Lo decía John Godfrey Saxe, aunque muchos la atribuyen a Otto von Bismarck: “las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto a medida que sabes cómo están hechas”. Unos reporteros del Sunday Times se hacen pasar por miembros de un lobby, y solicitan a una serie de eurodiputados entre los que se encuentra el español Pablo Zalba que “retoque” mediante una enmienda una directiva dirigida a proteger los derechos de los pequeños inversores, a cambio de variados incentivos.
Lo grave del hecho no es el retoque en sí, ni el detalle al que desesperadamente se agarra el eurodiputado (que aún continúa en su cargo) de si llegó o no llegó a cobrar dichos incentivos, sino la evidencia de que este tipo de prácticas no solo existen, sino que son habituales. Para muchos, esto no es más que un “en esta casa se juega“: la constatación de algo que se sabe de toda la vida, de un hecho que no por triste, deja de resultar evidente, de algo completa y absolutamente asumido y aceptado por toda una generación de políticos. En algunas conversaciones, he llegado a conocer incluso el precio que piden algunas agencias de lobby porque un diputado introduzca en el Parlamento español un redactado determinado en un paquete legislativo de esos que se votan en conjunto: catorce mil euros (no abundaré más en el tema por no pasar de comentario a acusación sin tener las pruebas necesarias para ello).
El debate entre ética y estética está perfectamente delimitado: no se trata de estudiar un caso aislado, ni de decidir si estuvo bien o mal. Se trata de que en la era de la transparencia, queremos una política diferente. Queremos políticos que nos cuenten en tiempo real con quién se reúnen, qué les piden, qué les ofrecen, qué condicionan a qué… queremos saber cómo se llega a las decisiones que se llega en muchas ocasiones. Queremos saber porqué tras reuniones desarrolladas con total transparencia en las que un partido te dice que va a hacer una cosa, basta una sola reunión con la otra parte para que decidan hacer la contraria. ¿Qué les ofrecieron? ¿Con qué les amenazaron? En el caso del apoyo a la ley Sinde y de partidos como el PP o CiU… ¿qué ofrecieron Jose Manuel Lara y algunos otros a esos partidos para determinar tan radical cambio de opinión? ¿Cuánto o qué hay que poner encima de la mesa para provocar un cambio de 180º en una decisión? ¿Qué tipo de temas maneja realmente Jose María Lassalle? La ley Sinde jamás habría llegado a donde ha llegado sin una intensísima dosis de corrupción generalizada: compra de voluntades, introducción irregular de textos en el articulado, presiones de gobiernos extranjeros, vinculación a negociaciones no relacionadas, y a saber cuántas cosas más.
Sucesos como el destapado por el Sunday Times dejan claro de qué estamos hablando, y qué tipo de cosas tienen que cambiar radicalmente por exigencia de una ciudadanía cada vez más informada. En la era de WikiLeaks, de Facebook y de Twitter, el político ya no puede resguardarse en la oscuridad de una gestión determinada por turbios intereses de terceros. Las tinieblas en torno a la financiación de los partidos y las evidencias de constantes irregularidades en procesos legislativos exigen luz y taquígrafos de manera inmediata. Otra política es posible, y tiene que empezar porque, como ciudadanos, mostremos una actitud clara y definida en este sentido: #nolesvotes.






28.03.2011 a las 10:12 Permalink
[...] De leyes y salchichas http://www.enriquedans.com/index.php?p=12190 por LarryWalters hace 2 segundos [...]
28.03.2011 a las 10:56 Permalink
[...] De leyes y salchicas http://www.enriquedans.com/2011/03/de-leyes-y-salchichas.html por alvaro.rey hace 2 segundos [...]
28.03.2011 a las 11:25 Permalink
[...] fin y al cabo se puede entender éste, como un capítulo más de una clase política que escucha a los intereses de los grupos de presión, y no al interés del pueblo al que dicen representar. Y en esta tesitura, debemos recordarles que [...]
28.03.2011 a las 11:42 Permalink
[...] mierda que es la política hoy día, existen los corrupteros, señores que, a cambio de un porqué (catorce mil euros, según indica Enrique Dans), logran que un diputado vote o enmiende en el sentido deseado por el pagano, porque, claro, uno no [...]
28.03.2011 a las 19:27 Permalink
[...] Enrique Dans - De leyes y salchichas [...]
09.10.2011 a las 16:40 Permalink
[...] un capitulo del “ala oeste de la casa blanca”. Lo que ocurre es que Dans, a diferencia de esta entrada en su blog, no lo utiliza para referirse a las leyes si no a la política. Hay [...]