El Blog de Enrique Dans

Hablando sobre metodologías educativas, en ABC

Escrito a las 9:18 am
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Inés Molina, de ABC, me llamó y mantuvimos una larga conversación acerca de metodologías educativas, de la incorporación de la tecnología, de online y blended education, del cambio de papel del profesor y de cómo herramientas como los documentos compartidos, los repositorios, los blogs o los hilos de comentarios se convierten en el canal a través del cual la educación cambia realmente de siglo: frente a tecnología para “presentar documentos bonitos” o para hacer de “calculadora con esteroides”, pasamos a la idea de tecnología como proceso, como hilo conductor del aprendizaje, como forma de gestionar una información que ya no viene en formatos cerrados, en libros de texto o en apuntes, sino que se encuentra por todas partes, a golpe de clic, y que los alumnos tienen que aprender a cualificar y a gestionar de manera eficiente.

Resulta curioso ver cómo metodologías que empezamos a aplicar a la educación online – que rápidamente dejó de percibirse como “el sustituto pobre de quienes no pueden recurrir a la presencial” para ser un producto en muchos casos incluso superior – se integran ahora cada vez más en la formación tradicional, suplementando y mejorando la interacción en el aula, y progresivamente, a todos los niveles. Obviamente, ni todas las instituciones, ni todos los profesores, ni todos los alumnos están aún ahí. Pero la dirección de la evolución está cada día más clara.

El artículo de Inés en el que recoge parte de esa conversación se publicó el pasado domingo 18, y se titula “El trabajo compartido revoluciona las aulas” (pdf). Creo que ha salido en algunos de los medios regionales del grupo Vocento.

Apple, su caja y sus consecuencias

Escrito a las 12:18 pm
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Apple ha convocado una conferencia de prensa para dentro de unas horas, a las dos de la tarde hora española (las seis de la mañana en San Francisco), con el fin de anunciar la decisión tomada con respecto a la enorme pila de cashnoventa y siete mil seiscientos millones de dólares – generada por sus operaciones. Es la respuesta a lo que muchos han llamado “la pregunta de los cien mil millones de dólares”.

Para entender la importancia de este anuncio, es preciso documentar un poco la situación. Primero, el hecho: no es habitual que las compañías acumulen cantidades tan monstruosas de dinero en efectivo. Lo habitual es que cuando las operaciones son exitosas y eso genera cantidades sustanciales de dinero, este dinero se destine a alguna partida en concreto, a la expansión, a adquisiciones, a asegurar suministros, etc. o, en último término, se reparta como dividendos a los accionistas. La idea en este caso es que los accionistas perciben valor o bien a través de la venta de sus acciones revalorizadas – absolutamente espectacular en el caso de Apple – o bien mediante dividendos, que suponen una forma de decir “aquí tienes el excedente que he generado con el dinero que me diste”. En el caso de las compañías en mercados muy dinámicos, resulta relativamente habitual que no se repartan dividendos, dado que estos se ven como una forma de decir “el mercado está maduro, voy a seguir haciendo lo mismo que ya hago, y no necesito enormes inversiones”. En el caso de Apple, la compañía ofreció dividendos sistemáticamente entre los años 1987 y 1995 cuando Steve Jobs no estaba en la compañía, y ha llevado a cabo splits de 2×1 en 1987, 2000 y 2005. Apple se ve sometida a una presión constante de los analistas que preguntan cuál va a ser el destino de esa enorme cantidad de dinero, y que consideran una gestión ineficiente tenerlo simplemente acumulado generando una renta de alrededor del 1%. Sin embargo, Steve Jobs nunca se mostró partidario de repartir dividendos. Si con Steve fallecido, Tim Cook, que ha declarado “no tener ninguna postura religiosa en ese sentido”, decide darlos, representaría un giro importante en la forma de gestionar la compañía.

