Recientemente, mi fisioterapeuta me dijo que, tras muchos meses de lesión de hombro, podía volver a conducir. En total han sido casi cinco meses sin sentarme al volante, el período más largo de inactividad como conductor desde que, a los dieciocho años, obtuve mi carnet de conducir. Y, en el medio de mi período de inactividad automovilística, un gran cambio: la entrada en vigor del carnet por puntos.
No sé si le pasará a todo el mundo, pero para mí, al mediar una interrupción tan importante entre un período y otro, el cambio me parece brutal. En las escasas ocasiones en las que he cogido mi coche estos días, mi sensación es la de haber aparecido de repente en otro país, rodeado por conductores de otra nacionalidad. La sensación de circular por la carretera de la Coruña a escasos 130 Km/h. por el carril izquierdo, y que prácticamente nadie se te pegue a la parte de atrás del coche pidiéndote insistentemente paso (y si no has reaccionado en escasos segundos, adelantándote por el carril derecho y evocando la memoria de tus familiares vivos y muertos) es extraña, casi extraterrestre. Y que todo un país altere de una manera tan drástica e inmediata sus hábitos de conducción por la entrada en vigor de una nueva ley me parece impresionante, algo verdaderamente muy poco habitual.
Ayer escuché en las noticias que semejante cambio de hábitos iba a conllevar importantes modificaciones de tendencias en el mercado del automóvil. Que los clientes iban a optar ahora por modelos no tan orientados a prestaciones y cilindrada, y sí mucho más al control, la seguridad y la capacidad, con funciones hasta ahora extras como el Cruise Control o control de velocidad convertidas más en norma que en excepción. Un entorno que recordará mucho más al norteamericano, que viví durante cuatro años, que al que antes era habitual en nuestro país. No me cabe la menor duda de que va a ser así. Desde el punto de vista tecnológico, ante un entorno que ejerce presión en forma de amenaza de retirada de puntos, las funciones de información del coche y su entorno pasan a tomar un protagonismo mayor. Yo, por el momento, he optado por llevar el GPS permanentemente conectado – hasta ahora lo conectaba únicamente cuando necesitaba ir a algún sitio al que no sabía con seguridad como ir, o de vez en cuando como precaución para evitar la descarga de la batería – y utilizar especialmente una de sus funciones, la que avisa cuando se excede una velocidad determinada ocultando el mapa y sustituyéndolo por una pantalla azul (en Tom Tom GPS). En mi próximo coche, el GPS será sin duda una opción ya incorporada, y estoy seguro de que este tipo de funciones serán tan naturales como el mismo acto de conducir.






28.07.2008 a las 19:55 Permalink
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