El Segway en Sevilla es una pura maravilla… Y el iMovie en el Mac, tampoco está nada mal (y cuando aprenda a usarlo, ya ni te cuento :-)
ACTUALIZACIÓN: Varias personas me habéis pedido que dé más datos sobre la “experiencia Segway”, así que allá voy, porque me resulta muy, muy fácil de describir con una sola palabra: alucinante. En el primer momento que pones los pies en la plataforma, sientes una mínima – y digo mínima – sensación de inestabilidad. A partir de ahí, el consejo de mi amigo Alfredo Romeo, de Blobject, que era quien estaba conmigo, fue simplemente “piensa a donde quieres ir”, cosa que hice. Realmente, el aparato parece funcionar por genuina telepatía. Como mucho, en algunos casos de personas menos “sensibles”, le he oído decir “piensa a donde quieres ir e inicia el movimiento que harías con el cuerpo para ir ahí”. Con eso, llega para que el cacharrito empiece a desplazarse. Si te asusta, haces precisamente lo que sería natural: echarte hacia atrás, con lo cual se detiene. Ante cualquier obstáculo, igual. Para girar, probé varios, algunos con mando de giro en la empuñadura (a los dos metros de desplazamiento ya te has enterado y lo haces de forma natural) o los más modernos, en los que el manillar se desplaza lateralmente, y que son completamente intuitivos: abasolutamente ninguna necesidad de explicar nada el del vídeo es uno de esos, el de las fotos en Flickr es de los otros).
El Segway (ver Wikipdia en inglés o en español) me pareció un producto digno de la fama que con él ha alcanzado su creador, Dean Kamen: la mejor interpretación de un dispositivo de transporte adaptado al ser humano. Todo en él es completamente natural, la necesidad de aprendizaje es nula, limitada al primer consejo. En el primer minuto de prueba, ya estás acelerando casi al máximo que permite su limitador de velocidad (se recomienda probarlo con el limitador puesto y utilizar dicho limitador en zonas con peatones). Por otro lado, el nivel de cuidadísimo detalle en temas como el sistema de encendido (una llave Bluetooth), el antirrobo (que monta una bronca espectacular en cuanto alguien lo mueve), o la forma de transportarlo para, por ejemplo, subir o bajar una escalera un aparato de unos cincuenta kilos (que sube y baja casi solo) responde claramente a una experiencia acumulada de varios años (el primer Segway salió al mercado en Diciembre de 2001).
Un aparato que tendría segurísimo una enorme popularidad de no ser por su posicionamiento en precio, que imagino justificado por su proceso de fabricación, pero que lo posiciona intuitivamente o bien en un segmento de necesidades concretísimo, o en el del puro, simple (y saludable, si puedes permitírtelo) capricho o juguete caro. Seguramente no es así, dado que en un escenario normal, el Segway es un medio de transporte serio que yo, por ejemplo, podría utilizar perfectamente para desplazarme por mi localidad, Majadahonda, y llevar en el maletero para cuando voy a Madrid (o a Coruña… la idea de moverse por el paseo marítimo en Segway cuando no llueve suena impresionantemente bien), pero la percepción inicial cuando te hablan de precios en torno a los seis mil euros viene a ser esa. Sin embargo, es un posicionamiento que, de entrada, ha causado problemas de planificación financiera a su fabricante, y que parece situarse en un nivel de precios que se ajustará con el tiempo en niveles muy inferiores, como ocurrió con los primeros ordenadores personales.
En cualquier caso, me ha encantado, y eso sólo con los paseítos que me pude dar dentro del recinto de la Diputación. La próxima vez no me perderé el paseo urbano.






26.11.2006 a las 16:02 Permalink
[...] El Segway me sigue pareciendo un cacharro increÃble. Ya habÃamos hablado de la primera generación en Fuera de LÃmites y ahora veo (vÃa Pixel y Dixel) que ha salido la segunda. Parece que en esta nueva generación han mejorado algunos aspectos del… [...]