Segundo, la magnitud. Hablamos de una enorme cantidad de dinero, mayor por ejemplo que todo el producto interior bruto de Marruecos. Un dinero que se encuentra en sus dos terceras partes fuera de los Estados Unidos, generado por las operaciones internacionales, y cuya repatriación supondría un coste fiscal de alrededor del 30%, lo que anula prácticamente algunas de las opciones que podrían tomarse. La reciente frase de Cook en una conferencia de inversores en Goldman Sachs fue “tenemos mucho más cash del que nos hace falta para gestionar la compañía en el día a día”, lo que indica claramente que algo van a hacer con ello. Además, nadie convoca una conferencia de prensa para decir que no va a hacer nada. Visto así, de hecho, podríamos incluso considerar que convocar a toda la prensa a primera hora de la mañana para anunciar simplemente “que vas a repartir dividendos” es algo que sería visto como “aburrido”, casi “decepcionante”, incluso teniendo en cuenta la enorme expectación que el tema ha generado.

Aún así, la opción de dividendos tendría varias posibilidades: la compañía podría optar por un dividendo único razonablemente elevado, o bien anunciar el establecimiento de una política regular de pago de dividendos. La primera opción parece poco probable, porque si bien sería una muestra de agradecimiento hacia los inversores, representaría una reducción de la posición de liquidez a cambio de algo que no supondría la atracción de nuevos inversores ni cambiaría la percepción de la compañía. La posibilidad de anunciar una política regular de pago de dividendos, en cambio, podría ayudar a atraer a la compañía a inversores generalmente más conservadores – sobre todo en el lado institucional – que poseen políticas de inversión restringidas a empresas con reparto de dividendos. Pero siguiendo la interpretación clásica, ver a Apple pagando dividendos tendría un cierto poso de reconocimiento de madurez de la industria que por un lado resulta no demasiado realista con los vaivenes que vivimos habitualmente y, por otro, que no resulta demasiado lógico en una empresa con el crecimiento que Apple ha venido sosteniendo.

Un stock split no parece probable, a pesar de los precedentes, dada la negativa de hace pocos meses. ¿Una gran adquisición? Las opciones se acumulan. Hay quien habla de la posibilidad de una adquisición o toma de posición accionarial estratégica de una gran empresa, se llega a especular nada menos que con la surcoreana Samsung, que estaría por encima en valoración total, pero que debilitaría a Android al tiempo que competiría con la reciente operación Google-Motorola (aunque tendría que pasar por su mismo infierno de escrutinio regulatorio, con todo lo que ello conlleva) y proporcionaría sinergias al asegurar el suministro en componentes como chips y pantallas, de los que Apple es gran consumidor. Sin duda, sería una adquisición que cambiaría el panorama y daría a la compañía una dimensión descomunal… pero que no tiene en este momento mucha más credibilidad que soñar despierto.

Un programa de recompra de acciones podría suponer, tal vez, la opción más creíble, aunque de nuevo estamos en el entorno de “lo aburrido”: para anunciar una recompra de acciones o un pago de dividendos, lo normal sería lanzar una nota de prensa, no una conferencia interactiva. ¿El anuncio del establecimiento de una “Fundación Apple” con propósitos filantrópicos, un tema por el que Cook ha mostrado una gran sensibilidad?

Como siempre en el caso de Apple, todo ahora mismo es especulación. La solución, en pocas horas. Actualizaré la entrada con las novedades.

 

ACTUALIZACIÓN: Finalmente, lo que la compañía ha anunciado es una política de dividendos a partir del cuarto trimestre del año y un programa de recompra de acciones, plan en el que invertirá unos 45 mil millones de dólares en los próximos tres años. Según declaraciones de Tim Cook, CEO de la compañía,

En los últimos años hemos utilizado nuestra liquidez para llevar a cabo grandes inversiones en nuestro negocio mediante un incremento en investigación y desarrollo, adquisiciones, nuevas aperturas de tiendas, adelantos de pagos estratégicos e inversiones de capital en nuestra cadena de suministros, y construyendo nuestra propia infraestructura. Habrá más inversiones similares en el futuro. Incluso con esas inversiones, la compañía mantiene un colchón muy saneado para posibles oportunidades estratégicas y una cantidad suficiente de liquidez para gestionar nuestro negocio.

El anuncio parece destinado a mantener el atractivo de las acciones de la compañía y dar entrada a nuevos accionistas, como fondos que tenían como regla invertir únicamente en compañías que daban dividendos. El programa supone un cambio radical con respecto a la política mantenida por Steve Jobs, justificada por la magnitud de los excedentes y por la posibilidad de mantener la flexibilidad estratégica mientras se dota de un atractivo todavía mayor a las acciones y se retribuye más a los accionistas.

