Una garrapata es un animal muy simple, prácticamente una bolsa contenedora de sangre ajena en la que realiza un lento, lentísimo metabolismo digestivo, que le permite sobrevivir mucho tiempo con el pruducto obtenido en una sola picadura. Para conseguir su finalidad, la garrapata sólo necesita un hospedador, y un mínimo punto de enganche al mismo. Obtenido eso, ya sólo se trata de agarrarse bien y succionar con fruición.
El caso BlackBerry se ha cerrado con el pago de $612.5 millones a cambio de una licencia perpetua para el uso de las patentes que la otra parte en litigio pudiese hipotéticamente tener en su poder. El acuerdo extrajudicial está en el límite inferior de lo esperado, supone en torno a los ingresos de un trimestre, y supone un full and final settlement of all claims, es decir, un “toma el dinero, corre y déjame en paz de una maldita vez”. Cosa que la otra parte hará, sin duda, feliz y a toda velocidad.
¿Por qué pagar seiscientos y pico millones a alguien que posee una serie de patentes ya declaradas inválidas por la Oficina de Patentes y Marcas? Pues simplemente, para evitar la sangría permanente de clientes que, en un momento de elevado dinamismo del mercado y de aparición de nuevos competidores, estaban optando por dilatar o sustituir la decisión de compra de un dispositivo de la compañía debido a la incertidumbre sobre la posible decisión judicial acerca de la posibilidad de su uso. Dado el lento funcionamiento de la justicia, el perjuicio estimado por ese retraso en la decisión (la otra parte podía apelar, un proceso que habría llevado años) se estimaba superior que el importe de un arreglo extrajudicial. Las patentes que la empresa poseía correspondían, según el reciente dictamen de la Oficina de Patentes y Marcas, a descubrimientos genéricos que no debían haber sido aceptadas y que debían ser revocadas, pero constituían un punto de agarre suficientemente fuerte como para que un parásito extrajese una cierta cantidad de sangre de su víctima. Al final, la conclusión extraída (y muy discutida) en mi comentario anterior sigue siendo válida: alguien que no aportó más valor que el de ir a la oficina de patentes y patentar algo que nunca debió ser patentable, obtiene un dinero de alguien que, partiendo de una base tecnológica similar, desarrolló todo un inmenso ecosistema de aparatos y usuarios que le extraen valor todos los días.
Simplemente, pagar para que te extraigan una garrapata. RIM es libre para continuar con la innovación y la captación de clientes sin tener la sombra detrás de una posible interrupción del servicio por vía judicial. Caso cerrado. Gana RIM, porque puede volver al mercado que supo crear y desarrollar originalmente. Pero también gana la garrapata.
La noticia, en WSJ ($), en The Register o en Slashdot.






06.03.2006 a las 09:42 Permalink
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