada insulta y descalifica a los usuarios, los usuarios deciden descargarse sus contenidos al margen de dichas iniciativas. Y ahora, tras la ley Sinde, lo hacen además en muchos casos como un acto de militancia.

Eso, y nada más que eso, es lo que se esconde detrás de la ley Sinde. Una ley que esconde detrás la preservación por encima de todo de un monopolio predatorio, denunciado por un informe de una Comisión estatal, un informe serio que ahora acumula polvo en algún cajón. Cuando te plantees si las descargas son un problema o si haces bien o mal en descargar, aparta de ti falsos dilemas morales: lo que está detrás de la ley Sinde es esto. Así de sucio. Así de siniestro. Y para PSOE, PP y CiU, así de natural.

No lo olvides: nolesvotes.

Hablando sobre el 23F, en LaInformación

Escrito a las 10:53 am
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Borja Ventura me pidió un párrafo para LaInformación.com con mis recuerdos quinceañeros sobre el intento de golpe del 23 de Febrero de 1981, del que se cumplen hoy treinta años, y lo ha publicado junto con otros testimonios similares bajo el título “Así vivieron el 23-F Llamazares, Michel, Matías Prats, Julio Alonso…

Esta guerra la deciden los programadores

Escrito a las 1:18 pm
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La semana pasada, dediqué una entrada y una columna en prensa a hablar de la reciente alianza entre Nokia y Microsoft, en la que hablaba de un ecosistema de terminales móviles que se había configurado fundamentalmente alrededor de dos plataformas, una perteneciente a un solo fabricante, Apple, y la otra conformada en torno a un sistema operativo de Google, Android, pero integrada por un grupo numeroso de empresas como HTC, LG, Motorola, Samsung y muchos más. En mi análisis, dejaba de lado a un competidor, RIM, que fabrica precisamente los dispositivos que he llevado mayoritariamente en el bolsillo los últimos años, y con quien me unen muy buenas relaciones. Pero obviamente, no lo hacía por casualidad.

La evolución de las cuotas de mercado de cada plataforma están disponibles públicamente. Por supuesto que RIM no es un fabricante que deba ser ignorado: aunque descendente, aún ostenta una cuota muy importante (14.4%; frente a un 16% de Apple, 30.6% de Nokia y 32.9% de Android), y ha demostrado un gran dinamismo a la hora de activar segmentos de población que nadie suponía afines a su mercado natural, segmentos que podrían darle una buena proyección de futuro si consiguiese fidelizarlos adecuadamente (suponiendo que la fidelidad sea un atributo válido en este mercado). Sin embargo, mi impresión, refrendada por la evolución descendente de la cuota de mercado en los últimos trimestres, es que esta guerra no la deciden precisamente los usuarios, los fabricantes de dispositivos o las operadoras, sino los programadores de aplicaciones.

Me explico: para mí, usuario fiel de dispositivos de RIM desde hace años, su hardware tiene difícil discusión. Nunca me he sentido tan cómodo con un terminal como con una BlackBerry, y eso que he dado oportunidades serias a muchos otros. El teclado físico es para mí algo casi sacrosanto, jamás he conseguido la misma productividad con un teclado virtual, y el sistema operativo, con sus sucesivas mejoras, es perfectamente comparable en prestaciones a otros, teniendo en cuenta lo que demandamos de un sistema operativo en un terminal móvil. ¿Dónde está, por tanto, la diferencia, y lo que se aproxima a tentarme a cambiar de terminal a pesar de estar enormemente acostumbrado a los de RIM? La respuesta es muy clara: las aplicaciones. Cada vez me encuentro un número mayor de aplicaciones que únicamente desarrollan versión para BlackBerry App World tras un largo tiempo de disponibilidad en la App Store de Apple o en el Android Market, o directamente no lo hacen. Cada vez me ocurre más a menudo querer utilizar una app que un amigo me enseña en su iPhone o Android, y que simplemente no sea una opción posible para mí en mi BlackBerry.

El dimensionamiento de las distintas tiendas de aplicaciones, convertidas ya en piedra angular de la competencia entre plataformas, habla por sí mismo: frente a las más de trescientas mil apps para iPhone o las sesenta mil para iPad disponibles en la App Store de Apple, Android exhibe más de ciento cincuenta mil, mientras la BlackBerry App World supera escasamente las veinte mil. Mientras Apple, como pionera del concepto, muestra un crecimiento a estas alturas un crecimiento ya estabilizado (1% en iPhone, 10% en iPad), el Android Market exhibe un 18%, y BlackBerry un 10%. Un competidor destaca especialmente: aunque debamos tomar el número con precaución por partir de una base numéricamente pequeña, Microsoft WP7 supera a todos con un crecimiento del 30%, buena muestra de las intenciones de Redmond y de hasta qué punto ha entendido la importancia del asunto. Los porcentajes de gratuito frente a pago tampoco ayudan especialmente a la hora de incentivar la prueba en la BlackBerry App World: menos de una cuarta parte de las apps disponibles son gratuitas.

La guerra no se juega en el hardware ni en el sistema operativo, no se juega en las partes que el fabricante puede controlar directamente. La guerra se juega en las aplicaciones, en obtener el favor de los programadores, en conseguir que sea una buena propuesta de valor desarrollar para tu plataforma. Eso compone un escenario completamente distinto al que estábamos acostumbrados a medir. Y uno en el que, decididamente, el mercado a día de hoy conforma, como decía en mis dos artículos anteriores, un claro duopolio. Que RIM o que Microsoft sean capaces de situarse como competidores y alternativas a Apple o Android es algo deseable y que determinaría un escenario más plural, de mayor presión competitiva, de más innovación y mejor tanto para usuarios como para programadores. Pero a día de hoy… simplemente no están ahí.

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