Un anuncio puramente financiero, conservador, pensado claramente para mantener y hacer crecer el precio de la acción, sin ninguna concesión a cambios relevantes en el planteamiento de la compañía, pero que seguramente gustará a los mercados. Pero para muchos, un síntoma de los cambios que veremos en la época post-Jobs: una compañía más conservadora, más blue chip, menos provocadora, que prefiere pagar dividendos a invertir más en investigación, desarrollo o adquisiciones, y que tiene como objetivo fundamental estar a bien con los analistas.

Las baterías como limitante

Escrito a las 4:13 pm
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La que se anunciaba como aplicación triunfadora del SXSW de este año, Highlight, se queda en nada debido a su excesivo consumo de batería. El secreto mejor guardado del nuevo iPad que le permite ofrecer cobertura 4G durante todo el día no es ni más ni menos que una batería descomunal que incrementa su grosor y su peso. Aparecen cargadores humanos caminantes, y se habla de que el verdadero triunfador del SXSW es una batería tipo mochila/funda de cien dólares para el iPhone, la Mophie, que promete duplicar su tiempo útil.

Sin duda, estamos alcanzando un límite. Una tecnología aparentemente básica, que se convierte en factor limitante de todo lo que viene detrás. Los algoritmos de consumo de batería de las aplicaciones, en muchos casos – no en todos – están ya optimizados hasta el límite. Lo que hace pocos años era un caso aislado, tener que andar buscando enchufes por aeropuertos o una mesa en un restaurante cerca de un enchufe, se convierte en algo cada día más habitual. En la organización de eventos, las tomas de enchufe se ven como un requisito cada día más fundamental. Hace mucho tiempo que uno de mis criterios para escoger un terminal es la posibilidad de obtener baterías adicionales: en un hipotético “bolsillos fuera”, siempre me encontrarás una batería adicional, cuando no dos (una para la cámara). Si viajo en AVE, me llevo sistemáticamente un cargador para evitar el stress al que la constante búsqueda de estación somete a las baterías, que hacen que salgas del tren ya bajo mínimos y que se convierta en imposible llegar con mínimas garantías al final del día. Mi hija se lleva en el bolso un pack de batería suplementario de  APC, veteranos en estas lides, con su cable USB que le permite hacer una recarga completa en cualquier momento del día.Y hay otras soluciones de ese tipo.

A medida que el smartphone adquiere funciones adicionales, como la de monedero, la cosa solo puede ir a peor.

Trece años después, aún no existe un servicio mejor que Napster

Escrito a las 1:53 pm
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Sean Parker, cofundador de Napster con Shawn Fanning, hizo una presentación en SXSW, y pronunció una frase claramente reveladora: que el Napster de hace trece años es todavía claramente superior a ningún servicio de música desarrollado bajo la aprobación de la industria a día de hoy.

Me acuerdo como si fuera ayer: yo todavía utilizaba internet con un módem de 56K, tenía el detalle de que mi conexión a internet corría por cuenta de UCLA, y mi tarifa telefónica era plana. Y alucinaba con que una herramienta tan simple permitiese buscar música en el catálogo más grande de la historia (no solo una canción, sino innumerables versiones de la misma), acceder a lo buscado de manera razonablemente rápida para las conexiones que había entonces, y chatear con otros usuarios. Lo encontraba todo, incluso lo que la industria tenía completamente descatalogado e inaccesible. La sensación de vivir el nacimiento de Napster desde California fue alucinante, una auténtica revolución mental, un claro presagio del valor que la red podía aportar a todo. Mirad atrás: ¿qué recuerdos y qué anécdotas guardáis vosotros de la época de Napster?

En trece años de evolución, con conexiones infinitamente más rápidas y que funcionan permanentemente, con sistemas mucho más evolucionados y con protocolos más eficientes, una industria de los contenidos caracterizada por su absoluto inmovilismo ha sido completamente incapaz de construir o contribuir a nada que iguale a Napster. Triste, tristísimo, lo que un hecho así dice de la industria de los contenidos. Lo único que ha hecho es quejarse, intentar construir barreras y DRMs inútiles, hacer lobby, mentir, insultar y dificultar el avance de la tecnología. “La música morirá”, nos decían… ¿no les da vergüenza mirarse en el espejo de la historia? Todavía hoy, las opciones que consiguen ser mínimamente competitivas con respecto a Napster – que no mejores – como iTunes, Spotify, etc., lo consiguen claramente a pesar de las restricciones que les impone una industria que sigue negando la realidad, intentando sostener lo insostenible, y con la cabeza en la década de los noventa.

