Comenta el WSJ ($) que la Federal Trade Comission (FTC) ha multado a la empresa Direct Revenue LLC con millón y medio de dólares por delitos cometidos en relación con esa práctica que a todos los internautas nos gusta tanto: el adware. La empresa, que utiliza orgullosamente el claim
“connecting consumers with advertisers is what we are all about”,
se dedicaba a ofrecer contenidos gratuitos, como protectores de pantalla o juegos, que sazonaba convenientemente sin mediar ningún tipo de permiso ni información, con programas que registraban la navegación de los usuarios y servían anuncios en formato de ventana emergente o pop-up basándose en dicho seguimiento. Los programas resultaban, además, especialmente difíciles de localizar y desinstalar. El fallo forma parte de una cadena de expedientes sancionadores contra una serie de compañías por prácticas de este tipo, entre los que se encuentra una multa a Zango Inc., antes conocida como 180solutions, por tres millones de dólares.
Hasta aquí, todo muy bien. ¿Dónde aparece el problema? Cuando al inspeccionar con más cuidado, te encuentras con una carta publicada por la propia empresa multada, en la que se manifiesta encantada con la decisión de la FTC, con cuya investigación afirma haber colaborado plenamente. En todo un ejercicio de delirio y doble lectura jurídica, la empresa echa balones fuera por todas partes, afirma que la culpa era, en realidad, de sus redes de afiliados, y termina diciendo que el dictamen le permite seguir ejerciendo su actividad y sirviendo anuncios a diestro y siniestro a los pobres incautos que recibieron su software:
“Direct Revenue has implemented and will continue implementing improvements in its practices (…) As part of its agreement, Direct Revenue is permitted to continue to show advertisements to all consumers who installed its software after October 1, 2005. The FTC agreement also provides a mechanism for consumers who installed the software before that date to agree to continue receiving advertisements from Direct Revenue”
¿Qué hace que Direct Revenue se manifieste tan contenta y orgullosa de sus predatorias prácticas? Lisa y llanamente, la cuantía de la multa. Millón y medio de dólares pueden parecer una cantidad sustanciosa, pero son una auténtica fruslería comparados con los más de veinte millones que se calcula que Direct Revenue obtuvo merced a su molestísima actividad. Actividad a la que, por supuesto, seguirán dedicándose: arruinar la experiencia de navegación de los miles de incautos que caigan en sus redes.






17.02.2007 a las 20:14 Permalink
El crimen siempre paga (pero poco)…
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