¿Qué habría pasado si la industria de los contenidos hubiese reaccionado a la irrupción de Napster viéndolo como un ejemplo de eficiencia y como una muestra de las posibilidades que ofrecía la red? Fantaseemos por un instante: ¿qué tipo de herramientas tendríamos ahora si la industria se hubiese lanzado a colaborar en su desarrollo en lugar de enrocarse en el mantenimiento de sus sistemas? ¿Alguien cree de verdad que la música estaría peor que como está ahora, tras trece años de estupidez, de insultos a los usuarios, de millones de dólares enterrados en lobbying, de cerrazón, de enfrentamiento y de guerra sucia?

¿Problema de comunicación intermitente? Tú lo que tienes es mucha cara

Escrito a las 12:14 pm
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A raíz de una entrada de ayer en la que hablaba de la mojigatería de PayPal y de sus intenciones de convertirse en policía moral, varias personas me han escrito para comentarme que, cuando han intentado dirigirse a PayPal para cerrar su cuenta, no han podido hacerlo, porque la página responde con un mensaje que alega “un problema de comunicación intermitente” e invita a “intentarlo de nuevo más tarde”.

Quiero dejar claro que yo no he invitado a un boicot a PayPal. Yo he comentado simplemente que mi decisión personal fue dejar de utilizar mi cuenta de PayPal cuando una decisión unilateral de la compañía impidió que pudiese hacer uso de mi dinero para hacer una donación a WikiLeaks, un servicio que no ha sido declarado ilegal por juez alguno. La decisión de dejar de utilizar un servicio o de darse de baja del mismo la considero personal: a mí me sirve para establecer compromisos personales, para demostrarme a mí mismo que soy capaz de afrontar determinadas molestias – no pagar con PayPal puede ser molesto en ocasiones, como lo es no ir al cine cuando te apetece, o no beberte una Coca Cola cuando en realidad te gusta – por algo tan fundamental para mí como los principios. Es más una reafirmación personal que una demostración pública. Ese tipo de acciones de boicot siempre son discutibles: ¿por qué PayPal, y no VISA o Mastercard? ¿Por qué Coca Cola, y no Loterías del Estado o RTVE, que también financian la gala de los Goya? No lo sé. Es una reacción personal, cada caso es cada caso y cada uno es cada uno. Para mí lo importante, reitero, en una decisión estrictamente personal, es el gesto.

Ahora bien, una cosa es que yo no invite al boicot a PayPal, y otra que no investigue cuando varias personas me confirman que han sido incapaces de darse de baja en el servicio. En España, la Ley 44/2006 de 29 de diciembre de mejora de la protección de los consumidores y usuarios prevé en el apartado diez del Artículo trigésimo cuarto sanciones para

Las limitaciones o exigencias injustificadas al derecho del consumidor de poner fin a los contratos de prestación de servicios o suministro de bienes de tracto sucesivo o continuado, la obstaculización al ejercicio de tal derecho del consumidor a través del procedimiento pactado, la falta de previsión de éste o la falta de comunicación al usuario del procedimiento para darse de baja en el servicio.

Y es mi impresión que el hecho de que el intento de darse de baja en el servicio devuelva de manera reiterada un mensaje de “Lo sentimos. Ha habido un problema de comunicación intermitente. Inténtalo de nuevo más tarde” que aparece en la ilustración superior podría posiblemente constituir una limitación al derecho del consumidor de poner fin al servicio. Así que, dado que hace dos años no había dado de baja el servicio PayPal, sino que simplemente había dejado de usarlo, me dirigí ayer a hacer la prueba con mi propia cuenta.

A la opción para cerrar una cuenta de PayPal se accede a través de la pestaña “Mi cuenta”, pulsando el submenú “Perfil”, en la opción “Más opciones”, pulsando a la izquierda “Opciones de cuenta”, y yendo a la derecha de “Tipo de cuenta”, donde finalmente aparece la opción “Cerrar cuenta” (ver captura de pantalla), desde donde se procede a una pantalla de confirmación, otra en la que se solicitan los motivos para dicho cierre (en mi caso escribí “No puedo usarlo para hacer donaciones a WikiLeaks”), y otra pantalla de confirmación adicional. Tras dicha confirmación adicional, el resultado ha sido invariablemente el mismo en las diez ocasiones que he probado a hacerlo, a diferentes horas del día, y varias personas me indican que han experimentado la misma circunstancia. Que ante un “dame de baja” la empresa responda de manera reiterada con un “no te oigo, dímelo a otra hora” me parece muy poco serio.

Es decir, que la “policía moral” tiene problemas a la hora de cumplir la ley y procesar las bajas de los clientes que expresamente y tras tres pasos de confirmación, así lo solicitan. Ahí lo dejo.

Las matemáticas del copyright

Escrito a las 10:23 pm
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Cinco muy recomendables minutos de vídeo de Rob Reid, humorista y fundador de Rhapsody, hablando de las matemáticas que practican las entidades de gestión de derechos de autor y los lobbies de la industria del copyright, y que muchos políticos se tragan directamente sin preguntar y sin el más mínimo juicio crítico. Cifras de pérdidas que llegarían hasta Marte, superiores a toda la producción de la agricultura norteamericana mientras los ingresos reales de la industria suben, hipotéticas destrucciones de empleo tan desmesuradas que darían lugar a empleos negativos, o un iPod que vale ocho mil millones de dólares (o setenta y cinco mil empleos). Alucinante no… directamente alucinógeno.

Si lo prefieres con subtítulos en inglés, puedes verlos en la página de TED.

(Gracias, Julián :-)

 

ACTUALIZACIÓN (22/03): Ya está disponible con subtítulos en español en la página de TED (gracias, R. Font)

 

PayPal: mucho peor que la simple mojigatería

Escrito a las 1:13 pm
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La decisión de PayPal de hace unas semanas de restringir el uso de su herramienta de pago a páginas de venta de libros que ofrezcan en su catálogo determinadas categorías de obras relacionadas con contenidos sexuales, con posterior vuelta atrás incluida es algo que va mucho, muchísimo más allá de un caso de insufrible mojigatería, de moralidad o de la discusión sobre la naturaleza de los contenidos implicados, y que requiere un análisis mucho más detallado. En realidad, estamos discutiendo la sociedad en la que queremos o en la que aceptamos vivir.

Abandoné completamente el uso de PayPal hace casi dos años, cuando anunciaron la suspensión y congelación de los fondos de la cuenta de WikiLeaks. Anteriormente había utilizado PayPal para hacer donaciones a WikiLeaks y para muchos otros usos, y me parecía en general una herramienta aceptablemente buena y versátil, pero la decisión de la compañía me descolocó completamente: hablamos de un medio de pago, de una herramienta cuya función consiste en que sus usuarios puedan hacer uso de su dinero, que de repente, sin ningún tipo de orden judicial por medio, decide erigirse en policía moral, con todos los enormes problemas que ello conlleva, y arrogarse el derecho de decidir qué podía o no podía hacer con mi dinero. Una parte de mi dinero no solo no llegó a WikiLeaks, sino que, además, nunca me fue devuelto por PayPal, mientras investigaba y publicaba otras opciones para contribuir. Sin querer entrar en las consideraciones morales de por qué puedo utilizar PayPal para financiar al Ku Klux Klan o para adquirir productos o servicios que se ubican en partes muy extremas de la escala moral de muchas personas, pero no para hacer una donación a WikiLeaks, que no ha sido acusada formalmente de la comisión de ningún delito por juez alguno, la cosa resultaba ya no preocupante, sino lo siguiente. Así que, llevado por un idealismo absoluto que tiende a pensar que algún día es posible que los ciudadanos se den cuenta de que este tipo de cuestiones son infinitamente más importantes que la comodidad, suspendí completamente mi uso de PayPal. ¿Idealismo? ¿Extravagancia? Puede ser. Pero es el mismo tipo de motivos por los que me niego a consumir los productos de empresas que toman mi dinero y lo utilizan para pagar los abogados que persiguen a chavales de veintitrés años, o por los que dejo de beber Coca Cola cuando veo que patrocinan la gala de los Premios Goya: llámalo como quieras, pero para mí, es una postura importante en lo personal.

Desde el episodio de PayPal con WikiLeaks han pasado casi dos años. Y la situación, lejos de mejorar, ha empeorado considerablemente. En todos los sentidos. Lo que hace dos años era considerado como una actitud totalitaria en países como Irán o China, hoy en día son medidas que muchas democracias teóricamente consolidadas se plantean, suspiran por poder hacer o directamente llevan a cabo. Donde antes PayPal censuraba a WikiLeaks, ahora censura todo aquello que le viene en gana, desde literatura erótica hasta entidades de caridad para niños. Problemas a veces posteriormente corregidos, pero que ocultan la verdadera cuestión: no se trata de corregir, sino de evitar toda posibilidad de que ocurra. Gestionar un medio de pago no debe conllevar la posibilidad de convertirse en policía moral. Es más: debe expresamente impedir tal posibilidad.

Internet no cambia la naturaleza humana, y en esta hay un elemento fundamental: el poder corrompe. Ello crea la necesidad clarísima de desarrollar mecanismos de vigilancia que fiscalicen, restrinjan y balanceen dicho poder. En algunas ocasiones, ese mecanismo será el mercado, mediante el ejercicio del consumo responsable: negándonos a utilizar PayPal si, como es mi caso, consideramos su actitud inaceptable. En otros casos será necesario invocar las leyes, y exigir que las decisiones conlleven la necesaria supervisión judicial, sometida además a la imprescindible separación de poderes. Pero lo verdaderamente importante ahora es que, como usuarios, seamos conscientes de la enorme importancia de este tipo de hechos. Cada día más, cuando aceptamos los términos y condiciones de un servicio tras no leer una larga lista de cláusulas escritas en “legalés”, concedemos un falso y desinformado conocimiento a esas empresas para cosas como esa, como convertirse en policías morales, colaborar con gobiernos al margen del sistema judicial en contra de los intereses de sus usuarios, o para decidir quién puede y quién no puede ofrecer determinados productos o servicios.

Cada dia más, nuestro futuro depende de nuestras acciones como ciudadanos, como consumidores, como usuarios. Depende de que seamos capaces de parar aquellas iniciativas que consideramos injustas mediante acciones como el boicot, el consumo orientado y responsable, el ciberactivismo. Acciones contra quienes creen que desarrollar una plataforma tecnológica les da derecho a utilizarla para imponer sus criterios morales o reglas que no hemos aceptado y que no forman parte de ningún sistema de justicia. Eso, ni más ni menos, es lo que ponemos en juego cuando, por comodidad o por placer, seguimos utilizando PayPal o nos vamos al cine, olvidando que quienes hoy nos ofrecen ese medio de pago o esa película son los mismos que mañana nos cierran WikiLeaks o nos persiguen como usuarios. Mucho más importante y mucho más determinante de nuestro futuro como sociedad que la insufrible mojigatería de PayPal.

Patente estupidez

Escrito a las 9:04 am
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It’s time for the entire industry to recognize that we are quickly shifting from a cold war (patents are deterrents) to a nuclear war that – like the one in ‘WarGames’ – the only winning move is not to play.

 

[Es el momento de que toda la industria reconozca que estamos pasando rápidamente de una guerra fría (patentes como elemento disuasorio) a una guerra nuclear en la que - como en 'Juegos de guerra' - la única jugada ganadora es no jugar.]

 

Brad Feld, de Foundry Group, hablando sobre la demanda de Yahoo! sobre Facebook por infracción de patentes. Puedes revisar la naturaleza de las diez patentes que Yahoo! considera que Facebook ha infringido.

El signo de los tiempos: la Encyclopædia Britannica no se imprimirá más

Escrito a las 1:31 am
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Encyclopædia Britannica anuncia, tras doscientos cuarenta y cuatro años de historia, docenas de ediciones y más de siete millones de colecciones vendidas, su decisión de no volver a producir ediciones impresas. Los treinta y dos volúmenes de la edición de 2010, de cincuenta y ocho kilos y medio de peso, se convierten en la última edición, que sin duda pasará a tener cierto interés para nostálgicos y coleccionistas.

La empresa no desaparece: en realidad, las ventas de la icónica enciclopedia eran ya tan solo un pequeño porcentaje de sus ingresos, compuestos por materiales educativos y por las más de medio millón de suscripciones a su página web, Britannica.com, a razón de setenta dólares cada una.

Todo un signo de los tiempos: el papel fue la manera más económica y eficiente de transmitir y almacenar información hasta finales del siglo XX, pero ya no lo es. Ningún producto en papel puede seguir siendo competitivo frente a la difusión en la red. La frase de Jorge Cauz, presidente de Encyclopaedia Britannica Inc., al hacer el anuncio oficial deja perfectamente claras las cosas:

It’s a rite of passage in this new era. Some people will feel sad  and nostalgic about it. But we have a better tool now. The Web site is continuously updated, it’s much more expansive, and it has multimedia.”

De hecho, resulta enormemente revelador que la decisión de Britannica de no ofrecer más ediciones impresas ya aparezca, a las pocas horas del anuncio, perfectamente reflejada… en Wikipedia.

No parece mal momento para leer el capítulo 2 de “Todo va a cambiar”… :-)

Hoteles para una nueva generación de clientes

Escrito a las 10:52 am
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Si tienes relación con la industria de la hostelería y el turismo, te conviene echar un buen vistazo a este artículo del New York Times, The Millenials check in, un resumen razonablemente bien hecho de los cambios que la llegada de los llamados “millenials” o generación Y está provocando en el planteamiento de la oferta hotelera.

Personas que ni siquiera consideran hoteles que no ofrezcan una buena WiFi con cobertura en todo el establecimiento e incluida en el precio, que quieren abundantes enchufes bien situados en la habitación para evitar tener que andar gateando bajo la cama para desenchufar una lámpara y poder cargar su teléfono, y que valoran un buen bar y un lobby cómodo para socializar. Nada que el sentido común no indique, pero sobre todo, algo que está llegando ya: la evolución demográfica es imparable, el segmento de los viajeros jóvenes se define ahora mismo como el de más rápido crecimiento, su gasto medio subió un 20% frente al año anterior, y los hoteles que ignoren esta tendencia pueden acabar sufriendo un fuerte declive en unas preferencias que pueden marcar a los clientes de por vida.

La conectividad se considera una necesidad absoluta, al mismo nivel que una cama o una toalla: se espera que abarque todas las zonas del hotel, y que no haya que solicitarla como un privilegio especial ni pagarla aparte a precio de artículo de lujo, o con planteamientos ridículos en función de horas de conexión (¿Seis euros por una conexión de una hora? ¿Veinte euros por todo el día? ¿Qué diablos fumas?). Si están descontentos, los millenials no se quejan a recepción: se van a la red y airean su queja allí delante de todo aquel que lo quiera leer, lo que requiere una atención permanente a las redes sociales y un intento por corregir los posibles problemas en el momento en que aparecen, si se quiere evitar una opinión negativa que pueda condicionar a otros clientes potenciales.

Me resulta enormemente curioso escribir este tipo de cosas: como nacido en 1965, pertenezco claramente al segmento boomer, pero llevo años exigiendo muchas de estas cosas como un requisito fundamental para los hoteles que selecciono. Mis hábitos, por otro lado, tampoco me parecen especialmente extravagantes o aislados: muchos de mis amigos hacen lo mismo, y aunque uno tienda a tener amigos relativamente parecidos a uno mismo, aún así… no somos una panda de “gente rara”.  Lo que me lleva a pensar que esta lista de cuestiones y requisitos distan mucho de afectar únicamente a hoteles que deseen atraer al segmento millenial, sino que invade claramente a aquellos que quieren plantear una oferta competitiva e interesante para clientes del mío. Por no citar el hecho de que, en muchas ocasiones, las necesidades de los hijos condicionan la elección: a nadie le resulta agradable viajar con un quinceañero y verlo completamente frustrado durante toda la estancia en el establecimiento.

Una generación que no admite ser desconectada ni ser incapaces de encontrar un enchufe donde cargar sus dispositivos. Conectividad y enchufes son prácticamente un pre-requisito, al que se pueden añadir adaptadores de enchufes internacionales, regletas múltiples, juegos de cargadores para cuando estos son olvidados, sistemas de check-in mediante web o apps sin pasar por recepción, etc. Pero hay muchos más elementos: decoración, oferta de ocio, restaurantes, cafeterias, etc. que llevan a un hotel a ser apetecible a esta generación. Un planteamiento que solo existía en determinados hoteles, y que empieza a ser visto cada vez más como una necesidad, como una adaptación a un entorno que ha llegado ya.

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